Home: La belleza del amor sencillo

En 2016 Asumiko Nakamura nos presentó Doukyuusei —o Compañeros de clase—, una de las obras más emblemáticas del BL y sin duda, un punto de referencia para todos los amantes del género. Considerada como una de las historias de nicho pero que son, a su vez, más representativas del mundo del BL, hemos tenido que esperar diez años desde su estreno en español y 18 desde que comenzó su serialización en Japón para que nos llegase por fin el nuevo manga de la autora, Home.

Esta es una de esas obras que no deja indiferente. Por la narrativa, su belleza estética y sobre todo, por ser ese tipo de argumento en el que podríamos decir que «nunca pasa nada» pero que te deja, igualmente, el corazón calentito.

Home es un tomo único que nos acerca un poco más a la rutina de dos personajes que se conocieron en los años de instituto. En una época en la que prima la confusión, la incertidumbre, el querer encontrarse a uno mismo y no saber realmente dónde empezar a buscar. Nuestros protagonistas son dos personajes totalmente opuestos, pues mientras que el extrovertido Kusakabe apunta a ser artista, el mucho más cohibido Rihito se dedica enteramente a la investigación. Home es la culminación del esfuerzo de ambos por estar juntos.

Rihito y Kusakabe recordando un momento particular en sus años de instituto / Asumiko Nakamura ©Ed. Tomodomo

Las obras de Asumiko Nakamura giran siempre irremediablemente alrededor del amor, podría decirse que es una temática muy recurrente en el BL, pero dentro de su trayectoria probablemente la serie de Rihito y Kusakabe sea la más entrañable y sencilla frente al resto de sus obras más adultas. Y es que en Home, Nakamura nos muestra un amor puro, un amor sincero, un amor perfecto que vence absolutamente todos los obstáculos porque la vida sin ese afecto, la vida sin esa persona, no tiene sentido.

Para Rihito y Kusakabe existe un antes y un después. Son como dos imanes que se esfuerzan constantemente por estar juntos. Luchan por su relación frente a sus propias dudas, se enfrentan a sus familias, luchan en la distancia, luchan de cara a la sociedad, luchan incluso entre ellos mismos porque a veces, inevitablemente, parece que el mundo se acaba y que su amor pese a ser tan grande, sigue sin ser suficiente. Su relación es un conflicto constante que siempre merece la pena con tal de volver a encontrarse. Y posiblemente sea esta la marca icónica de esta serie y sea este tomo la cumbre de la obra, una culminación en la que dos personajes que llevan queriéndose desde hace años por fin consiguen crear un lugar al que llamar hogar.

Rihito y Kusakabe pillados in fraganti durante la cena en unas aguas termales / Asumiko Nakamura ©Ed. Tomodomo

Y es que tal vez lo bonito resida en lo más simple. La belleza esté en las rutinas del día a día, en llamarse de vez en cuando y preguntarse «¿Cómo estás?». Tal vez no haga falta grandes tramas ni dramas gigantescos como para poder desarrollar una historia digna de ser contada. Quizás sea suficiente con ver a dos personajes enamorándose poco a poco, intentando encontrar momentos furtivos en los que rozarse los dedos, cruzar miradas a escondidas, la impaciencia del después y la incertidumbre de los planes de futuro.

Es probable que con esta obra Asumiko Nakamura nos quiera mostrar que pese a todos los impedimentos, los problemas, las dudas, las ganas de abandonar y los obstáculos de la vida, el amor de verdad sí existe.

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