Cuando el manga te saca los colores

A lo largo de la historia del arte han aparecido decenas de soportes, con sus limitaciones y destrezas propias que hacen de cada medio un mundo. Dentro de las muchas ramas del arte visual tenemos el manga, historietas a las que asociamos una estética monocroma prácticamente por inercia. Sin embargo, asumir que este se mantiene alejado del color por costumbre es puro prejuicio, pues ambos tienen una relación más estrecha de lo que damos por entendido.

Mientras que la industria americana recurre a números de cómics mensuales que más adelante pasan de la grapa a la tapa dura, los mangas suelen presentarse bajo un formato de revista, cuyos sellos distribuyen más de una historia a su vez en la misma edición y no se independizan del resto hasta su eventual venta en volúmenes, en su mayoría, de tapa blanda. La imprenta no es un camino de rosas, calcular precios depende de la cantidad de páginas, el tipo de papel, la tinta, la encuadernación, la cubierta y sobrecubierta, etc. En su publicación conjunta, resulta más económico una gran cantidad de páginas con papel de baja calidad y mayoritariamente en blanco y negro, contrastando con esa reducida cantidad de páginas con más color y mayor calidad de papel, pero encuadernada con grapas. Vemos como el impreso se adapta al modo de hacer las páginas y no al revés.

A la izquierda, el coloreado oficial del manga. A la derecha, el coloreado de Araki / ©Shūeisha

En cierto modo, el color en el manga es un símbolo de estatus y popularidad, existen obras de la magnitud de One Piece, Dragon Ball y Jojo’s Bizarre Adventure con páginas coloreadas de manera oficial que, no obstante, entran en conflicto con los colores que el mismo autor elegiría. Por ejemplo, Jojo hace gala de no tener ninguna paleta de color canónica que llegue a trasladarse al anime, donde los colores cambian cada ciertas escenas, una muestra es el pelo de Jolyne, con mechas verdes en el manga a color oficial y amarillas en su adaptación al anime.

Se puede argumentar que, en el caso de alguien asignando color a una obra sin preguntarle al autor de la misma, se nubla su visión original de los personajes, ¿pero importa eso realmente? Cuando un lector ve personajes sin color, tiene la inventiva de asignarles un color por sí mismo que puede o no coincidir con aquellos del autor, es en la limitación en la que el cerebro rellena los huecos que faltan con «el color que se imaginan llevar a un personaje». Incluso si se considera la ausencia de color, los mangakas llevan décadas ayudando a sortearla con diversas técnicas para textura y volumen y evitar que una página sean puramente trazos.

En esta página podemos ver varios de los patrones que emplea Tsubasa Yamaguchi / ©Kōdansha

Planteamos una pregunta: ¿Tiene el manga tonos grises? A priori, es una pregunta trampa, pues la respuesta es sí y no. Cuando se habla de lo monocromo hay que realizar una distinción entre blanco y negro y escala de grises. Con los grises no suele haber mucha complicación, pues encapsula todos los tonos desde el blanco al negro y varia tan solo en iluminación, nunca en pigmento. En cuanto al manejo del blanco y negro, existen maneras para simular un gris artificial gracias al ojo humano.

Si observamos la imagen de arriba podemos ver la mezcla de blanco, negro y gris con varios patrones que logran dar textura incluso con tantas limitaciones. Vemos el cross-hatching, que es el uso de oscuros trazos oblicuos para generar un sombreado —de ser solo paralelos, sería hatching—, también apreciamos semitono, patrones de puntos sobre blanco que el cerebro interpreta como gris a una distancia y ruido Perlin, que genera gradientes de manera aleatoria generados por ordenador.

En algunos mangas el color puede variar de herramienta narrativa hasta simpático detalle / ©Leed Publishing ©Shūeisha

En el arte publicado durante las últimas décadas, ha habido una ola en el uso de las herramientas digitales para poder hacer más ameno el proceso, sin eliminar los méritos del tradicional como por ejemplo la anécdota de Takao Saito secando la tinta de Golgo 13 con el calor de sus cigarrillos, como explicaba en el Manben de Naoki Urasawa. Cabe destacar la importancia del medio físico como cuna de la mayor parte de técnicas que se emplean incluso en digital, como el aplicar texturas de screentones como el mencionado semitono, cuya invención en medios tradicionales se ha logrado simplificar en los digitales.

Al citar ejemplos del manga dibujado en digital, tenemos a autores como Satoru Noda, que dibujó Golden Kamuy así en su totalidad, lo que le facilitó poder corregir errores en la edición física, tales como «No ponerle los suficientes pelos en el pecho a Tanigaki». No es extraño ver el color adaptado a los nuevos medios de creación que nos han acompañado durante las últimas tres décadas. Un particular ejemplo es COLORLESS, de KENT, que emplea el color de manera narrativa, representado como un escaso recurso que existe en un mundo blanco y negro. Otra muestra opuesta a este uso más literario es el empleo del color como aderezo, un ejemplo es You and I are Polar Opposites de Kôcha Agasawa, que de vez en cuando añadía escasas muestras de color que a posteriori desaparecerían en su edición impresa.

Mismo manga, distinto verde / ©Kadokawa Shōten ©Panini Manga

Al salir la edición física de El chico que me gusta no es un chico, de Sumiko Arai, hubo ciertas quejas por la pérdida del tono verde lima que caracteriza al manga, sustituido por uno más apagado. Esto da pie a hablar de una de las más grandes particularidades del color: sus modelos RGB y CMYK. El RGB domina el mundo tecnológico, gracias a la combinación de rojo, verde y azul somos capaces de discernir todos los colores que se proyectan en nuestras pantallas, es por eso que el romance de Aya y Mitsuki está rodeado de colores más vivos al leerlo en digital.

En cuanto al CMYK, que es el modelo predominante de la imprenta, este opera con cian, magenta, amarillo y negro de manera contraria al RGB, ya que este arquetipo funciona combinando sus colores para producir el negro, mientras que el digital los mezcla para producir blanco. Por muy vivamente coloreado que pueda estar un manga en digital, debemos asumir que su edición impresa nunca nos aportará el mismo color que la digital, pero los papeles son un mundo y siempre se puede buscar una mayor similitud al original con ciertos acabados con revestimientos como el estucado, aunque su aplicado suele encarecer la impresión.

En términos generales, el manga sigue siendo en blanco y negro por una mezcla de tradición y necesidad, pero hemos podido ver ejemplos que reinterpretan esta percepción aparentemente inamovible. En un mundo en constante y creciente variedad cultural, el manga ha influenciado al cómic y viceversa. Vemos cubiertas de Marvel hechas por Kamome Shirahama y a RB Silva —Artista del reciente One World Under Doom— realizando fotogramas de My Hero Academia: Vigilantes. Siempre es beneficioso apreciar el color por la información que nos aporta y lo placentero que resulta a la vista, pero debemos entender que tras lo que damos como naturaleza de algo, suele haber una razón por la que se nos presenta así, si nos acabamos cuestionando por qué ha tardado tanto en existir un manga que haga tanta gala de su color como El chico que me gusta no es un chico, siempre nos quedará decir «A buenas horas, mangas verdes».

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