La pasada temporada de anime de primavera nos dejó con un tono bastante marcado, los estudios apostaron de manera muy distintiva por obras musicales y no solo eso, sino que la mayoría también se atrevían con subtramas yuri más o menos descaradas. Pudimos ver adaptaciones como la inestable Whisper me a Love Song, que a día de hoy sigue esperando un final debido a problemas de producción; la conclusión de Hibike Euphonium y las obras originales de Yoru no Kurage wa Oyogenai y Girls Band Cry. Ya no solo podemos hablar de casualidad, sino más bien de alineación planetaria cuando además añadimos que la producción de tres de ellas estuviese a un nivel tan alto, cada una con sus puntos fuertes y salvando las distancias.
Sin embargo, el día de hoy queríamos centrar nuestro discurso entorno a la última: Girls Band Cry. El guion original de Toei nos cuenta la historia de Nina, una chica de pueblo que huye de su casa para poder labrarse un futuro en la gran ciudad y ser aceptada en la universidad mientras trabaja y estudia. Desde luego, siendo menor de edad y con las hormonas y los sentimientos a flor de piel esto no será nada fácil, mucho menos si tenemos en cuenta que sus otras cuatro compañeras de grupo también está lidiando con sus propios problemas personales. En un primer vistazo, la premisa no nos supone una innovación muy llamativa respecto a otras series del mismo corte, ya muchos otros han mezclado juventud y música, tanto idols como bandas al uso. Pero en este tipo de escenarios es donde podemos ver brillar una buena capacidad de construir historias y personajes, cuando alguien es capaz de tomar unos tropos y unos géneros usados y re-usados y hacer algo fresco e innovador.

Uno de los elementos que más destaca a priori es el aspecto gráfico, ya que la animación es casi íntegramente en 3D. Solo se prescinde del CGI en cosas más sencillas o secundarias, como por ejemplo los stills del ending o imágenes plasmadas en fotografías o escenas que carecen de movimiento. No es ninguna novedad que este tipo de animación es de los más castigados por la crítica profesional y también por los fanes, tan solo debemos echar un vistazo a lo que la gente dijo en su día de Aku no Hana, merecidamente o no, y lo que siguen diciendo a día de hoy cuando se intercalan escenas o elementos 3D con animación tradicional en 2D. Sin embargo, ni siquiera cuando estas se interpolan se ven grietas, no solo las escenas 2D están brillantemente integradas y cuentan con un estilo armoniosamente similar al resto de la serie, sino que no sería una locura afirmar que el CGI es uno de los puntos fuertes del anime. La animación 3D no es algo nuevo para Toei, quien para empezar ha sabido implementarlo brillantemente en series como Precure, y desde luego lo demuestran con creces en cada escena de Girls Band Cry.
Desde las expresiones faciales a los movimientos de los personajes en la escena, la animación está plagada de vida. Con a veces giros hasta caricaturescos, no da la impresión de que sea una animación o un acercamiento tosco, las chicas se mueven con fluidez y expresividad. El uso del 3D nos abre la puerta a un rango mayor de expresiones y movimiento sin que haya que explotar innecesariamente a los animadores. Sin ser necesariamente expertos en la materia, conseguir que un personaje tenga sutiles movimientos y cambios de expresión incluso encontrándose en el fondo de la escena es mucho más sencillo cuando ya tienes modelos creados que no necesariamente pierden detalle dependiendo de dónde se encuentren. No es así en la animación tradicional, donde para no perder calidad hay que hacer un uso más exhaustivo de los detalles y sobrecargar más de trabajo a los animadores. Esto da un resultado fascinante en la serie y no hace más que ganar cuando estamos tratando temas tan emocionales y que requieren de un uso tan grande de expresiones y elementos visuales e incluso de movimiento para transmitir las ideas que queremos en nuestra historia.

También tiene mucha parte del mérito que el director, Kazuo Sakai, fuese previamente el encargado de series como Love Live! Sunshine!! o haya participado en obras como Yuri Kuma Arashi o Dragon Ball Super: Super Hero. De la primera podemos comprender su entendimiento de los entresijos y vicisitudes de los animes sobre música y además de las relaciones entre sus diferentes miembros con el arte. Lo mismo podemos concluir de su participación creando el storyboard de Yuri Kuma, serie increíblemente plagada de referencias visuales y con un excelente manejo de sus personajes y las relaciones entre ellos. Por supuesto, el trabajar en películas como la última de las menciones, debe ayudar harto a saber manejarse en el tema del 3D y conseguir dirigir una obra que llegue a plasmar su historia y desarrollo tan bien en su animación.
No vamos a beber los vientos solo por el apartado visual. Como hemos mencionado anteriormente, la historia y los personajes de Girls Band Cry no son precisamente los puntos flacos de la obra. El elenco es mucho más diverso de lo que estamos acostumbrados a presenciar en este tipo de historias, desde una protagonista que dejó el instituto, a otra que dejó también el instituto pero se encuentra en un periodo completamente distinto de su vida, cosa que dará mucho juego a la hora de los paralelismos y el comentario subyacente de la trama. Otra chica frustrada con las expectativas familiares y dos amigas a las que situaciones de la vida han llevado a unirse para apoyarse mutuamente. Las historias que se cuentan son totalmente plausibles y se dan en nuestro día a día, no necesariamente en un calco 1:1, pero sí con la humanidad necesaria para que podamos empatizar con todas ellas en mayor o menor medida.
Algo muy interesante que se plantea y que es una rara avis en este tipo de historias es la presencia y la integración de elementos de la vida real que nos pueden resultar incómodos o que son delicados de tocar. Con esto nos referimos a temas LGBT y racismo. No hay que irse muy lejos para comparar el trato que se les da a estos temas, mientras que el contenido LGBT a veces solo se introduce como un elemento de fanservice gracioso y sin más trasfondo serio —cosa de lo que peca mucho Love Live— aquí es un elemento bien desarrollado y naturalizado. Sin adentrarnos en spoilers, en el primer capítulo se hace una referencia al compañero de piso gay de Momoka e incluso se habla más tarde de él y su novio. Tan real como la vida misma. Mientras que en el caso del racismo, una de nuestras protagonistas, Rupa, es hija de una madre japonesa y un padre del sur de Asia, por lo tanto su tono de piel es visiblemente más oscuro que el de sus compañeras y la gente de su entorno. El argumento no se recrea en esto, pero tampoco actúa como si las protagonistas viviesen en una burbuja ajena a las partes feas de la vida y saben mostrarlo en su exacta medida para que el público sea consciente de las dificultades que Rupa ha tenido y tiene que vivir en su día a día, a la vez, sin hacer un comentario sobre-explicativo tampoco.

Para ir cerrando, no sería un buen artículo sobre un anime musical si no hablásemos de uno de los indudables protagonistas: la música. Mientras que en el anime nos muestran una porción más que decente de las canciones de Togenashi Togeari, la discografía del grupo va mucho más allá. Si le echamos un vistazo a Spotify podemos ver lo bien que han organizado todo el tema musical y el esmero que han puesto en promocionar la banda como algo tangible fuera de la animación. Desde el uso de vestuario distintivo y diseñado de manera acorde a canciones distribuidas en álbumes y sencillos. Hasta la playlist oficial del anime tiene intermedios donde las mismas miembros de la banda comentarán y pedirán el apoyo de los fanes. Por supuesto, no es la primera banda ficticia ni será la última, pero es muy interesante ver cómo la música no solo está muy bien integrada en al obra, ampliando sus buenos aspectos, sino que además buscan lograr una fuerte presencia fuera de la serie. Al final, Toei si no está vendiendo juguetes, está promoviendo otras formas de ganar dinero y sabemos que el mundo musical es uno muy recurrente en este tipo de franquicias transmedia.
Poniéndole una nota final a este artículo, Girls Band Cry se presentó a sí misma como una serie muy sólida dentro del ahora abarrotado género musical en el anime y desde luego eso se mostró con la increíble presencia de su fanbase. A pesar de que la serie solo fue licenciada por una plataforma francesa, el resto de fanes de la rama angloparlante ha tomado cartas en el asunto y se ha puesto manos a la obra. Casi como en los 2000 con los fansubs de anime y los boyantes proyectos fan, la comunidad ha logrado por su cuenta popularizar y transmitir esta preciosa historia sobre el crecimiento personal y las relaciones interpersonales. Si podéis y encontráis la manera de hincarle el diente, os animamos a que le deis una oportunidad.
