Desde muy jóvenes se nos presiona continuamente —y a veces de forma inadvertida para nuestras inmaduras mentes— para que busquemos pareja cuanto antes. No es infrecuente sufrir en reuniones familiares porque nos preguntan si ya tenemos pareja, a pesar de que muchas veces nos encontramos en un momento vital en el que ni siquiera nos interesa crear un vínculo romántico con otra persona; por ejemplo, porque queremos centrarnos en nuestros estudios o porque simplemente preferimos salir con nuestros amigos o desarrollar las aficiones que nos apasionan. La adolescencia es una etapa especialmente complicada porque se espera de nosotros que empecemos a interesarnos por el género opuesto —por supuesto, la homosexualidad y la bisexualidad ni siquiera se suelen contemplar, y ya no digamos otras opciones como el arromanticismo y la asexualidad—, a pesar de que muchos jóvenes no se sienten preparados para tener pareja sentimental.
En el caso de las mujeres, esta presión es aún mayor porque socialmente está establecido que nuestra vida debe girar en torno a un hombre. Muchas veces se cuestiona que nos vistamos o maquillemos así o asá para llamar la atención de los hombres, cuando la realidad es que la mayoría de las veces elegimos nuestro aspecto por y para nosotras mismas y no para los hombres. Además, es esta misma presión la que lleva a muchísimas mujeres lesbianas a sufrir la denominada comphet o heterosexualidad obligatoria, por la que equívocamente creen que son heterosexuales o bisexuales, precisamente porque se espera continuamente de nosotras que nos atraigan sí o sí los hombres, cuando la realidad es que estas mujeres nunca han sentido atracción real por hombres, y darse cuenta de este hecho es revelador para ellas.

Y, por supuesto, la ficción que consumimos está impregnada de esta presión continua hacia el romance heterosexual, aunque, afortunadamente, cada vez existen más historias que representan otras orientaciones sexuales porque las cosas están cambiando. No obstante, en las comedias románticas en forma de manga y anime sigue siendo muy frecuente que se represente el tropo del chico o la chica que al principio no quiere enamorarse de alguien del género opuesto, pero que, entre pitos y flautas y tras mil enredos graciosos, acaba cediendo a esa presión.
Precisamente por eso es especialmente refrescante encontrarse una serie como Romantic Killer, conocida también por su título en español, La asesina del romance, aunque para abreviar a partir de ahora utilizaremos simplemente el título en inglés.
Romantic Killer tiene como protagonista a Anzu Hoshino, una chica con tres pasiones muy definidas: los videojuegos, el chocolate y su gato, Momohiki —aunque pronto descubriremos que se extiende a los gatos en general—. Anzu no tiene ningún interés en establecer una relación romántica con compañeros de su edad, pero un fatídico día aparece una misteriosa hada que se hace llamar Riri y que confisca todas las pasiones de Anzu, pues se le ha encomendado una misión: lograr que Anzu se enamore perdidamente de algún guaperas de su edad, y para ello debe renunciar a todo lo que pueda distraerla de este cometido, aunque signifique renunciar a toda su personalidad y lo que verdaderamente le apasiona.

A partir de este momento, Anzu decide convertirse en enemiga de Riri y resistir pase lo que pase, convirtiéndose así en la asesina del romance. Pero, sin embargo, Riri no le pondrá las cosas fáciles a nuestra protagonista, pues utiliza sus poderes para crear numerosas situaciones absurdas y surrealistas para forzar encuentros entre Anzu y diversos guaperas. El primero de ellos será Tsukasa Kazuki, compañero de instituto de Anzu que siempre tiene detrás a muchas chicas, pero tras varios desafortunados incidentes —provocados por Riri, por supuesto—, por culpa de los que acaba teniendo que vivir con nuestra heroína, descubrimos que realmente tampoco tiene interés en salir con ninguna chica. A partir de este momento, se generará una complicidad enorme entre ambos, además de demostrar continuamente que la amistad entre hombres y mujeres es perfectamente posible sin que haya intereses ocultos detrás. No será difícil que el espectador le tome aprecio a Kazuki por cómo trata a Anzu. Riri, en cambio, es uno de los personajes más fácilmente odiables del anime de los últimos años, aunque en su favor tenemos que decir que tiene muy buena evolución y que al final de la serie también acabaremos cogiéndole cariño.
Pero Kazuki no es el único pretendiente que Riri le buscará a Anzu; al ver que el romance con el compañero guaperas no cuaja, Riri acudirá al tropo del amigo de la infancia y reaparecerá Junta, amigo de toda la vida de Anzu, con quien jugaba a videojuegos cuando ambos eran pequeños. Y, por último, como resorte final, tenemos a Koganei, que encarna el tópico del chico rico que te conquista con muchos regalos. Romantic Killer supone una galería de los típicos tropos de comedia romántica, pero al mismo tiempo también sirve para cuestionarlos y criticarlos más que para preservarlos. Mientras que lo habitual sería que la protagonista cediera y acabara enamorándose de uno de los pretendientes que Riri le ofrece, Anzu, en cambio, se mantiene fiel a sí misma a lo largo de toda la serie.
Además, esta experiencia les sirve a todos para aprender ciertos valores; por ejemplo, Koganei acaba entendiendo que no está bien sobornar con regalos a alguien para que salga contigo. En general, es muy refrescante el ambiente de camaradería y complicidad que se crea entre todos, incluidos los propios chicos. Por ejemplo, aunque Junta confiesa pronto estar enamorado de su amiga de la infancia, nunca ve a los otros como enemigos a combatir y siguen siendo perfectamente amigos.

Por otro lado, también se establece la posibilidad de que Anzu ni siquiera sea heterosexual. Aunque no se diga explícitamente, es evidente que la protagonista de la serie no tiene interés en salir con chicos, y cuando aparece la hermana mayor de Kazuki, Anzu queda embelesada por lo guapa que es, por lo que perfectamente podría ser lesbiana o bien aro/ace. O, quizás, que simplemente el romance no es su prioridad y en este momento no quiere salir con nadie, ¡lo cual es totalmente respetable!
El caso es que, y nuevamente escapando de esa presión del romance hetero, Anzu es muy consciente de que no tiene por qué impresionar a nadie, simplemente porque no quiere hacerlo. En ningún momento oculta sus tres pasiones ni su ropa con estampados de gato, y en un capítulo Kazuki incluso le regala una pulsera gatuna. Anzu no tiene vergüenza para ponerse pijamas horteras y mal combinados o para ponerse ropa de andar por casa cuando está conviviendo con los otros chicos, y es que las mujeres no debemos nada a nadie, y menos estar guapas y siempre presentables. También nos merecemos tener nuestros gustos propios, nuestra forma de vestir (para nosotras mismas, no para los demás, y mucho menos para los hombres), y que no se nos cuestione por ello.
Romantic Killer es genial y fresco precisamente porque muestra a una protagonista segura de sí misma, que no se avergüenza de ser quién es y que, pase lo que pase, se mantiene fiel a sí misma. Además, no duda en confiar en sus amigos y en demostrarnos que, una vez más, la verdadera familia es la que se elige. Y es que a veces todo lo que quiere una chica es jugar a videojuegos, comer chocolate y acariciar a su gato mientras se apoya en sus colegas. Ya habrá tiempo para relaciones románticas. O no, porque no es algo imprescindible para vivir siendo feliz.