Japón en la alfombra roja

El próximo 16 de marzo, a fecha de redacción de este artículo, se celebrará la 98.ª edición de la ceremonia de los Premios Óscar. Estos galardones son los más sonados globalmente en relación con el mundo del cine, un arte desarrollado durante el último siglo de forma variada y grandiosa. Si bien la mayoría de actores, directores y demás artistas que opten a uno de los premios otorgados por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas estén censados en Estados Unidos, se reconoce la labor de obras de denominación internacional, como demuestra la propia categoría dedicada a las películas realizadas en países ajenos al anfitrión —esto no significa que dichas obras estén vetadas de otras categorías.— Este artículo se centra en el paso de Japón por esta alfombra roja, pues se trazará una trayectoria a través de todas las ediciones que han tenido representación de dicho país, así como mostrar respeto a filmes y creadores que recibieron o fueron nominados a recibir la estatuilla dorada.

La primera nominación internacional en los Óscar a películas y a creadores fue en la quinta edición, a la película francesa Á Nous la Liberté por su dirección artística. A Japón le llegaría el reconocimiento con la recepción del premio honorario de la Academia. Esta categoría, vigente desde su primera gala, es una mención de honor y una forma de recompensar a una obra o al director por su contribución a la industria del cine. En la 24.ª ceremonia, celebrada en 1952, la academia le otorgó este premio a Rashōmon, dirigida y escrita por Akira Kurosawa. Este dramático largometraje, que exploró una nueva forma de diálogo dinámico con el objetivo de confundir e intrigar al espectador, recibió el primero de muchos halagos al cine japonés por parte de la Academia.

En 1954 y 1956, este premio honorario se entregaría también a equipos nipones. Es más, en la edición de 1954, el pintor y diseñador Sanzo Wada ganaría el premio Óscar a mejor diseño de vestuario por su impecable trabajo en Jigokumon. Estas proezas abren el telón al reconocimiento occidental que merecía y, como veremos, merecerá la industria del cine que se confeccionó en Japón

Sanzo Wada realizó una gran labor de vestuario en Jigokumon. / ©Dalei Films

En 1956, la Academia reconocería como categoría competitiva el premio Óscar a mejor película internacional. Japón siempre optaría por presentar un filme por año sin falta a esta, con la excepción de la 48.ª edición. Desde la instauración de la categoría hasta la actualidad, se nominaron quince largometrajes pues fueron reconocidos y valorados  tras triunfar en los cines de su país natal, entre los que dos entregas se alzarían con el galardón.

La primera fue Despedidas, estrenada en 2008, y relataba la historia de un joven que empezó a trabajar como funerario con lo que ello supone y conlleva. Esta cinta conmovió al público y supuso una voz para un oficio con un tabú intrínseco, tanto en la cultura japonesa como en otras, por lo que consiguió grandes logros dentro del cine nipón y su reconocimiento supranacional la llevó también al triunfo. Sin embargo, tuvo una compañera que no solo compartió el logro de ganar la categoría de mejor película internacional, sino que también sería el filme japonés que mayor éxito ha cosechado en los Óscar. Se trata de Drive My Car, nominada a mejor película en el año 2021.

Portada de la película Drive My Car. / ©Bitters End

Basada en la novela homónima de Haruki Murakami y dirigida por Ryusuke Hamaguchi, la cinta transporta al público a una Hiroshima más distante, pero íntima, vista desde la ventanilla del coche de un actor atormentado con el que compartirá un viaje introspectivo y evocador. Esta travesía llevó a Drive My Car a un amplio reconocimiento por parte de los críticos y del público. En la 94.ª edición de los Premios de la Academia, consiguió la ya mencionada nominación a mejor largometraje del año y el premio a película internacional. Además, Hamaguchi recibiría reconocimiento con su nominación tanto a mejor director como a mejor guion adaptado. Este éxito perdura en la memoria del país y se convirtió en un hito a batir para futuras obras de la industria

En lo que hitos se refiere, debe ser mencionado el que logró Hayao Miyazaki en el mundo de la animación. Studio Ghibli llevaba ya más de diez años narrando historias de mundos fantásticos que han cautivado los corazones de millones de personas, y en 2001 susurró tan fuerte a los corazones del público que su reputación global se consolidó, ya que en este año El viaje de Chihiro ganó el Óscar a mejor película de animación. Esta épica fantástica no solo ganaría el prestigio de ser una de las más grandes obras que el medio dibujado puede ofrecer, sino que su nombre será repetido hasta la saciedad a la hora de discutir filmes trascendentales para la historia. Desde aquella victoria, otros maravillosos largometrajes de Hayao y Studio Ghibli serían nominados en esta categoría, tales como El viento se levanta o El cuento de la princesa Kaguya. También se debe destacar la nominación al prolífico director Mamoru Hosoda por su entrañable filme Mirai, mi hermana pequeña. También se debe comentar la 96.ª edición, celebrada en 2023, pues Hayao volvió a subir al escenario para recibir su tercera estatuilla —recibió un Óscar honorífico por sus méritos en 2014— como director de El chico y la garza. Este relato, impregnado de las visiones más personales y directas del director japonés, demostró el potencial ilimitado que el cine de animación puede replegar con toda su maestría. El visionado de esta, así como de todas las películas comentadas en este párrafo, es más que recomendado.

©Studio Ghibli

Existen, han existido y existirán variadas categorías dentro de los Premios de la Academia en las que se destaca cada labor en el proceso creativo de una película, pues, sin ir más lejos, este año se recibirá un nuevo premio al mejor reparto. A su vez, tampoco es de extrañar que muchos largometrajes de origen japonés también fueran obsequiados con una mención o premio en uno de sus múltiples galardones. Ya se ha mencionado el premio otorgado a Sanzo Wada en mejor vestuario, pero también se harían con la victoria en esta categoría Emi Wada por Ran (1985) y Eiko Ishioka por Drácula de Bram Stoker (1992) y Blancanieves (Mirror Mirror) (2012). Kazu Hiro, excelente artista visual y experto, cosecha por su parte varias nominaciones en la categoría de mejor maquillaje y mejor peluquería, y en esta última consiguió dos estatuillas por su labor en El instante más oscuro (2017) y El escándalo (2019).

Miyoshi Umeki sería la única actriz japonesa en ganar una categoría de su profesión al recibir el premio a mejor actriz de reparto por su papel en Sayonara (1957). En el apartado musical, Ryuichi Sakamoto recibiría el Óscar a mejor banda sonora por la película El último emperador (1987). Otras nominaciones no premiadas no deberían quedarse en el olvido por su gran dedicación y esfuerzo, como la cantante Mitski en la categoría de mejor canción original o, de nuevo, Akira Kurosawa y varios miembros de su equipo por la mencionada Ran un drama de época considerado una de las obras insignia del director y su visionado debería ser esencial para cualquier interesado en su carrera.

El apartado de cinematografía de Ran deslumbró a la Academia. /©Toho

Como guinda del pastel, está una victoria que podría tildarse de eufórica y que resulta imposible no sentir empatía tras cierto hecho relacionado con este triunfo. En la ya mencionada gala número 96, Hayao no sería el único japonés en recibir un galardón, pues el equipo de efectos especiales que trabajó en Godzilla Minus One, película ya analizada en esta web, también se levantó de su asiento como ganador. Lo que se viralizó de la victoria no fue únicamente este hecho, sino la reacción al anuncio de su nominación. Este pequeño vídeo consiguió contagiar la alegría de estos artistas y el momento en el que veían todo su trabajo recompensado. Historias así hay a raudales y muchos de los artistas que hemos mencionado anteriormente han podido experimentarlo, pues se ha llegado a afirmar que la esencia de los premios está en estos minutos de júbilo y reconocer la labor de personas que traen a la gran pantalla historias tan cargadas de emociones con técnicas que nos deslumbran cada día más y más.

En la edición de este año, la única película de denominación japonesa presentada a esta gala se llama Kohuko, y opta a un galardón en la categoría de mejor maquillaje y peluquería. Muchos consideran esto una lástima, pues había grandes esperanzas en que el largometraje Chainsaw Man—la película: arco de Reze recibiera una nominación a mejor película de animación, pues arrasó en la gran pantalla. Con todo, esto no debería ser motivo de tristeza. En los párrafos anteriores se han ofrecido grandes largometrajes que visionar o volver a ver, así como reflexiones sobre las grandes aportaciones que Japón ha hecho al mundo del cine y de las que teníamos una idea equivocada o ignorada. Ya sea por propia curiosidad o con festivales y premios como los Óscar reconociendo obras, ahí fuera hay un gran catálogo de obras maestras filmadas a nuestro alcance, esperando ser vistas y disfrutadas.

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