Me gusta crear historias. No creo que vayáis a leer una obra firmada por mi al no dárseme bien plasmarla al completo en cualquier medio, pero sí es cierto que llevo desde que tengo uso de razón abocetando mundos y aventuras que han definido, a su vez, mi forma con relacionarme con la ficción y las distintas formas de contar que tiene ésta. Por eso, aunque cauto ya que desconocía como funcionaba el rakugo, me metí de lleno en una de las ultimas novedades de la archiconocida Shonen Jump. Afortunadamente, os puedo asegurar que la obra de la que vamos a hablar hoy no me ha dejado indiferente.
Akane-banashi —cuya traducción sería «Las historias de Akane», utilizando el sufijo -banashi como doble sentido al usarse éste en la disciplina en cuestión— fue un manga que comenzó a principios de 2022 escrito por Yuki Suenaga e ilustrado por Takamasa Moue. En él se cuenta la historia de Akane Osaki, cuyo padre fue expulsado de la reputada escuela Arakawa bajo extrañas circunstancias, haciendo que abandonara el arte del rakugo en general. Es por eso que Akane se enrola —con la ayuda del antiguo maestro de su padre— en esta noble disciplina para saber la causa de este abandono, lo que le llevará en un escarpado ascenso lleno de aliados y enemigos. Como podéis imaginar desde un principio, el motor que mueve a la trama es el propio rakugo, pero no hay que preocuparse si no entendéis como funciona —el que escribe estas líneas lo conocía únicamente a través de referencias en juegos— porque el manga hace un trabajo impecable en, no solo en conseguir que el lector entienda como funciona y se quede con pinceladas —sorprendentemente sin abrumar, cosa que es un logro con lo compleja que es esta destreza— sino en hacer que algo tan a priori arcaico como el rakugo sea estimulante e interesante para el público, independientemente de si conoces o no la cultura de la que procede.

Sin embargo, por lo que brilla Akane-banashi es por como lleva el trabajo de contar historias, y aprovecha la disciplina del rakugo para exprimir esta idea al máximo. Por si no la conocíais, esta disciplina consiste en contar relatos de comedia en forma de monólogo e interpretando a los personajes que están en estos. Una de las características que tiene es que todos los cuentos que se narran se van enseñando de maestros a alumnos y se considera que cada rakugoka tiene su propio repertorio, por lo que las narraciones parten de una lista limitada. Es aquí donde el manga explora a cada personaje y su respectiva forma de contar en función a sus experiencias o personalidad. Como si de un nekketsu se tratara, cada uno de los participantes de los diferentes espectáculos es tratado como si tuviera un estilo de narración propio y singular, haciéndolo similar a una forma de combatir. Tal vez un personaje cuenta su historia como si fuera un vendedor ambulante, con movimientos rápidos y tratando de ganar la atención del espectador con estos, o tal vez hay alguien que aprovecha los contrastes de volumen entre momentos serios y momentos divertidos para causar impacto, lo que hace que el mismo relato sea completamente diferente según quien lo cuente. Esto, más allá de la disciplina que trata, es algo mucho más cercano a la relación que tenemos los seres humanos con las historias y nos acerca a una exploración de como tenemos nuestra forma de percibir el mundo y, por consiguiente, de mostrar nuestra visión de este a los demás.
Esto, además, está apoyado por un conjunto de personajes —tanto femeninos como masculinos— llenos de personalidad y matices, que son explorados durante sus momentos de narración. Es aquí donde encontramos desde aliados encantadores hasta antagonistas que nos harán pensar que tal vez no hay algo realmente tan simple como buenos y malos y que nosotros, como Akane, iremos descubriendo un mundo de grises, siempre con un enfoque optimista gracias a nuestra protagonista, cuya pasión, talento y tozudez consiguen que estemos enganchados a sus aventuras. Su arte tampoco deja nada que desear. Si bien no es efectista y apuesta por mostrar las cosas como son cuando estamos entre bambalinas y vemos el día a día de los personajes, en los propios eventos de rakugo es cuando se desata y contrasta con un estilo similar al trazo de pinceles tan común en el imaginario japonés que combina con diferentes técnicas en algunos personajes, como el uso de caricaturas en las narraciones de Karashi Nerimaya, uno del grupo de novatos con los que se cruza nuestra protagonista.

Es bastante difícil encontrar defectos para una obra tan propia, pero si hubiera que escoger uno, probablemente sería que su nicho hace que pueda perder el interés del lector generalista, que, junto con la dificultad de mostrar en anime los propios espectáculos, hace difícil que crezca en popularidad, especialmente en Occidente. Para cerrar este artículo, es curioso mencionar que Akane-banashi —además de haber sido el ganador en el manga revelación de los Canuck del año pasado— ha llamado la atención de gente del propio mundillo. Figuras como Eiichiro Oda o Hideaki Anno, gente tan conocida en los círculos del manga o anime que ni siquiera hace falta mencionar su trabajo, no se han cortado a la hora de llenar de alabanzas el trabajo de Suenaga y Moue. Es interesante saber que expertos en ficción han dado el visto bueno a algo que explora este mismo arte. Porque contar bien las historias es importante, y en contar la suya Akane lo borda.
Pingback: ¿Como ha vivido la Weekly Shonen Jump el 2025? | Futoi Karasu
Pingback: Deberías leer Undead Unluck | Futoi Karasu