James Bond: un ninja (machista y racista) al servicio de Su Majestad

El género de espías es algo que, desde que muchos tenemos memoria, ha estado ahí. Pero, si no has visto las películas más clásicas de James Bond, es posible que pierdas muchas referencias que aparecen a lo largo y ancho de la cultura pop —aunque la saga de libros de Ian Fleming no fuera exactamente la primera iteración en el género de espías—. Y es que desde el mítico episodio de Hank Scorpio en Los Simpson hasta el lindo perrete de Spy x Family, el agente 007 está presente en muchas obras, puede que incluso de forma involuntaria. No obstante, a pesar de su impacto en la cultura popular, las películas de James Bond han envejecido mal. Muy mal. Las primeras cintas, que tenían por estrella a un joven Sean Connery, mostraban escenas extremadamente machistas —tanto comentarios como acciones—, así como más que una escena de sexo no consensual. Si a todo esto le sumamos una representación bastante racista de algunos países, como es el caso de Japón en Solo se vive dos veces, tenemos un cóctel explosivo que queremos compartir hoy con vosotros. Agitado, no revuelto, por supuesto.

Si bien la película data de 1967, queremos advertir que este artículo desmontará todos los elementos clave de la trama de Solo se vive dos veces, así que proceded con cuidado si os importan los spoilers. Además, queremos dejar claro que Futoi Karasu, como web y por virtud de nuestra línea editorial, está en contra de la mayoría de elementos que se muestran en esta película, los cuales van a ser comentados con ironía y sarcasmo, no como algo que apoyemos.

James Bond rodeado de mujeres en un baño tradicional japonés | © EON Productions

La película comienza no muy lejos de Japón: en China, lugar donde Bond parece estar disfrutando la compañía de una señorita, algo bastante común en sus aventuras. Tras terminar un largo beso, el agente especial pregunta que «por qué las chinas tenéis distinto saber que las otras chicas», tras lo cual ella le tiende una trampa. Así es como, aparentemente, muere nuestro héroe, acribillado por los tiros de dos asiáticos muy cabreados —una seña muy característica de los hombres asiáticos según esta película—. Y hasta aquí la película. O eso creerían los aquellos a los que este teatrillo iba dirigido, es decir, SPECTRA, la malvada organización que sirve de antagonista para las andanzas del espía. Y como ya había estado en China hace poco, pues qué mejor momento para los superiores de Bond del MI6 para mandarle a Japón a conseguir el mcguffin de turno.

Nada más pisar tierras niponas, James Bond decide pasarse a ver el deporte nacional de Japón, el sumo. Tras un seductor encuentro con una japonesa, ésta decide llevarle con su jefe, el contacto de Bond en Japón —cuyo actor es Charles Gray, quien encarnaría al malvado Blofeld en la siguiente entrega—. Henderson, que así se llama, le invita a pasar a su habitación, encuadrada en un marco extremadamente japonés, pero que contiene una gran cantidad de elementos occidentales. A raíz de ello, él mismo asegura que se niega a ser totalmente japonés, a pesar de llevar 28 años viviendo en el país. De nuevo, un asiático con mala leche entra en escena para apuñalar a este tipo por no respetar las costumbres japonesas —supongo—, al cual Bond empieza a perseguir rápidamente, rompiendo, cómo no, una puerta de papel en el proceso. No sería una película ambientada en Japón si no hubiera puertas hechas de papel que se rompen con un ligero golpecito. El tipo que, como buen japonés, lleva mascarilla, trabajaba para una empresa química que Bond había venido a investigar. Entonces, 007 se infiltra en un despacho haciéndose pasar por el asesino de Henderson y se enfrenta con el otro cómplice que tenía —rompiendo otra pared de papel en el proceso—, en un épico duelo de un sofá contra una katana —ndr: ojalá estar inventándome esta parte—.

No termino de tener muy claro dónde encaja esto dentro de la cronología de la película, pero me sale en Google al buscar Solo se vive dos veces… | © Atresmedia

Tras esta escena de acción, Bond conoce a Tanaka, su principal aliado y contacto a lo largo de esta estrafalaria aventura. Tras tomar un trago juntos, Tanaka y Bond comparten también un rato en las aguas termales, donde un grupo de atractivas mujeres japonesas les darán un baño ya que, citando a Tanaka, «(…) no hagas nada tú mismo cuando otra persona puede hacerlo por ti. (…) En Japón, los hombres son siempre primero. Las mujeres, después». En atención a ello, estas atractivas jóvenes se dedican a lavar todas las partes de sus cuerpos y, a posteriori, Tanaka le ofrece a una de las chicas que haga compañía al espía durante la noche, quienes están fascinadas por Bond por un único motivo, en palabras de Tanaka: «(…) el vello de su pecho. Los japoneses tenemos la piel bellamente pelada». Unas cuántas escenas de acción más tarde, Bond vuelve a enfrentarse a quienes parecen su némesis en esta película: los señores asiáticos cabreados. Tras este enfrentamiento—y un anuncio de un anime en Prime Video, cómo conocen a su público objetivo—, el agente es derrotado y maniatado a manos de una mujer que trabaja para la compañía mcguffin, quien, como toda mujer en las películas de James Bond, besa apasionadamente al hombre para engañarlo y después trata de estrellarlo dentro de una avioneta. «Las mujeres van a ser su perdición, Bond-san», le dice Tanaka. Cuánta razón tiene. Las desventajas de que el protagonista sea un machirulo.

Mie Hama en el papel de Kissy Suzuki | © EON Productions

Finalmente, a la vista de la dificultad de la misión, Tanaka le propone a Bond usar las tropas especiales de inteligencia del gobierno japonés, esto es, los ninjas. Por supuesto, esto es una referencia a cuando en las anteriores películas de James Bond le ayudaron loos gondoleros cuando visitó Venecia en Desde Rusia con amor. Estos ninjas, vestidos con indumentarias más típicas de samuráis que de ninjas y empuñando katanas, entrenarán al agente inglés en sus artes de combate para poder hacer frente a sus terribles adversarios —con un plano de otro señor asiático altamente enfadado de por medio—. Como parte del plan de infiltración en la isla donde los villanos tienen su base, Bond debe ser totalmente japonés, por lo que le harán una prótesis para la cara para que sus rasgos se asemejen más a los nipones y, por supuesto, casarlo con una japonesa de la isla. Una japonesa «muy fea» con «cara de cerdita». Sí, la imagen que acompaña este párrafo es este personaje, Kissy Suzuki —lo cual, por supuesto, no impide que acabe haciendo el amor con 007, como toda mujer en estas películas—.

Tras esto, Bond usará las artes ninjas aprendidas en su entrenamiento para hacer frente al malvado plan de la organización de villanos desde las sombras —por artes ninjas, nos referimos a un cigarrillo que dispara un mini petardo como si fuera una pistola—. Al no ser capaz de realizar la tarea en solitario, el resto de ninjas de Tanaka entrarán también a la acción, provistos de armas tradicionales ninja como son las katanas, los revólveres y los fusiles de asalto mientras se descuelgan torpemente con cuerdas. No será sin la ayuda de un shuriken desubicado que Bond sobrevivirá a un tiro casi a quemarropa que de otra forma hubiera sido letal. ¿Cómo que llevan revólveres y fusiles teniendo shurikens? Qué poco pensado… La aventura de Bond llega a su fin y, como toda cinta protagonizada por Sean Connery —ndr: que, por otro lado, me pregunto por qué cogieron a un actor escocés para hacer de un personaje inglés—, termina con él en una lancha salvavidas con la chica en paños menores o de forma sugerente.

Todo este artículo, como habéis podido suponer, es solo una mofa a la película para tratar de hacer mínimamente digerible algo que muestra comportamientos extremadamente machistas y, en algo de menor medida, racistas. Si bien es cierto que James Bond es un referente a nivel cultural por sus películas, agradecemos que las referencias al espía se queden únicamente en lo superficial y no copien sus conductas altamente misóginas. Afortunadamente, este enfoque ha ido cambiando con el paso del tiempo, especialmente desde que Daniel Craig tomó el papel de Bond, en cintas que se centran más en el componente de acción y espionaje. Solo se vive dos veces es, sin duda, un producto de su época y, como tal, tenemos que ser conscientes de la cultura y la sociedad que rodeaban a esa película y ese momento histórico.

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