Final Fantasy XIV es un juego excepcional a nivel narrativo. Es cierto que se le pueden criticar muchos de sus aspectos, como la monetización o lo estirado que puede llegar a estar su argumento, pero casi cualquier jugador que lleve la historia del juego al día hablará maravillas de los personajes, las escenas y, en su conjunto, la narrativa de la obra encabezada por Naoki Yoshida. Pero si hay misiones en este juego que destacan por encima del resto de las demás estas son, sin duda, las estrafalarias aventuras de Hildibrand, detective por antonomasia.
Para contextualizar, las misiones de Hildibrand, que se llamaron originalmente en A Realm Reborn Hildibrand Adventures —las aventuras de Hildibrand—, presentan a uno de los personajes del juego original, el investigador privado Hildibrand Manderville y a su ayudante, Nashu. Esta pareja tendrá que resolver diversos casos y entuertos a lo largo de todo Eorzea —e incluso otros mundos—, utilizando sus habilidades de deducción para convertirse en el —autoproclamado— Caballero de la Luz. Uno esperaría tener misterios que resolver al más puro estilo visual novel de misterio, emulando otras franquicias como podrían ser Ace Attorney o Danganronpa, por decir algunas, pero este no es el caso. De hecho, el misterio queda normalmente relegado a un segundo plano, a una excusa. Lo importante de las misiones de Hildibrand es, como podéis ver en la pequeña selección de capturas de más abajo, el humor absurdo japonés.

Y es que el ser un investigador extraordinario no significa que Hildibrand no esté libre del gen de la idiotez más absoluta, que parece venirle de familia. Y como él, literalmente cualquier personaje que aparezca en sus misiones, más allá de los encargados de hacer los tsukkomis —aquellos personajes que aportan el toque de seriedad a lo absurdo de la situación—. Originalmente, las aventuras de Hildibrand eran misiones secundarias sin apenas contenido mecánico que los desarrolladores usaban como forma de probar los límites del motor del juego sin tener que sacrificar la historia principal para ello. Por eso mismo, las animaciones faciales de los personajes en estas misiones son tan absurdamente exageradas en ocasiones. En ocasiones, se incluyeron duelos jugables contra jefes como Gilgamesh, un personaje recurrente en las misiones del algo denso detective.
Esta mágica cadena de misiones fue objeto de queja por parte de muchos fans del juego el año pasado, ya que las reliquias de Endwalker —lo que vendrían a ser las mejores armas del juego— estaban intrínsecamente ligadas a Hildibrand y sus compañeros de locuras. Si alguien quería hacerse con las poderosas armas, antes tendría que completar todas las misiones del Caballero de la Luz y estar al día con sus desventuras. La queja venía del hecho de tener que vincular algo poderoso y único a un contenido secundario de humor que, razonablemente, puede no gustar a todo el mundo. No obstante, esta gente tenía una alternativa muy sencilla que podéis ver justo debajo de estas líneas.

A pesar de lo que puedan parecer, las aventuras y desventuras de Hildibrand Manderville, detective extraordinario, han conseguido sacarle más de una lágrima a quien escribe estas líneas y no precisamente de risa —que también—, y es que el amor del equipo de desarrollo a este personaje es innegable, a tal punto que lo han constituido como figura paterna de Gigi, la iteración de esta entrega del pequeño mago negro Vivi de Final Fantasy IX. El corazón de Hildy es tan grande como su estupidez y, si os animáis a darle una oportunidad a sus historias, os conquistará.

Cada vez que se anuncia una nueva expansión, los fans de Hildibrand esperamos el anuncio de su regreso. La historia de las distintas expansiones suele acabar con él desapareciendo de alguna manera sin saber si reaparecerá pero, finalmente, vuelve. Siempre, menos en Shadowbringers, que fue la excepción que confirma la regla. Para mayor inri, sus misiones tienen un nombre cada vez más y más rebuscado. Comenzando con las Hildibrand Adventures —las aventuras de Hildibrand— hemos pasado por diferentes iteraciones del título de las misiones hasta que esta semana se han lanzado las primeras de Dawntrail, la expansión actual, bajo el nombre Inconceivably Further Hildibrand Adventures —las aún más inconcebibles aventuras de Hildibrand—. Si tenéis curiosidad por saber nuestra opinión sobre lo más nuevo de FFXIV, os invitamos a leer el artículo que un servidor y Clara Kujo escribimos en su día.
Pero Hildibrand no es el único protagonista de estas misiones, sino que el elenco de personajes que lo acompañan son incluso aún más locos, como su versión no muerta, Zombiebrand, o su versión baja en polígonos, Brandihild. Pero si alguien acapara la escena cada vez que aparece este es Godbert, el padre de Hildibrand, dueño del casino Gold Saucer, uno de los mejores artesanos del mundo y un señor absurdamente musculado con una absurda obsesión con ir desnudo por ahí. Godbert es el equivalente humorístico del Guerrero de la Luz, un personaje tan absurdamente poderoso que su propia existencia es casi una amenaza a la realidad. Afortunadamente, su participación queda relegada a las misiones de su hijo, por lo que no contaremos con su presencia para poner fin a crisis capaces de acabar con todo el universo conocido, porque es obviamente más importante que acompañe al detective.

Este artículo quiere únicamente reivindicar la historia de Hildibrand, una parte normalmente ignorada por gran parte de la comunidad o cuyas misiones quedan relegadas a un plano terciario, cuando es más que evidente el cariño que le ponen los desarrolladores y guionistas a estos remansos de comedia dentro del inmensísimo título. Si habéis jugado a Final Fantasy XIV y no habéis conocido todavía a este magnífico caballero, os invitamos a visitar Uldah una vez hayáis terminado la historia principal de A Realm Reborn y buscar la misión The Rise and Fall of Gentlemen. Abrochaos el cinturón, porque se vienen mamporros, piernas saliendo del suelo, explosiones, alienígenas y pollos verdes mitológicos.

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