Hace ya varios meses que Shōgun finalizó su primera temporada en Disney+ España. Ya os traíamos, en su momento, nuestras primeras impresiones de la serie descrita por la opinión pública como «Juego de Tronos en el Japón feudal». Pues bien, una vez terminada, es posible afirmar que esta descripción no podría ser más simplista —partiendo de que las comparaciones, en este tipo de obras, son odiosas—. Bien es cierto que Shōgun relata una lucha entre clanes para hacerse con el trono del emperador y así instaurar los valores de cada bando, sí, pero en esta serie también se relatan muchas otras cosas de interés.
Una de ellas es el choque de culturas. En la obra, hay representantes de diferentes países de Occidente con alineaciones políticas muy diversas. Ya sea John Blackthorne —un marinero inglés que llega a Japón de casualidad, después de una empresa contra las bases portuguesas en el nuevo mundo—, un timonel español que siempre será amigo del más poderoso, la iglesia católica con un afán de cristianización, etcétera. Todo ello se enmarca en el Japón del sogunato Tokugawa, el cual se abría tímidamente al mundo y a su diversidad cultural. El encuentro entre todas estas realidades y pensamientos se hace presente para el espectador de una forma muy notoria, la variedad de idiomas que aparecen en la serie.
En su versión original, Shōgun contiene diálogos continuados en inglés y en japonés. La presencia del inglés es indiscutible —dado que es el idioma del protagonista y en el que está producida originalmente— y la existencia de diálogos en japonés es esencial para la trama, pues toda la acción se desarrolla en este país —incluso en la versión original, los diálogos en japonés son conservados—. En el momento en el que esta serie se traduce a otros idiomas, se da lugar a un caso bastante interesante: las partes en inglés son traducidas sin problema al idioma meta, pero los diálogos en japonés se conservan. Nosotros, como público, tenemos la ayuda de los subtítulos en nuestro idioma, los cuales siempre acompañan a estos diálogos. Sin embargo, el problema que esto causa en la trama es notable, pues, ¿cómo puede avanzar la trama con personajes que hablan dos idiomas tan diferentes en pantalla? La respuesta es simple, que tienen a una intérprete.
Mariko —o María, si se usa su nombre cristiano— es una sierva del Yoshii Toranaga, el daimyō de las tierras a las que llega el protagonista. Cuando los cristianos llegaron a Japón, ella acabó convirtiéndose a esa religión y aprendiendo el idioma, por lo que supone un activo indispensable para las operaciones internacionales de Toranaga y su trato con el protagonista, quien puede suponer un arma más importante de lo inicialmente previsto. Mariko, por lo tanto, acompañará al protagonista a lo largo de casi toda la serie, demostrando numerosos aspectos de la vida del intérprete bilateral y los conflictos personales que pueden surgirle a una persona que desenvuelve este papel. Así, el espectador será consciente de todos estos aspectos, al percibir la información en japonés por los subtítulos y la interpretación/mediación posterior de Mariko.
La interpretación: conceptos clave
La interpretación lingüística consiste en la comunicación asistida por un intérprete entre dos o más personas que hablan lenguas diferentes, para que el receptor comprenda un mensaje emitido en la lengua origen en la suya propia. Este es un proceso oral, en el cual el intérprete no solo traduce las palabras, sino que busca realizar las equivalencias culturales necesarias para que el mensaje sea correctamente transmitido y comprendido.
Este oficio se lleva realizando desde los orígenes de la humanidad, pero hay situaciones en las que su uso se volvió extremadamente habitual —como, por ejemplo, nuestro mundo globalizado actual—. Existe una gran variedad de modalidades de interpretación, las cuales son realizadas en ciertos contextos al obedecer a ciertas necesidades específicas. En todo caso, hay ciertas modalidades principales, las cuales suelen ser enseñadas en instituciones académicas a cualquier persona interesada en la interpretación.
– Interpretación simultánea: El intérprete traduce el discurso a la vez que se pronuncia o con pocos segundos de retraso, sin interrupciones ni pausas. Debido a la complejidad que puede alcanzar la situación, se necesita equipamiento de gran calidad para poder realizar este tipo de trabajos correctamente. Destaca en contextos donde es precisa una gran rapidez en la transmisión correcta de la información, sin dar tanta importancia a la forma del discurso. En la actualidad, por ejemplo, son usados en reuniones gubernamentales, donde se reúnen hablantes de diversas lenguas para llegar a un acuerdo. Los intérpretes de simultánea deben tener una gran capacidad de multitarea y un procesamiento casi instantáneo de la lengua, tanto la origen como la meta, para su comprensión y producción simultánea.
– Interpretación consecutiva: El intérprete dispone de pausas en medio del discurso para poder realizar la interpretación en el idioma meta hacia el público, contando con un lapso de tiempo similar al usado para enunciar el discurso original. Normalmente, el intérprete está visible junto al orador y toma notas para realizar el trabajo lo más fielmente posible. Debido a que el factor de exposición ante el público es mayor y se espera una mayor sensibilidad ante el discurso, las personas que realizan esta labor suelen tener nervios de acero y una gran capacidad para trabajar bajo presión.
– Interpretación bilateral: En esta modalidad, el intérprete actúa como un enlace entre las dos partes de la conversación. La persona A hace su intervención en su idioma y entonces el intérprete realiza la interpretación al idioma de la persona B. Después, la persona B enuncia su mensaje y el intérprete lo transmite en el idioma de la persona A. Esta interpretación tiene especial presencia en la actualidad en los servicios públicos, como en trámites de registro de personas extranjeras o urgencias hospitalarias, donde la conversación y el intercambio de información rápida es primordial.
Debido a la importancia del papel del intérprete en este proceso, los profesionales que lo desenvuelven suelen tener un código profesional ético y sólido que se debe respetar cada vez que realizan su trabajo. Uno de los principios morales de los intérpretes es la imparcialidad y la fidelidad a ambas partes, sin buscar favorecer a ninguna de ellas. Con todo, hay algunos contextos en los cuales también es necesario que el intérprete actúe como mediador cultural, añadiendo explicaciones necesarias de ciertos elementos culturales importantes, gestos, actitudes, información contextual que alguna parte puede no tener y demás. Por lo tanto, en un contexto profesional, se espera que un intérprete tenga el conocimiento suficiente de ambas culturas —no solo de sus lenguas— para realizar un trabajo impecable, en el cual incluso tendrá que sintetizar información correctamente en una situación de estrés, con apuntes culturales improvisados y, por supuesto, empleando un tono y unas formas agradables para quien le escuche.
La interpretación en Shōgun: conflictos morales
Como ya se ha comentado, el contexto histórico en el que se desarrolla Shōgun juega un papel decisivo a la hora de concebir las relaciones interculturales de los personajes. En las escenas en las que el protagonista interactúa con los elementos del país en el que se encuentra, es casi obligatoria la presencia de un agente mediador profesional e imparcial para que la comunicación llegue a buen puerto.
Ya en el primer episodio podemos ver el resultado de que el intérprete no tenga los principios morales o formación necesaria para su labor —un portugués condena casi directamente al protagonista ante las autoridades locales—, por lo que Mariko se vuelve un activo indispensable para que la colaboración entre el protagonista inglés y su daimyō sea fructífera. Su labor como intérprete bilateral destaca por su profesionalidad y su temple, pues, incluso si no recibió una formación específica en este ámbito, su fidelidad y gestión de situaciones de estrés concuerdan con las características mentales que tiene que tener un intérprete profesional. Durante gran parte de la serie, Mariko será la responsable de que a John no le corten la cabeza por descortés, siempre mediando sus palabras e instruyendo en los comportamientos correctos que se esperarían de un extranjero ante la nobleza local.
Esta proximidad forzada resulta en una relación de complicidad y colaboración en la cual ambos descubren comportamientos y filosofías de la otra cultura que los unen cada vez más y más, llegando incluso a un acercamiento sentimental. Este desarrollo de sentimientos por parte de Mariko pronuncia aún más su dilema moral, el cual ya no solo se limita equilibrar su fe personal con los intereses de su señor, sino que también deberá ignorar los sus propios sentimientos a la hora de actuar como intérprete.
El papel que desempeña Mariko en esta serie y las subtramas que envuelven y dan profundidad a su personaje no son casualidad ni una invención, pues en la época colonial e imperialista los intérpretes tenían exactamente funciones similares. Se podría establecer cierto paralelismo entre Mariko con La Malinche, mujer indígena nahua regalada a Hernán Cortés como ofrenda, quien se convirtió en su intérprete, consejera y mediadora cultural en la conquista de América —y también, según algunas fuentes, amante de Cortés—. Tanto Mariko como La Malinche son dos mujeres que están al servicio de un hombre poderoso y un imperio, el cual aprovechará sus habilidades lingüísticas y de mediación para asegurar éxito en sus relaciones internacionales y quienes, a su vez, estarán consideradas por algunos unas traidoras a su patria.
Sin duda, Mariko es un personaje que destaca a lo largo de la serie por su presencia siempre sosegada y entendedora del contexto en el que se mueve en su momento, consciente también de sus orígenes y aspiraciones. Todo esto, a sabiendas de que su oficio la ha involucrado en una trama política mayor que ella misma y por la cual podría perder la vida en cualquier momento. En la obra coral que supone Shōgun, ninguno de sus personajes decepciona en su construcción y capacidad de influir en el transcurso de la trama. Sin embargo, teniendo en cuenta el contexto de la misma, Mariko es uno de los activos más importantes en la construcción de la relación entre el protagonista y su medio. Esta serie expone numerosos temas relacionados con la época imperialista y el Japón feudal, pero también pone sobre la mesa el peso del choque de culturas y el hecho de que los intérpretes son una pieza clave en las relaciones internacionales.
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