“El joven Chihiro pasa sus días entrenando con su padre herrero. Algún día espera convertirse él mismo en un gran fabricante de espadas. El padre necio y el hijo severo estaban convencidos de que estos días durarían para siempre. Pero, de repente, llegó la tragedia. Un día oscuro empapado de sangre. Chihiro y su espada ahora viven solo para vengarse. ¡Acción épica de batalla con espadas!”
Esta es la sinopsis que se puede leer en Manga Plus de Kagurabachi, la nueva obra de Takeru Hokazono, que empezó a publicarse hace algo más de dos meses. Desde el primer día que se anunció, con esta sinopsis tan de manga de acción genérico, Internet entero no tardó en llenarse de memes bromeando sobre que teníamos ante nuestros ojos al mejor manga que de este siglo, que iba a ser “peak fiction”.
Siguiendo con la broma, y puede que con algunos creyéndosela, el primer capítulo tuvo más de 200.000 lectores en Manga Plus durante las primeras 24 horas. ¿Pero es Kaburabachi simplemente un meme llevado al extremo o es algo más?

Tras leer su sinopsis uno se puede dar cuenta al instante de que esta va a ser otra historia de un protagonista huérfano que debe hacerse fuerte para vengarse de aquellos que le arrebataron todo lo que tenía, algo tan manido y previsible que hace que algún lector se pueda dormir en las dos primeras páginas.
De hecho, en los primeros capítulos tenemos justo lo que promete la sinopsis, pero el autor hace uso de las elipsis para crear expectativas e incertidumbre. Tras presentar la relación entre un padre y un hijo, tenemos un salto temporal de tres años antes de que suceda la tragedia —la tragedia que todo el mundo sabe que va a suceder en este tipo de historia—. Mientras el lector se pregunta qué puede haber pasado durante este tiempo, se presenta de nuevo al protagonista, Chihiro, haciendo lo que uno esperaba que hiciera: partirle la cara a gente mala.
Al final, en el pequeño flashback en el que se explica lo que sucedió hace tres años el lector encuentra justo lo que esperaba encontrar de todas formas. Pero cuando esto sucede, uno ya está leyendo el segundo capítulo y ha tenido más tiempo para conectar con Chihiro y su cometido.
Sin embargo, el pobre Chihiro no es más que un edgy badass que viste de negro, con una cicatriz en la cara y con una habilidad inaudita con la espada. Si el lector es una persona que empatiza con este tipo de personajes estará completamente dentro de la historia pero si no, y si encima su trasfondo sigue siendo a largo plazo tan básico como el que ahora mismo es, seguramente pueda no conectar del todo con esto.
Para que quede claro, no hay nada malo en ser un espadachín negro edgy badass. Sin embargo, hay formas de hacer que este sea un personaje interesante, como que vaya más allá de lo que aparenta. El ejemplo más conocido de este arquetipo de personaje se encuentra en Berserk. Guts se siente un personaje tan rico porque su pasado se relata a través de un arco entero en el que el lector no solo tiene tiempo de empatizar con él, sino también con las personas que le rodean y los lazos que llega a formar con ellas. A esto hay que añadirle su ambigüedad moral y que detrás su objetivo de venganza se esconde una lucha contra la adversidad, la redención y la búsqueda de una razón real de ser.
Es un poco feo comparar una obra ya consagrada con una recién nacida como Kagurabachi pero aquí converge un punto esencial: el tiempo. Es imposible que en tan pocos capítulos se le dé a Chihiro un transfondo como el que recibió Guts. Pero pese a eso siempre hay formas de ir un poco más allá del tropo chico edgy que lo ha perdido todo. Y es que pese a que la construcción y el diseño del protagonista de la obra de Takeru Hokazono son lo que son, hay un detalle muy interesante en su estilo de pelea: peces de colores.

Estos peces son presentados al inicio de la historia y la calma y tranquilidad que transmiten contrastan muy bien con la dura ocupación de herrero de padre e hijo. Estos mismos peces aparecen también cuando Chihiro activa el poder de su katana. Unos animales tan inofensivos contrastan también al lado de la letalidad del filo de una espada y esto crea una imagen que lector difícilmente va a olvidar.
Además, Hokazono se encarga muy bien de demostrar que estamos viendo solo la punta del iceberg. Los primeros capítulos están plagados de detalles, pequeñas menciones a varios elementos que dan a entender que hay mucho que aún no sabemos y que, con tanto por contar a mínimo que algo funcione esta historia podría darle la vuelta a la tortilla completamente.
A veces es difícil darse cuenta de las cosas buenas de este tipo de historias cuando el lector viene con prejuicios basados en que está leyendo otra vez más de lo mismo. Kagurabachi puede sorprender en algunos aspectos, como también sorprenden nekketsus que se siguen publicando y nekketsus que se cancelaron a los 20 capítulos. Es muy pronto para dar una respuesta clara, hay que esperar a ver como se desarrolla, si es que las encuestas de popularidad le dan tiempo para desarrollarse.
Tampoco tendría que haber motivos para extrañarse de que se sigan repitiendo historias con los mismos patrones y tropos si estos llevan funcionando décadas. Lo interesante es ver como los autores pueden innovar y darle la vuelta a lo preestablecido porque si no, por mucho que gusten los nekketsu, si estos se siguen haciendo bajo el mismo molde y por mucho que funcionen comercialmente, esto lo que conseguirá es que el publico acabe hastiado y eso repercuta a largo plazo en la viabilidad de las obras.
En definitiva, digan lo que digan, Kagurabachi podría ser el mejor manga que se ha creado nunca y ya en su primer capítulo nos ha regalado más momentazos que en toda la historia de la ficción.
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