Hace poco pasé por una etapa bastante negativa en cuanto a mi opinión de dos mangas que sigo semanalmente en la Weekly Shōnen Jump: One Piece y Boku no Hero Academia. Sentía que cada pelea, cada viñeta de acción, cada revelación y cada cliffhanger se me hacían secos y toscos y, si bien sigue habiendo elementos en ambas obras que me siguen haciendo arquear una ceja, diría que leer Jujutsu Kaisen ―JJK― me hizo replantearme el llevar algo al día.
JJK no es la panacea en sí, podría haber ocurrido cualquier otro manga que hubiese decidido empezar recientemente, pero sí es cierto que mi conocimiento por proximidad de la misma serie afectó a mi visión de las cosas. No paraba de oír y leer que tras el —ahora en emisión— arco de Shibuya, JJK decaía en cuanto a calidad, así que leí y leí hasta llegar a este punto de inflexión que era Shibuya. Es una serie de episodios que me fascinó por su importancia en el gran esquema de las cosas. «Ya está, se acabó lo bueno» me dijo la parte más influenciable de mi cerebro, así que dejé el manga a un lado hasta el día siguiente. Fue entonces cuando, al seguir y según avanzaba capítulos, noté que algo entraba en conflicto con lo que me habían dicho previamente, me lo estaba pasando muy bien post-Shibuya.

Tras el famoso arco seguía y seguía, sin llegar a encontrar la parte en la que JJK «se pone malo». Entonces, ocurrió lo que más temía, me puse al día. Llegando a entender ciertas críticas sobre como está la obra ahora mismo —aun en desacuerdo con ellas—, la tragedia de alcanzar el capítulo más reciente no se debe a esas críticas, sino al darme cuenta de lo difícil que es llevar una publicación semanal satisfactoria para el lector.
Cuando alguien ve una serie, suele tener que adaptarse al ritmo de la misma y su preparación previa. Meses de antelación son los que preparan el contenido de cada capítulo, todo para que, por consenso, cada episodio tenga aproximadamente la misma duración. No ocupa la misma franja de tiempo el leer algo que ver su adaptación y cada persona tiene un ritmo de lectura, ya sea más rápido o más lento, que le permite experimentar un manga hasta acabarlo o ponerse al día. Muchas publicaciones operan con una gran expectación detrás, sobre todo con la reputación que conlleva publicar en la Shōnen Jump, que hace que publicar semanalmente no sea positivo ni para autor ni para lector.
Un guionista puede tener una vaga o elaborada idea de como desarrollará el capítulo de una semana, pero un límite de páginas para hacerlo y, en muchas ocasiones, debe introducir un gancho para que la gente quiera leer el de la semana posterior. Cuando el lector tiene 100 capítulos por delante, tiene todo un campo que atravesar a su propio ritmo, cuando no tiene capítulos por delante y le toca esperar, el manejo del ritmo del capítulo es esencial. Se quiere que el episodio vaya a buen ritmo, pero teniendo que esperar una semana al siguiente, lo que termina inevitablemente por afectar a nuestra percepción y nos lleva a entender el ritmo general de la obra según se construye en lugar de como algo completo.

En el mundo de los cómics, la publicación periódica de tomos es algo inevitable cuando quiere relatarse una historia a gran escala. No es algo a abolir, más bien a revisar. La publicación semanal no da muchos respiros a la hora de preparar guion y dibujo y muchos mangas tienen un gran seguimiento a sus espaldas en una época en la que su internacionalidad ha traído una vocal respuesta, ya sea constructiva o destructiva, a lo que se lee.
Por suerte, siempre existe la capacidad de revisitar algo o dejarlo pausado una temporada. Esto nos da la oportunidad de hacer las paces con títulos que en su publicación nos exasperaban o parecían lentos. Aunque haya personas publicando spoilers al segundo de salir un capítulo, experimentar obras de todo tipo no es una competición. La expectación es una arma de doble filo, pues puede mejorar tu opinión de una obra al cumplirlas o empeorarla al no hacerlo, pero siempre hay que tener en cuenta que, nos guste más o menos, siempre hay un autor detrás intentando contarnos algo, dentro de lo que su publicación le permita.
Quizás revisitar Wano habiendo acabado o un par de arcos de Boku No Hero no cambien mágicamente mis opiniones sobre los respectivos mangas, pero me ayudarán a apreciarlos con otra luz, a mi propio ritmo y desatado del ritmo semanal y la fiesta de expectación colectiva, pues siempre está bien sacar una lección nueva de algo que dabas por concluido. Y si no, bueno, será por mangas.