El año en el que estamos se está confirmando como uno de los mejores para los fans de videojuegos de cualquier tipo. Casi todas las semanas recibimos bombazos, uno tras otro, hasta el punto de que estamos ahogados entre indies revolucionarios y secuelas de sagas triple A legendarias. Pero entre estos extremos hay una serie de títulos de tamaño mediano pero con mucho mimo, que muchas veces son pasados por alto y hoy os traemos uno de ellos: Silent Hope.
Silent Hope —conocido en Japón como Frederica— nos traslada a un reino que ha pasado mejores épocas y que en el presente está directamente en ruinas. El rey, furioso con su pueblo, decidió robarle las palabras a sus ciudadanos y encerrarse en lo más profundo de lo que se conoce como «El Abismo». Su hija, empujada por la pena, empezó llorar hasta quedarse encerrada en un cristal hecho de sus propias lagrimas. Tiempo después, cuando todo estaba perdido, siete luces aparecieron del abismo con la intención de averiguar por qué empezó la debacle del reino e intentar conseguir que retornen las palabras.

Es aquí donde nos dan el control del juego, cuya historia se nos otorgará a pinceladas mientras vamos explorando los diferentes estratos del Abismo. En nuestras aventuras tendremos la opción de manejar a los siete héroes, cada uno representando una clase diferente, desde los típicos como el arquero o el mago hasta cosas más alejadas de lo usual como la granjera o la princesa —que funcionan como una suerte de geomante y monje, respectivamente—. Cada uno tendrá hasta dos clases evolucionadas desbloqueables mediante diferentes métodos, lo que nos dará acceso a diferentes habilidades. Con nuestro personaje elegido será entonces hora de explorar el abismo, que se divide en diferentes zonas, cada una con una suerte de pisos generados de forma procedural hasta llegar el jefe de turno. De forma similar a juegos como la franquicia Mystery Dungeon, los niveles serán una prueba de supervivencia donde no será tan fácil llegar hasta el ultimo piso del estrato, aunque para esto tendremos la capacidad de sustituir a nuestro personaje por otro de los seis que están arriba gracias a algunos cristales que aparecen de forma aleatoria, que también servirán para llevarnos a la superficie. Por otro lado, el sistema de combate es más similar a juegos como Diablo que a la saga antes mencionada, pues transcurre en tiempo real con una gran carga en el sistema de loot por rarezas.
Y ya que hablamos de éste, tenemos que mencionar la gran importancia de los sistemas de fabricación de objetos, que forman parte de la otra mitad del juego. Cuando volvemos a la superficie con la princesa, nos encontraremos en una suerte de hub donde los personajes que no controlamos se dedicarán a su oficio personal —con la excepción del viajero, que será un sustituto para el personaje que estemos usando—. Esto nos servirá para convertir unos materiales en otros y para crear nuevas mejoras con las que hacer nuestra aventura en el Abismo un poco más sencilla. La única excepción que no tiene como fin la creación de materiales o armas es el sistema de cocina, ya que dichos materiales nos permitirán hacer los diferentes platos que iremos encontrando en cada una de nuestras expediciones —con una cantidad un poco cuestionable de recetas que usan nabos, por alguna razón inexplicable—. El bucle de juego se acaba cimentando en explorar cada vez lo más profundo posible de la mazmorra, intentando llegar a nuevas zonas y vencer enemigos para poder conseguir mejores materiales, que a su vez refinaremos en la superficie para poder llegar más abajo aún en nuestro siguiente intento. Otras cosas que se podrán hacer fuera incluyen el cumplimiento de ciertas misiones —lo que nos proporcionará diferentes recompensas, incluidas de zonas a las que aun no deberíamos haber llegado— y la revelación de objetos para purificar armas oscuras y sacar algunas de alta rareza, ambos ofrecidos por la gran lágrima donde está encerrada la princesa del reino.

El apartado grafico, si bien es bastante simple, se muestra bastante limpio tanto en sus menús como en resto del juego, ya que apuesta por la sencillez en sus personajes y escenarios, además de por un fuerte énfasis en los colores planos. Aunque el funcionamiento del juego puede presentarse poco estimulante desde fuera, la sencillez de entrar a hacer una nueva partida en la mazmorra para llegar un poco más lejos, añadido a lo cómodo que se siente el combate hacen más que disfrutable entrar en su propuesta. Como contraparte, el hecho de que cada uno de los personajes suba de nivel por separado y solo pueda acumular experiencia cuando lo usas puede terminar por obligar al jugador a echar unas cuantas horas más de las planeadas farmeando casi desde cero si quiere aprovechar al máximo algunas de las mecánicas, como la sustitución antes mencionada. Sin embargo, es completamente posible pasarse el juego utilizando una sola clase, aunque no es recomendable, ya que cada personaje tiene su propio sabor. Si os ha sabido a poco la historia principal, además, tras los créditos se desbloquea un modo difícil para los primeros pisos —además de otras cosas que sería mejor no mencionar aquí para evitar spoilers— por lo que el título da pie a que lo juguemos durante muchas horas.
Tras unas 20 horas para terminar la historia principal, Silent Hope ha resultado ser un título más que decente, aunque forma parte de la gran marabunta de títulos que, si bien son destacables, pueden acabar siendo acallados por todas las obras maestras extremadamente famosas que están saliendo durante este año tan señalado. Pero desde Futoi Karasu os recomendamos que intentéis no quedaros solo en los lanzamientos más importantes, por muchos que sean, porque os podríais perder experiencias tan divertidas como esta. Quién sabe, a lo mejor el reino no es el único que se queda sin palabras.
Este análisis ha sido posible gracias a una clave cedida por Meridiem Games