Por alguna razón, cuando echo la vista atrás, muchas veces me acuerdo de pequeños momentos de mi vida en los que veía anime doblado al castellano. Recuerdo ver el penúltimo capitulo de La ley de Ueki en casa de un amigo, al igual que tengo la memoria de repetir en bucle los compases finales de la cuarta serie de Digimon. Pero, por alguna razón, una de las cosas que más me vienen a la cabeza son distintos momentos de Zatch Bell, vistos en la ya difunta Jetix, pensamientos que siempre se acompañaban por la lastima de no poder terminar la serie al no haber sido emitida de manera completa en España. No fue hasta hace aproximadamente un año que decidí revisitar el manga, por recomendación de amigos, para saber como terminaba esta aventura y, por suerte, cerré el círculo encontrándome con el que sería uno de mis mangas favoritos.
Si bien Zatch Bell! —conocida en Japón como Konjiki no Gash Bell!, aunque se usará el termino occidental en el artículo— no es una serie particularmente desconocida, será bueno hacer una recapitulación: Cada mil años se celebra un torneo entre 100 mamodos —la versión original utiliza el termino mamono, es decir, demonio— para decidir al nuevo rey y a partir de aquí se nos narra las aventuras que Zatch, un pequeño participante con poderes eléctricos, tendrá con su compañero Kiyomaro, ya que todos los mamodos requieren de un compañero humano que enuncie sus hechizos. Con esta premisa, nuestros héroes empezarán a encontrarse múltiples aliados y enemigos, a cada cual más loco, para conseguir llegar a la cima y alzarse con la corona.

No pocas son las virtudes que Zatch Bell! ofrece pero si tuviéramos que quedarnos con una sería con la habilidad que este manga tiene para saltar entre el humor más estúpido y verdaderos puñetazos en el costado. Se dice mucho que es más fácil llorar con aquello con lo que has reído y este manga es la prueba de ello: bailes estúpidos sin parar, personajes de diseños estrambóticos y poderes igual de locos se yuxtaponen con pasados exageradamente trágicos, inocentes siendo obligados a luchar y, por supuesto, batallas sin cuartel hasta que uno de los personajes desaparezca, que suele equivaler a la muerte, si bien explícitamente no es tal. La figura del propio protagonista es el mejor ejemplo: Zatch es un niño bobo e infantil que a duras penas sabe entender el mundo que le rodea, pero al mismo tiempo es un chico idealista que solo quiere el bien para todos, por muy crueles y oscuros que puedan ser los enemigos con los que se encuentre. Su evolución de personaje le lleva a no dejar de crecer hasta terminar siendo un más que merecedor de ser un rey bueno —cuyo significado es troncal en los temas de la serie— y un héroe capaz de liderar y proteger al resto de los mamodos. El clímax final de la historia es el epítome de todas estas ideas, donde el idealismo desborda hasta en el momento más oscuro.
Todo esto está, como manga de batallas que es, acompañado de trepidantes combates, donde cada dupla de mamodo y humano se enfrenta con el objetivo de quemar el libro del adversario, que llevará al demonio a desaparecer y volver a su mundo. Estos códices están llenos de hechizos —cuyo lenguaje, aunque no tiene significado directo, es lo suficientemente consistente para considerarse un sistema de magia funcional— que los acompañantes de los mamodos enunciarán en voz alta para que éstos utilicen diferentes poderes, siempre alrededor de un elemento o concepto que dependerá de cada libro. Las batallas son siempre intensas y juguetean con estrategias y combinaciones, además de las propias habilidades, que siempre son lo suficientemente diversas para que cada combate escale aun más que el anterior.

Todo esto nos lleva a la historia de su adaptación animada. Debido a que Makoto Raiku se fracturó la mano, el manga tuvo un pequeño hiatus de meses que hizo que esa adaptación divergiera mucho de la trama principal. El arco de Faudo, que estaba saliendo por ese momento, cambió completamente su desarrollo por esto y llegó a echar por tierra muchos de los arcos de personaje que acabarían saliendo posteriormente en el manga. Sin ir más lejos, un personaje importante de la obra acaba muriendo y la pelea final se desarrolla de forma completamente diferente al manga, cosa importante ya que involucra la revelación del pasado de Zatch y de la importancia del Baou, su habilidad insignia. Además, el anime se quedó sin conclusión del torneo de los 100 mamodos al parar ahí y no adaptar el arco final, por lo que el resto del anime quedó en saco roto y los que lo seguían se quedaron sin ver el final de la aventura. Esto fue especialmente triste para los fans en castellano, ya que aquí ni siquiera se terminó el arco de Zofis. Acabado todo esto, no fue hasta quince años después que Raiku anunció, nada más y nada menos, que una secuela, que ocurriría casi una década después dentro de su universo. Si bien aun es pronto para juzgar, tiene pinta que tanto el juego entre el humor y el drama como el carisma de los personajes sigue manteniendo el nivel de la obra original, aunque el sistema nuevo de magia es un poco caótico.
Con todo, Zatch Bell! no deja de tener cosas que pueden echar para atrás, como una cantidad sorprendentemente común de chistes de tetas o un humor demasiado bobo que puede no encajar con según qué personas. Sin embargo, la serie del bueno de Zatch tiene suficiente corazón en cada una de sus batallas para que intentéis revisarla, esta vez en su versión original en papel que, en el día en el que se publica este artículo, estrenará el segundo volumen de su reedición en España tras un parón de medio año. Estamos en una buena época para los mamodo con la llegada de la secuela, lo único que faltaría es que saliera la adaptación al anime que esta serie merece. Mappa, traed la batalla final de Zatch Bell! al color, por favor.