A la hora de crear una ocurrencia humorística para una obra, nos encontramos ante un abanico de técnicas, diálogos y actuaciones cuyo objetivo es hacer que el público suelte una buena carcajada o dos. Esta ansiada risa de la audiencia se lograba ya desde tiempos de las comedias griegas hasta la eclosión de manifestaciones cómicas con un segundo propósito, véase la sátira. Si analizamos la cultura japonesa y sus clases de comedia, podemos observar un interesante elenco de chistes y ocurrencias. Hoy nos vamos a centrar en una de sus técnicas más famosas, el manzai. Ahora sería gracioso tener a un segundo redactor en este artículo, pues podría rematar los comentarios de vuestro redactor con alguna gracia. Suena raro en este contexto, pero en ello se basa esta vertiente del humor japonés desde su aparición en el siglo XIX hasta su recurrente uso en programas de entretenimiento, manga y anime.
Para introducir el manzai, es necesario indagar brevemente en otro arte de la narración cómica japonesa como es el rakugo. En esta web ya os hablamos anteriormente de estos divertidos espectáculos y algunos mangas representan dicho género como Showa Genroku Rakugo Shinjuu o Akane Banashi ―cuya adaptación al anime se emitirá a partir del próximo abril, a fecha de redacción de este texto―. Su cuna en Japón fue la ciudad de Tokyo, que ya había sentado cátedra y tradición, con lo que allí se erigían las principales escuelas de este arte. Sin embargo, la corriente de preservar la naturaleza tradicional de esta práctica no casaba con el ajetreado estilo de vida de la ciudad de Osaka, donde se valoraba más la jovialidad y crear números ingeniosos de forma más rápida. Es entonces cuando se revitalizó un concepto que data de la era Heian ―entre el 794 D.C. y el 1185 D.C.―. Para celebrar el año nuevo, dos actores rogaban a los dioses y recibían mensajes de ellos a través de su plegaria. Este ritual recibió el nombre de manzai, nombre que como ya se deduce fue adoptado para esta práctica cómica hasta el día de hoy. Dependiendo de la ciudad donde se practicara, se adoptaba su nombre como aposición. Esto nos devuelve a la Osaka del siglo XIX y a la creación del Osaka manzai, que derivó esta conversación entre dos personas a un ritmo más rápido y desternillante.

En la actualidad, las actuaciones de manzai ―o la técnica en sí― consisten en dos personas que establecen un diálogo en el que el emisor comienza una situación absurda y el segundo le contesta con una corrección, reprimenda o, en definitiva, remata el chiste que ambos han preparado. A la figura de este primer dialogante se le conoce como boke, traducido como «tonto» o «cabeza hueca». Esto hace referencia a que el que ejerce este rol suele ser despistado, está en babia o no demuestra mucha inteligencia. Es por eso mismo que el tsukkomi tiene la labor de corregir a su despistado compañero, a veces no solo con un comentario sino con un golpecito en el pecho o en la cabeza. El que ejerce este papel receptivo es además de una persona que exhuma inteligencia, un replicón que reacciona de forma exagerada a lo que le dice su contraparte. Los temas sobre los que estos dialogan suelen ser variados, como el amor o el trabajo, pero siempre desde una perspectiva costumbrista que permite que el espectador se identifique con un rol o con el otro.
Esta dinámica de dúo no es ajena para el resto del mundo, aunque sea con el empleo de otra terminología. El símil más parecido lo encontramos en el tropo del double act, popularizado en Gran Bretaña y en el vaudeville estadounidense, respectivamente. Aquí podemos encontrar un humor mucho más visual y físico en el que ambos cómicos suelen ser distintos no solo en personalidad sino que buscan también serlo en su apariencia. Laurel and Hardy ―conocidos en lengua hispana como El Gordo y el Flaco― pese a desarrollarse en circunstancias y con una metodología distintas, alcanzaron el mismo resultado de hacer reír a audiencias enteras gracias a un buen trabajo en equipo.
En el mundo del entretenimiento actual, el manzai tiene una labor más grande que lo que uno pueda imaginar. En la televisión japonesa, muchas actuaciones manzai pueden disfrutarse de la mano de un gran número de cómicos. Un ejemplo de un actor sonado es Takeshi Kitano, que protagonizó varios espectáculos y programas de humor en los que las técnicas de este arte eran replicadas con ingenio y gracia. Bien es conocido su papel principal en el concurso Takeshi’s Castle, en el que ejercía el rol del señor del castillo acompañado de su consejero. He ahí donde ocurría el acto manzai entre ambos.

Tristemente, en lo que a manga y anime se refiere no hay muchas obras conocidas que muestren este arte. Un ejemplo claro sería The Manzai Comics, en la que dos estudiantes y amigos deciden formar un dúo manzai. No obstante, el escaso protagonismo de esta técnica en el mainstream no significa que no se vea representada de forma marginal y accesoria, como un elemento más de la cultura japonesa. Es muy común la escena familiar en la que se disfruta de un show manzai en la televisión. También hay obras en las que algunos personajes secundarios ejercen esta labor. El dúo Homosapiens que aparece en el anime Odd Taxi nos muestra superficialmente la rudeza de este mundo. Y si nos vamos al mundo del videojuego, en Yakuza 5 podremos hasta formar parte de un equipo manzai en una de las secundarias de Haruka Sawamura.
Pero no es en la representación literal donde encontramos la esencia del manzai en el manga y anime. La propia técnica del remate y la dinámica de persona boba y persona lista está tan implementada en las secuencias humorísticas del arte japonés que no nos paramos a verlo a simple vista. Un gesto muy común es el clásico gag del golpe con un abanico gigante que aparece de la nada. Esto alude la utilización de dichos elementos en las actuaciones manzai. Otro ejemplo es usar el arquetipo del boke y el tsukkomi para la creación de algunos personajes. Beauty, heroína del anime Bobobo, es una clara muestra de esto pues siempre hacía un comentario por cada chorrada que presenciase. Y así pueden encontrarse ejemplos hasta la saciedad si uno se para a hacer memoria de todos los momentos de humor que ha visto o leído.
El arte de hacer reír es extenso y delicado. El humor, al igual que el arte, es subjetivo y no todo chiste o chascarrillo puede hacer gracia. Pero el manzai es un ejemplo de cómo adoptar un tono más desenfrenado y sorprendente. Es una forma de hacer comedia tan influyente que hemos observado su impacto en la cultura actual del entretenimiento. Es hasta lógico pensar que el manzai es algo innato de una persona durante su vida, pues todos hemos replicado a nuestros amigos cuando han hecho alguna estupidez o viceversa. Muchas veces no nos equivocamos pensado que eso ha desencadenado en risas. Eso observaron en el double act inglés, en la sátira española y, por supuesto, en el Osaka manzai japonés. Y como despiden normalmente estas actuaciones, ¡muchas gracias!
