Hace nueve años, Koei Tecmo y Team Ninja nos presentaron una nueva IP que venía a recoger el testigo de los mal llamados soulslikes y demostrar que los action RPG podían, a pesar de la popularidad e influencia de la saga de From Software, aspirar a innovar y buscar su propio camino. Tras una década en la que hemos visto crecer la saga y tomar caminos nuevos con obras como Wo Long o Rise of the Ronin, volvemos a los inicios, al hogar, para celebrar no solo todo lo que se ha construido en este tiempo, sino para seguir yendo un paso más allá.
El menú de inicio ya nos saca la primera sonrisa nostálgica, pues en él aparecen los clásicos kodamas junto a los Scampuss, aquellos gatitos redondos que teníamos que ir rescatando en la segunda entrega y que nos ayudaban en combate aturdiendo a los enemigos.
La historia en un primer momento no presenta grandes cambios; seguimos con las piedras espirituales como en los títulos anteriores, si bien en estos primeros compases nos encontramos en un periodo posterior a los anteriores títulos. Comenzamos en el antesala de la ceremonia que nos proclama como shogun. Un detalle es que, mientras que en títulos anteriores de Team Ninja lo primero que hacíamos era crear a nuestro personaje, en este tenemos una breve cinemática en la que se nos deja claro quién somos, antes de mirarnos a un espejo y comenzar con la edición.
El editor no trae grandes cambios, algo esperable, pues desde Nioh 2 es bastante completo. Podemos modificar y hacer asimétrica casi cualquier parte de nuestro cuerpo, lo que nos permite un nivel de detalle increíble. Otra curiosidad es que nuestra apariencia normal y de ninja puedne ser completamente distintas, es decir, podemos básicamente crearnos dos personajes, aunque sean encarnados por un solo individuo.

Siguiendo con la historia, nos encontramos con unos combates que sirven a modo de tutorial de los conceptos más básicos, para posteriormente pasar a una traición que va a trastocar todo nuestro presente y debido a la cual, tras perder el combate de rigor del prólogo, nos encontraremos viajando al pasado, en uno de esos momentos anteriores a los eventos de Nioh 1, en el que las fuerzas de Takaeda se encuentran en guerra con las del clan Tokugawa.
Estas primeras zonas a las que somos transportados recuerdan en su composición de niveles a los anteriores títulos de la saga; son pasillos laberinticos en los que nos iremos abriendo paso a través de enemigos y atajos, aprendiendo la existencia del sistema de sigilo, la presencia de trampas y un largo etcétera. El primer jefe será Yamagata Masakage, uno de los famosos cuatro generales de Takeda. Aquí la derrota no está contemplada para avanzar, como sí pasaba en el prólogo; vamos a encontrarnos ante un enemigo bastante duro, que pedirá que exprimamos al máximo el sistema de combate —o lo que tenemos desbloqueado del mismo hasta ese momento—, lo que constituye, pues, el clásico enemigo que te enseña a jugar.
Parémonos un momento para hablar del sistema de combate. En los primeros compases este puede hacerse abrumante, pues hay un bombardeo de información que dificulta pillar el truco de lo que estás haciendo realmente, aunque con paciencia encontraremos sencillez en su complejidad. A diferencia de otros títulos, al principio solo podemos llevar equipada un arma cuerpo a cuerpo. Sin embargo, contamos con la ventaja de cambiar de forma, entre samurái y ninja, lo cual viene a sustituir la opción de portar una segunda arma, y se agradece, pues esta entrega tiene hasta quince tipos distintos de armas con las que experimentar. Aunque ambas clases comparten cierto armamento como la katana o katanas dobles, es cierto que el set de movimientos es bastante diferente, por lo que podemos contarlo como equipamiento diferente.
En cuanto a las clases, esta es la gran apuesta del título y hemos de decir que han realizado un trabajo exquisito. El samurái presenta las características típicas de la saga, es decir, las poses de combate alto-medio-bajo, centrado en contragolpes, mientras que el ninja es velocidad y agilidad pura, bloquear es menos efectivo pero por contra tenemos diferentes formas de esquivar al enemigo y reposicionarnos. Además, contaremos con las técnicas ninjutsu que van desde lanzar shurikens a poner trampas en el suelo, dándonos pues dos formas completamente distintas de aproximarnos al combate. Además, no estamos obligados a usar una de manera constante, pues podemos cambiar la misma en cualquier momento. De hecho, una de las mecánicas de parry está ligada a pulsar el botón que nos cambia de clase para frenar el ataque del enemigo.
A esto le sumamos elementos como las artes marciales, que son ataques especiales que iremos desbloqueando y nos proporcionarán una gran fuente de daño, especialmente si las usamos cuando esté cargado el indicador de Corazón de Samurai. Además, no podían faltar la Magia Omnyo ni el uso de espíritus guardianes, ambos siguiendo las mismas pautas que ya encontrábamos en Nioh 2, con el ligero cambio de que la invocación de yōkais aquí se realiza a través de talismanes.
Acabado este extenso inciso, una vez completada esa primera zona, se nos abre la primera región de mundo abierto del juego y, por suerte —o por desgracia si te gustaban mucho los sandbox de estilo Ubisoft— este se parece poco al visto en Rise of the Ronin.
El mundo no está completamente abierto, sino que, como si de un metroidvania se tratase, tendremos que ir consiguiendo ciertos poderes o superando desafíos para poder acceder a otras zonas del mismo. Encontraremos por el mismo a diversos enemigos y subjefes, llamados aquí Enemigos Formidables, que en algunas ocasiones son jefes de anteriores entregas como los yōkais Kamaitachi o Mezuki. Un elemento que sí se rescata del ya mencionado Rise of the Ronin es la captura de bases enemigas, las cuales no encierran un gran misterio, pues consisten en eliminar a un número determinado de masillas que llevan a la aparición de un último oponente algo más duro de pelar. Del mismo patrón están cortados los denominados Purgatorios Menores, unas pequeñas zonas en las que se ha extendido la corrupción yōkai que consiste en enfrentarse a una serie de oleadas de estos enemigos con el fin de purificarlas y aumentar nuestro poder espiritual.
Encontraremos también a maestros en sus respectivos dojos diseminados por el mapa que, al vencerlos, nos desbloquearán nuevas técnicas en el árbol de habilidades. Por descontado, encontraremos misiones opcionales, algunas de las cuales nos llevarán a explorar distintas zonas de la región, mientras que otras nos meten de lleno en niveles especiales. A todo esto le sumamos que en los santuarios que sirven como punto de guardado podemos repetir dichos niveles, además de los relacionados con la historia principal y algunos especiales que se nos irán abriendo según completemos determinados objetivos.

Pero, obviamente, no todo lo que podemos hacer es combatir. Como nos mostró el anterior título de la saga, no todos los yōkais son malvados; algunos son criaturas juguetonas, algo traviesas, e interactuar con ellas será parte de nuestros periplos. Así pues, nos encontramos con sunkensuri —que es como se ha denominado en esta entrega a los scampuss—, a los cuales despertaremos al intentar acariciarlos, lo que nos llevará a seguirlos realizando ciertas acrobacias por el mapeado para lograr tocar sus barriguitas —y conseguir recompensas menos placenteras—, pero no son los únicos. No obstante no diremos qué otros tiernos amiguitos podemos encontrar para evitar destripes y que podáis entonar un tierno ohhhh al encontrarlos vosotros mismos por primera vez. La faceta quizás menos inspirada de este mundo abierto viene de la mano de rezar en santuarios para recibir bendiciones y aún así en ocasiones consiguen darle una vuelta de tuerca a la fórmula para que no resulte una tarea repetitiva.
Cuando avancemos un poco por esta primera región, nos encontraremos con otro de los nuevos añadidos, los reinos del purgatorio. A diferencia de sus homónimos de menor tamaño ya mencionados anteriormente, estos no son fases clásicas de Nioh, similares a ese primer nivel posterior al prólogo, en el que tendremos que avanzar por un laberíntico mapa a la par que abrimos atajos —y tajos en la piel de los enemigos— hasta llegar al jefe de la zona. Destacar que en estos lugares el daño de los enemigos nos provoca corrosión, un estado alterado que reduce nuestra vida máxima, aunque para eliminarlo será tan sencillo como golpear a los enemigos; eso sí, la vida perdida no vuelve de vuelta. Añadido a esto, estas serán las únicas zonas en las que podamos conseguir armas corruptas, las cuales desbloquean técnicas de combate especiales.

El resto de este periodo lo solventaremos luchando contra las fuerzas de Takeda mientras nos congraciamos con nuestro abuelo, que, como podéis imaginar, es el mismísimo Tokugawa Ieyasu y sus aliados, hasta culminar en un enfrentamiento con el legendario Takeda Shingen. Tras este enfrentamiento final quedará sellado nuestro cometido, el cual sigue los pasos marcados por los DLC de Nioh 2, que no es sino el de convertirnos en un viajero del tiempo que intenta guardar el equilibrio entre humanos y el mundo espiritual en Japón.
En la tercera región viajaremos a un periodo del que ya hemos hablado en esta web, y es que acompañaremos ni más ni menos que a la reina Himiko en su enfrentamiento contra el kami Hiruko. Aquí queremos hacer un breve inciso para resaltar lo maravilloso que es el plantel de personajes que nos acompañan y que nos permiten un acercamiento a figuras históricas de Japón tan dispares; destacar, además, la calidad de su plantel femenino en ese aspecto, que en muchos casos suele quedar relegado a un segundo plano. Aquí llevan en la mayoría de ocasiones la voz cantante, además, esta aproximación a figuras históricas nos permiten echar una mirada a cómo ve la sociedad japonesa actual a las mismas. Y, más importante aún, intentan acercarnos a su psique, en busca de los motivos de sus actos y vertiendo por el camino un poco de las propias ideas de los autores o desarrolladores sobre estos temas.

Como pequeño inciso, es durante este periodo que se nos resolverán muchas de las incógnitas relacionadas con el prólogo, si bien no entraremos en detalles para evitaros posibles destripes. Lo que sí podemos decir es que, obviamente, con esta región no acaba la cosa y es que nos queda viajar una vez más en el tiempo, esta vez hacia el futuro, concretamente a la era Bakumatsu, y es que en este tramo cercano al final vamos a tener que relacionarnos —a golpes en muchas ocasiones— con el Shinsengumi, que cuenta en sus filas con el mismísimo Okita Shouji, además de conocer al decimoquinto shogun Tokugawa. Una vez completadas todas las regiones, o al menos sus misiones principales, nos quedará conocer el origen de los yōkai y elegir uno de los dos finales que nos presenta el juego.
Estamos ante un título que habla sobre el mal de la ambición en la búsqueda de poder y cómo el balance de las pasiones son las cualidades cuasiperfectas para acceder al puesto de shogun, cerrando el círculo con el inicio en el que nos encontrábamos a las puertas de la investidura como tal. La historia no es tan redonda o emotiva como en Nioh 2, en parte debido a que vamos saltando entre épocas y no arrastramos a algunos compañeros durante todo el viaje como sí pasaba en el anterior título, pero sigue ofreciendo una calidad por encima del efectismo que quizás se espera en otros títulos del género.
En definitiva, Nioh 3 es un juego para celebrar no solo la saga, sino los últimos 10 años de trabajo de Koei y Team Ninja; en él podemos encontrar no solo las mecánicas y enemigos de toda la vida, sino algunas pertenecientes a otros títulos como Rise of the Ronin o el reciente Ninja Gaiden 4 —aunque suponemos que el clásico enfrentamiento que nos otorga el set de Hayabusa aparecerá en el DLC, como ha sido costumbre en la saga— y que, con todo, deja puerta a la innovación, mostrando que tienen aún ideas frescas con las que mantener viva la saga y, por qué no decirlo, el género durante otra década más sin problemas.
Este análisis ha sido posible gracias a una clave cedida por Koei Tecmo.