¿Por qué nos gustan tanto los juegos de monstruos?

Como siempre, todos los 27 de febrero son el Pokémon Day —pese a que este año haya caído en domingo— y, pese a toda la polémica con Leyendas: Arceus, se podía sentir la expectación con todos los posibles anuncios. Casualmente no es la única que celebró un evento, porque la que fue su rival hace mucho tiempo, Digimon, también celebró un evento con nuevos anuncios en todos los ámbitos que controlaban. Finalmente, Pokémon sacó a la luz Escarlata y Púrpura, entregas que se ambientarán en el país en el que pertenece esta página, mientras que la Digicon dio un espectáculo bastante lamentable, fruto del poco budget que, supuestamente, reciben a la hora de desarrollar juegos. Pero ambos directos tuvieron una gran cantidad de hype detrás, lo que me hace hacerme la pregunta que inicia este artículo.

Acaban de ser anunciados y estos tres pequeños ya tienen millones de fans / ©ThePokemonCompany

Pokémon y Digimon son solo la punta de lanza de un subgénero de juegos de rol llamado Monster Taming o simplemente —y que utilizaremos a partir de ahora— Mongames. Pese a que este grupo de juegos naciera hace cerca de tres décadas con la saga Megami Tensei —aunque tengo cierta reticencia en considerar esta saga como miembro al uso, ya que opino que no comparte tanto énfasis en el reconocimiento de los propios monstruos— no fue hasta la afamada franquicia de Game Freak que el concepto de atrapar bichos y hacerlos luchar en glorificadas peleas de gallos se afianzó en los corazones de todo el mundo con la muy recordada pokémania. Y de los culpables del éxito toca hablar hoy: los propios monstruos.

Porque sí, es evidente que aunque los juegos se defendieran por sí mismos, parte de la popularidad es mérito de estas pequeñas criaturas, llamémoslas Pokémon, TemTem o incluso Spectrobes. Todos ellos tienen como núcleo jugable la colección y captura, de distintas formas —usando pelotas, cartas, excavando fósiles o incluso llamándoles por el móvil— y su posterior entreno y lucha. Incluso si lo vemos de forma excepcional, la saga Monster Hunter ha llegado a tratar a sus monstruos de una forma similar, por lo que podemos incluirla como mongame honoraria. De hecho, que su transición a este tipo de juegos sea tan fluida lo confirma.

Una de las cosas principales de que calen tan hondo es que, ya sea en uno de los juegos o en otro, hay criaturas para todas y cada una de las personas que participan en este agradable género. Ya que todos tenemos una especie animal favorita o un arquetipo favorito, la inmensa cantidad de opciones nos proporcionará, de un lado u otro, uno que se adecue a nuestras necesidades, aunque sea impopular entre el grueso del público —no es difícil encontrar a seguidores acérrimos de criaturas como Golduck o Digitamamon—. Sí es cierto que algunos títulos concretos pueden carecer del equivalente a alguna especie en particular (desde aquí mi pésame a los fanáticos de los delfines que juegan a Pokémon, algún día lo tendréis, chicos) pero podemos asegurar que en general hay suficiente variedad, considerando todas las distintas obras que hay. Sin ir más lejos, yo mismo tengo como animal favorito el camaleón y, aunque existen criaturas como Kecleon, no ha sido hasta el descubrimiento de Monster Hunter que he podido encontrar algo que se adecuara a mis intereses.

Y si no lo hay, tampoco pasa nada, porque otra ventaja que ofrece este género es que da mucho pie a la imaginación. Existen una cantidad casi infinita de fans que se han dedicado en cuerpo y alma a crear sus propias criaturas, mientras sus diseños intentan ser acordes al canon establecido por dicha saga y creedme cuando os digo que bastantes de los artistas poco tienen que envidiar a los diseñadores oficiales. Cabe destacar que son, sobre todo, de las sagas más populares, aunque realmente a día de hoy hay de todo, yo he visto ya hasta varios TemTems caseros.

Chameleos, el ejemplo antes mencionado / ©Capcom

La última cosa destacable, tanto de los mongames al uso como el título de Capcom, es cómo aprovechan un tipo de aprendizaje conocido como «aprendizaje experiencial» para engancharte y encariñarte con los propios monstruos. El propio sistema de los juegos invita a explorar qué puede hacer cada criatura en los diferentes combates entre monstruos —o, en el caso de Monster Hunter, en la lucha del jugador contra el mismo— y con la constante repetición, ya sea para entrenamiento o farmeo para piezas, es muy difícil que una persona no acabe aprendiéndose de memoria ya no solo el nombre, sino cada una de las características de todos los monstruos que aparecen en el título en cuestión que se esté jugando.

Yo mismo me he sorprendido al darme cuenta, en pocos meses tras la salida de Monster Hunter World, que había pasado de no saber distinguir si uno de los esperpentos formaba parte de ese título o no, a saberme de memoria hasta las tablas de drop de todos y cada uno. Además, existe una broma que he escuchado mucho de que la gente «es capaz de recordar los 151 Pokémon originales y no saberse la tabla periódica», y me gusta pensar que es más mérito del excelente trabajo que estos juegos son capaces de hacer a la hora de trabajar este aprendizaje que una crítica al sistema educativo.

Sea como fuere, me parece muy intrigante la capacidad que tienen este tipo de criaturas, sean de donde sean, de hacerse un hueco en el corazón de tanta gente, e invito a todos los lectores de Futoi Karasu a investigar e expandir horizontes con este género. Quien sabe, a lo mejor encontráis vuestro nuevo monstruo favorito. El mío es Blaziken.

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