Hiroshi Harada. Un nombre basta para que nazca el ruido alrededor de él de una forma casi mágica. El debate está servido y la proliferación de vídeos de recomendaciones en plataformas como tiktok han favorecido que obras tan polémicas como su Midori: la niña de las camelias se vuelvan más conocidas entre el público general. La apreciación de Harada como animador independiente y artista disciplinado que hizo todo sólo es muy grande, pero aún más grande es el grupo de los detractores de su contenido.

“¿Qué razón había para hacer una película tan horrible? ¿Por qué recomiendan porno de tortura? ¿Hay algo de valor en algo tan horripilante? ¿Cómo hicieron algo tan fetichista, machista, transfóbico, capacitista?” son algunas de las críticas que se pueden encontrar por la web. Otras muchas atacan personalmente a Harada. Y es cierto que Midori no está hecho para estómagos sensibles y que puede estar sujeta a ciertas críticas constructivas también, pero la sensación de repulsión y terror que parece causar entre el público logra evitar cualquier debate profundo sobre ella. Y la cuestión aquí es: ¿no era esa la intención de la película?
Durante la década de los años 60 y 70 el cine japonés comenzó a experimentar con géneros que explotaban la violencia, la sexualidad y la política. Cineastas como Kinji Fukasaku con sus sagas de yakuzas, Koji Wakamatsu y Masao Adachi con el pinku político, o Shuji Terayama con sus provocativas y teatrales películas crearon unos estándares diferentes en la industria donde toda la censura y el tabú se intentaba destruir. Sin embargo, el cine de explotación de muchos de estos cineastas no sólo tenía como intención impactar a su público con sus temas violentos y sexuales sino también crear agitación al mostrar problemáticas de forma directa y profunda.

Harada nació en el año 1962, en la prefectura de Gunma, y creció justo en el momento en el que este tipo de cine florecía. Con un padre ausente, su madre trabajaba con personas relacionadas con la yakuza y desde muy pequeño vio su entorno rodeado de violencia y, en general, cosas que un niño no debería experimentar. Su interés en el cine nació gracias a las películas de, entre otros, Fukasaku, ya que podía sentirse muy cercano a lo que se mostraba en sus películas de yakuzas. Su amor por el cine le hizo comenzar a interesarse por la animación también y le ayudó a sobrellevar el acoso escolar que sufría, comenzando a hacer pequeñas películas en el instituto. Tras graduarse del colegio de diseño en Tokio estuvo trabajando para diferentes estudios de animación pero acabó por dejarlo al no tener tiempo para hacer sus propias obras. Fundó su propia compañía, Kiryukan, y desde entonces ha trabajado a tiempo parcial en diferentes sectores mientras creaba sus obras de forma independiente.
El proyecto de Midori era algo que tenía en mente desde hacía mucho tiempo, concretamente desde que leyó el manga de Suehiro Maruo en el que este se basa. Desde 1987 hasta 1992 trabajó para sacar adelante el proyecto con muy poca ayuda y ninguna financiación más que la que conseguía en sus trabajos a tiempo parcial. La película llegó a ser proyectada en varias ciudades japonesas, bajo unos criterios de proyección muy concretos que incluían actuaciones en vivo y decoración temática, pero su contenido violento, sexual y desagradable acabó por generar una gran polémica, haciendo que fuese censurada y muchas de sus copias destruidas.

Para sorpresa de muchos, el año pasado el cineasta Aaron Dylan Kearns consiguió trabajar en una versión subtitulada al inglés y en buena calidad de Limitless Paradise, un cortometraje producido por Harada durante su época de estudiante en 1981. Aunque había ya obras como The Death Lullaby en internet, otra de sus producciones poco conocidas, esta no cuenta con una buena calidad de conservación, lo que hacía perder interés a parte del público. Limitless Paradise trata sobre un grupo de estudiantes que deciden tomar la escuela a modo de protesta contra las limitaciones de las autoridades mientras que The Death Lullaby cuenta la historia de un niño que sufre acoso escolar y a la vez vive las transformaciones sociales en el país. El contenido político de estas obras suele resultar sorprendente a quiénes sólo conocen a Harada por Midori, pero, ¿qué más hay detrás del cineasta?
Kiryukan, la productora independiente de Harada, tiene una política basada en varios puntos, entre los que se encuentra incluir documentales reales en su animación, mantener una posición de anti autoridad, hablar de problemas sociales, que sus protagonistas sean marginales o débiles, presentar sus obras bajo unas condiciones muy concretas y teatrales y hacer experimentos basados en el materialismo y la dialéctica. Además, es una productora que está íntimamente ligada a sindicatos de animación en Japón, apoya públicamente al Partido Comunista y habla contra el genocidio de Palestina, entre otros problemas universales. Por lo tanto, el compromiso social es un deber dentro de las obras de Harada.

En Midori podemos observar que el entorno de la protagonista es puramente marginal, comenzando desde su núcleo familiar (madre soltera) hasta el grupo que conforma al circo, lleno de personajes excéntricos y alejados de la normatividad. En The Death Lullaby, el protagonista sufre acoso al ser percibido como monstruoso debido a una malformación en los dientes. A veces esto ha sido percibido como una burla del autor hacia los cuerpos diferentes (como al inicio del artículo se recoge en algunas críticas) pero, en realidad, Harada se siente identificado con estos personajes debido a sus propias limitaciones físicas y, en el blog de Kiryukan, admite que es por ello que crea obras para los débiles y marginados. También deja claro en sus obras que el aislamiento del diferente, a menudo, es el origen de la delincuencia.
Es muy importante señalar que los protagonistas de las obras son alter egos de Harada. Aunque con Midori muchos puedan pensar que es algo extraño —al fin y al cabo, es un personaje de un manga y es una chica— hay muchas razones para afirmar que también lo es. En el caso de Midori es probable que mucha gente haya escuchado que “el autor quería representar su sentimiento al ser un niño acosado de pequeño” con ella. Muchos ni siquiera compran esta teoría. Pero lo cierto es que Harada siempre busca hacer historias íntimas, ligadas a su historia personal, y la violencia estructural hacia la mujer es algo que ha podido presenciar desde muy pequeño, además de tener referentes femeninos como su tía Chiyoko, que estaba muy ligada a las Brigadas Internacionales en Francia y que le ofreció mucha ayuda en sus obras más tempranas.

Si bien en Midori se podría analizar en gran extensión cómo sus escenarios y fondos muestran una crítica directa al imperialismo japonés, en The Death Lullaby existe una crítica profunda al imperialismo norteamericano. Más allá de sus escenarios también opresivos y asfixiantes en el que la modernidad se hace paso violentamente entre la población humilde japonesa, también vemos imágenes de muñecas tradicionales japonesas brutalizadas, que simbólicamente pueden representar la destrucción de la identidad nacional japonesa o una crítica a los numerosos casos de abuso sexual y asesinato de militares estadounidenses en Japón hacia locales. También es gracioso observar que los niños que acosan al protagonista llevan camisetas con letras de “USA” y “AMERICA”.
Y es que los escenarios son muy importantes en sus obras, especialmente en The Death Lullaby. La historia se sitúa en Gunma, donde nació también Harada, y muestra muchos lugares reales tanto animados como grabados en vídeo. Además, creció durante las décadas en las que ocurrió la lucha de Sanrizuka, en Narita, cuando el gobierno japonés quiso construir un aeropuerto internacional a pesar de la oposición del pueblo campesino que vivía en esas tierras. Se generó una auténtica batalla campal contra las autoridades y la violencia de los enfrentamientos llegó a saldarse con numerosos heridos y muertos. La lucha duró muchas décadas, considerándose aún vigente con grupos pequeños, y los medios mostraban a los campesinos como incultos y opuestos al progreso. Harada quería mostrar la visión desde el lado campesino.

El mensaje ideológicamente directo y combativo, apoyando a un movimiento real, así como el uso de imágenes de otras problemáticas como la contaminación, enfermedades por radiación, la militarización y la guerra, o grabaciones reales de interrogatorios policiales y discusiones políticas en televisión, es parte del por qué sus obras no son financiadas, más allá de la mala fama de Midori. Además, todos los individuos que le ayudaron en la producción de Midori estaban muy relacionados con el activismo de izquierdas, como Koichi Asanuma, que realizó un documental sobre víctimas de la contaminación en Minamata, o Nobuyuki Kikuchi, que participó en los documentales de Sanrizuka de Shinsuke Ogawa.

Documentales reales, vídeos reales, y también espacios y paisajes reales, todo en medio de la animación o uniéndose con ella. Paisajes naturales contaminados, espacios vacíos, calles llenas de gente simplemente pasando de largo. ¿Qué pueden revelar estas imágenes? Masao Matsuda hablaba de la idea de la Teoría del paisaje, después desarrollada en el cine de Masao Adachi, en la cual se expone que el paisaje que se estaba construyendo tras la posguerra con la aceleración del capitalismo resultaba ser represivo y alienante para las personas. Harada quería mostrar que la marginalidad o la competitividad es estructural y tiene raíz también un el entorno social que asfixia a los ciudadanos.
Entre las influencias cinematográficas de Harada destacan especialmente Shuji Terayama y Eisenstein. Algo que llama mucho la atención del público es su surrealismo, y ahí entra la influencia de Terayama, cineasta provocativo y director de teatro vanguardista, así como comprometido socialmente. La influencia artística y de temáticas es tan evidente que podríamos afirmar que sin Terayama no habría Harada (e incluso podría hacerse un artículo extenso sobre la influencia de este en más animadores). Por otro lado, Harada comenta una vez que leyó en un libro de Eisenstein que “La violencia en las películas es necesaria para cambiar a la sociedad” y le impactó en su propio trabajo, ganando confianza para expresar su rabia interna a través del cine.

¿Es legítimo mostrar una violencia extrema en forma de crítica o sólo contribuye al morbo? Es un debate que sigue vigente y seguirá por siempre, pero algo innegable es que la violencia es parte del ser humano. Harada tiene la visión de que se deben hacer frente a esos problemas a través de representaciones que pueden resultar tabú en vez de pretender que esos problemas no existen. ¿Es necesario que sea tan explícito? ¿Responde esto a la necesidad de dar un shock al espectador y nada más? Cada persona tendrá una respuesta distinta. Aún hoy estos debates causan problemas con la censura. La cuenta de Youtube de Kiyubaru, archivo de Harada, fue suspendida, imágenes de Twitter sobre Midori en su cuenta oficial fueron borradas y anuncios sobre nuevas películas en Facebook también fueron borrados por la plataforma. La mala fama que cae sobre Harada lleva a denuncias masivas por parte de gente que considera sus obras algo perverso sin ningún tipo de contexto.

Aunque haya muchas opiniones dispares sobre estas obras y sea legítimo tener una buena o mala opinión sobre cualquier producto cultural, es importante conocer el contexto y el por qué de las cosas. Es un hecho objetivo que Harada tiene como intención dar mensajes importantes, nos guste o no su forma de hacerlo, y es un gran ejemplo de cómo puedes seguir adelante con tus sueños a pesar de que todo esté en tu contra. Este último mes anunciaron que habría una nueva película en la que estuvo trabajando por décadas, Zashikiro. Alrededor de 3 horas y con protagonistas en su línea, marginales y con enfermedades extrañas, parece que el argumento girará entorno a la guerra, la discriminación y el neoliberalismo. Y así, Harada sigue aún en pie de guerra.
Agradecimiento al blog oficial Kiyubaru por las fotografías y parte de la información.
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??? No se responde la pregunta del titulo, más parece una apología al autor, y qué pasa con la obra??? Casi ni se discute.
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