Crónica de Phantom Siita: París, 15-02-2025

Cuando la mismísima Ado, cantante de moda en Japón y cada día en más lugares, anunció que además de dedicar su carrera a alcanzar el ambicioso trofeo de coronarse como la mejor vocalista del extremo oriente también pretendía adentrarse en el mundo idol y formar, como productora, su propia agrupación, las expectativas se pusieron por las nubes. La nueva reina del j-pop se encargaría personalmente de la selección y formación de las integrantes de la banda y trabajaría codo con codo con los compositores adecuados hasta plasmar por completo su visión de un grupo idol ideal. Se sucedieron las audiciones, en las que participaron más de 4000 jóvenes de todo el archipiélago y por fin, en verano del pasado año, Phantom Siita debutaron con Otomodachi, un primer single que sentaría las bases de su estética de terror retro y su valiente propuesta musical, oscilante entre el dance pop, la teatralidad contemporánea tan propia de su mentora y el oscuro electrocabaret. Las integrantes Mona, Miu, Hisui, Moka y Rinka vieron durante los siguientes meses como su fama se disparaba notablemente dentro de las fronteras niponas y, tras un destacable álbum debut titulado Shojo no Hi no OmoideGirlhood Memories— y ciertas cotas de viralidad alcanzadas ante el público internacional gracias a sus vistosos y originales videoclips, anunciaron el Moth to a Flame Tour, una primera gira mundial que las llevaría a lugares tan dispares como Manila, Chicago, Berlín o París, actuación a la que Futoi Karasu pudimos acudir.

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La sala Bataclán, una de las más prestigiosas de la capital francesa y escaparate en su momento para Alice Cooper, Dream Theater, Jeff Buckley o Eagles of Death Metal, abría sus puertas a media tarde para un público que, aún horas antes de la actuación, comenzaba a agolparse en las aceras del Boulevard Richard-Lenoir. Pronto, la juventud parisina —así como viajantes de diversos lugares de Europa— se agolparon contra las vallas del recinto, enarbolando sus lightsticks con motivos de mariposas nocturnas como si de armas marciales se tratasen. Con bastante puntualidad comenzaron los compases de Kimi to ×××× Shitai dake, las chicas entraron en el escenario y varios sectores del público se vinieron abajo como si los mismísimos Queen hubiesen tomado la batuta en el Live Aid de Wembley. A diferencia de su maestra Ado, que huye de las imágenes y fotografías tras una jaula translúcida, Phantom Siita disfrutan plenamente de ser foco de las ópticas y son todo un regalo para cualquier camarógrafo que se precie. Su puesta en escena, sus coreografías hipnóticas pero caóticas y sus muecas dramáticas y constantes se sucedieron a lo largo de la casi hora y media de concierto, para deleite de los asistentes.

Sin prácticamente descanso ni apenas tiempo para respirar, las niponas despacharon seguidas Mashou Shojo, con su demoledor ritmo electropop, Hanabami y una Otome Shinju repleta de intachables armonías vocales, que sirvieron para demostrar la clara mejoría interpretativa del quinteto. En sus inicios, la voz todoterreno de Moka y la dulce socarronería de Hisui habituaban a salvar todas sus actuaciones, mientras que las otras tres sufrían un poco más a la hora de poner en práctica en directo todo lo que sí eran capaces de demostrar en el estudio. Pero en esta gira han quedado patentes las horas y horas de práctica y el enorme salto cualitativo de Miu, Mona y Rinka, capaces por fin de mantener su potencia lírica sin perder ni un ápice de la energía de sus coreografías.

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Por otro lado, no cabe duda de que Shojo no Hi no Omoide es un espléndido trabajo debut, con una producción de lujo para sus características y que además hace gala de las composiciones de artistas de la escena Vocaloid tan habitualmente inspirados y críticamente apreciados como Teniwoha, YurryCanon o el mismísimo Kikuo, autor de la estupenda pista que abrió el concierto, pero también es cierto que no deja de ser un álbum excesivamente corto, con sólo siete canciones en su haber. Se daba por hecho que Phantom Siita recurrirían a covers, así que estaba por ver cuales serían las canciones elegidas.

Que la primera versión del concierto fuese la legendaria —y hoy algo memética— Suki Suki Daisuki, de la aún más legendaria Jun Togawa, era toda una declaración de intenciones. Sin complejos, sin miedo ni al éxito ni al fracaso y con unas ganas enormes de demostrar todo de lo que son capaces, Phantom Siita dieron paso a las actuaciones individuales. Tras una Mona añorante que interpretó Aoi Sangosho, de Seiko Matsuda y Rinka atreviéndose con la muy groovy Fantasy, de Meiko Nakahara, todo parecía presagiar un revival evocador de piscinas rodeadas de palmeras, coches de lujo y carteles de neon en el que las covers vendrían de la nostálgica y burbujeante época del city pop, del cual Ado es reconocida fan. Algo paradójico, cuanto menos, y hasta irónico para un conjunto que se las da de tan sombrío que el mismísimo Junji Ito ha diseñado el merchandising de su gira. Miu rompió la tónica imperante con la maníaca Kick Back, del ahora ubicuo Kenshi Yonezu y utilizada en su momento como opening para Chainsaw Man y Hisui nos entregó una melancólica, íntima y encantadora One Last Kiss, de le dive entre dives Hikaru Utada, a quien los fans de Evangelion conocen demasiado bien. Pero como no podía ser de otra manera, la mejor versión de la velada llegó de la mano de Moka, que despachó todo su buen hacer y sus múltiples registros volviendo a los ochenta con la enorme Flyday Chinatown, de Yasuha.

El grupo se reunió de nuevo al completo para dar un penúltimo empujón a su máquina del tiempo particular con 4:00AM, de Taeko Ohnuki, que vio sustituidos los toques cercanos al jazz por el estilo más oscuro y dramático del que habitualmente hace gala la banda. Para entonces, Mona intentó tener unas palabras con el respetable y explicar el duro camino de trabajo y esfuerzo que ha recorrido la agrupación, desde su reclutamiento hasta estos inicios de confirmación internacional, que les han permitido viajar por todo el mundo y conocer países y culturas que hasta entonces sólo habían visto a través de internet. Haciendo gala de una falta de educación inexplicable, gran parte de los asistentes se negaron a dejarle hablar más de tres segundos seguidos, comenzando a chillar, hacer ruido y desgañitarse completamente fuera de sí y sin previsión de cejar en su empeño tras cada palabra, ante la cada vez más frustrada vocalista, mientras una confusa pero firme Rinka les mandaba callar. Que hasta en tres ocasiones distintas una banda tenga que pedir por favor a los asistentes de su concierto que les dejen hablar es algo que tiene difícil justificación y un porcentaje nada desdeñable del emocionalmente incontinente público parisino debería reflexionar sobre la experiencia y la imagen brindada a las artistas.

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Volviendo a las actuaciones, quizás dentro del álbum Hanagatami sea una rara avis, que descarta el histrionismo vintage por una familiar sensibilidad, más mainstream para el mundo idol, pero en Bataclán sirvió como un breve respiro, unos minutos de calma en los que las voces de las cinco integrantes se superpusieron armónicamente como los copos de nieve sobre el frío suelo invernal. En nuestra crónica del concierto de Ado en Bruselas os contábamos como nuestra utaite favorita se atrevió con la inmortal Mayonaka no Door ~Stay with Me, de la malograda Miki Matsubara, y Phantom Siita no iban a ser menos, con una ejecución encantadoramente quirky. De hecho, osaron poner en jaque a su maestra con una Tot Musica que, si bien no llegó a las difícilmente alcanzables cotas de su intérprete original, volvió a poner de manifiesto todo el trabajo que la banda ha puesto en los últimos meses en desarrollar su afinación y desempeño vocal.

Las mejores canciones de Shojo no Hi no Omoide habían quedado para el final. Poco antes de la citada Tot Musica había sido el turno de la profana coreografía y las oscuras letras de Otomodachi, donde quedó patente que, incluso a esas alturas, energía no les faltaba. Hubo tiempo para una sorpresa final en forma de Moonlight Densetsu, inolvidable tema de apertura de Sailor Moon, acompañada de sus correspondientes poses de guerreras luna. Esta, a su vez, precedió a la largamente esperada Zoku Zoku, uno de los mejores trabajos compositivos de Teniwoha —serias palabras cuando se refieren a alguien que no hace tanto escribió Gira Gira y, más recientemente, Elf—, repleto de arreglos flamencos que hasta llegaron a arrancar un «viva el Betis» de algún fan español presente en la sala. No había tiempo para más. Hisui, Moka, Rinka, Miu y una Mona a la que esta vez sí dejaron hablar, acometieron unas últimas palabras de despedida entre ciertas lágrimas que amenazaban con brotar ante todas las emociones que deben estar sintiendo en esta primera gira planetaria. París, y el resto de Europa, las espera de nuevo.

Ndr: Fotografías logradas gracias a la colaboración técnica de Ártica debido a la ausencia de acreditación para entrada en foso.

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