A veces, cuando rememoramos nuestros tiempos de adolescencia, nuestra nostalgia no puede evitar detenerse en los años dedicados a la etapa educativa, tan llenos de alegrías y comedia como de desdichas y drama. Recordamos también a la gente con la que los compartimos y, normalmente, entre tantas buenas y malas memorias muchos llegamos a la misma incógnita: ¿Qué fue de aquel compañero? Quizás no era con el que más hablábamos, pero sí con quien quizá cruzábamos miradas puntualmente, por mero capricho de los campos de visión mutuos, quien además tenía cierta fama de extravagante y vivía a su manera.
Es un personaje así el que le da nombre a Yugami-kun ni wa Tomodachi ga Inai, manga publicado por Shogakukan y cuya serialización terminó hace unos cinco años. Está protagonizado por el homónimo Yuji Yugami, un estudiante peculiar cuya primera aparición en el manga tiene lugar ayudando a estacionar su bici a la recién llegada al instituto, Chihiro Watanuki. Agradecida respecto a su generosidad, esta no tarda en darse de bruces con la faceta más directa de Yugami en cuanto le toca sentarse a su lado en clase, «muy a su desdicha», como lamentan sus nuevas compañeras.
Jugador estrella del equipo de béisbol del instituto y forofo del rakugo, Yugami es la definición de persona movida exclusivamente por sus propios principios, de manera férrea. ¿Los principios en cuestión? En palabras del propio Yugami: «No tengo la necesidad de malgastar mi capacidad intelectual arrepintiéndome de relaciones pasadas, pues no soy una persona que requiera de amigos». Una declaración de intenciones por la puerta grande que le da título al manga, «Yugami no tiene amigos«, y capaz de ganarse la antipatía no solo de los personajes, sino de más de un lector. Pero, ¿hay aquí más de lo que a simple vista se pueda ver?

Puede que tras estas palabras uno encuentre el límite de su paciencia hacia el personaje retratado arriba. Chihiro, sin embargo, decide observar con más atención, convencida de que Yugami no es solo lo que muestran las apariencias. Conforme más leemos, más vemos al lanzador estrella lidiar con sus problemas del día a día. Sin dejar de ser seco y terco, vemos que a Yugami de verdad le importa ayudar, devolver favores y entregarse en cuerpo y alma a aquello que le interesa. Aun si sus gustos son muy diferentes respecto a los del resto de su clase, nos terminaremos poniendo de su parte pensando que, a veces, el problema se asienta realmente en las expectativas del resto del elenco.
Muchos de los dilemas de esta comedia escolar encuentran su origen en lo difícil que es leer a Yugami y en las respectivas asunciones erróneas. Los rumores corren como la pólvora y la visión que se tiene de alguien se distorsiona, asentada en mentiras ajenas a su control. La filosofía de nuestro protagonista hace que los rumores sobre él no le importen, pues sabe que no son ciertos y que la cultura adolescente pronto habrá pasado página a otro tema. Pero más allá de Yugami vemos como el resto de personajes lidian con esto, no logrando comprender a alguien a quien querrían considerar sencillo pero intentando dar algún que otro paso para entenderle mejor.
Se podría contextualizar a Yugami como un lobo solitario y si bien disfruta de la soledad, no reniega tanto de los amigos como de la idea de amigo en sí. Yugami muestra consideración hacia el resto de personajes y, aunque no dude en comentarles sus defectos de manera directa, espera que logren superarlos y aprecia lo que cada uno puede poner sobre la mesa. El espectador tiene por delante el mismo desafío que los personajes a la hora de enfocar al protagonista, porque para apreciarlo hay que entenderlo, pues no sale de la maldad todo lo tosco que diga.

Al principio puede parecer que a Yugami no le importa nada, pero acabaremos viendo que su modo de expresarse es diferente al creado por nuestras expectativas y con esfuerzo se puede encontrar terreno común para entender hasta a la más cerrada de las personas. Yugami siente pasión por el béisbol porque se le da bien, pasión por el rakugo porque le divierte, pasión por el bricolaje porque le satisface… Y aunque brusco en su diálogo, le gusta comunicarse sobre gustos mutuos con aquellos de su día a día para entender lo que le rodea.
Sigue una filosofía basada en ser fiel a sí mismo y tiene claros sus límites y fortalezas a la hora de comunicarse con el resto de la sociedad. Yugami nunca hará nada de lo que no aprenda algo o de lo que no se quede satisfecho tras trabajar en ello y es aquí donde radica la comedia de ponerle en situaciones que, si bien no le hacen gracia, le ayudan a aprender y desarrollar algo nuevo.
Yugami-kun ni wa Tomodachi ga Inai es un manga con el que nos podemos sentir identificados. No solo desde el ámbito de las memorias del instituto, pues nos aporta una visión más personal sobre quienes somos y cómo interactuamos con el mundo, sabiendo que al final somos quienes mejor nos conocemos a nosotros mismos. Todos los personajes logran tener su pequeño fragmento de filosofía con el que podemos entender qué experiencias nos hacen quienes somos. Yuji Yugami será muchas cosas en la cabeza del lector según este vaya leyendo —y razón no le faltará en varias de ellas— pero, ante todo, es un chaval que comprende que somos las personas más importantes para nosotros mismos.
