Aviso: Este artículo contendrá spoilers de la trama de Final Fantasy X, así que, si no lo habéis jugado aún, os recomendamos que dejéis este artículo para después
Cuando nos encontramos ante situaciones que no podemos resolver, intentamos solucionarlas de todas las formas posibles. Sin embargo, si dichos escenarios se prolongan en el tiempo, es probable que dejemos de intentar arreglar los percances y que simplemente nos dejemos llevar, pensando que no se puede hacer nada para cambiar las cosas aunque existan otras alternativas. En psicología, este fenómeno se conoce como indefensión aprendida. Este término se utiliza para hacer referencia al comportamiento de aquellas personas que perciben una total ausencia de control en su día a día y prefieren reaccionar pasivamente ante ello que tomar cartas en el asunto. Es lo que sucede en el caso de los habitantes de Spira, ese mundo ficticio en el que se sitúa la historia de Final Fantasy X, uno de los videojuegos más aclamados de la franquicia que sigue cautivando los corazones de la gente a día de hoy.
En nuestra web, ya os hemos hablado de las reflexiones que nos aporta este videojuego respecto a la libertad humana, y por eso en este artículo nos vamos a centrar en la parte psicológica de éste. Para ello, vamos a explicar la situación en la que se encuentra Spira antes de la llegada de uno de los protagonistas, Tidus, y cómo la mentalidad va cambiando a medida que avanza el viaje de nuestro elenco de personajes principales.
Al principio del videojuego, se puede observar cómo Tidus viaja al futuro tras escapar de Sinh, una criatura cuya misión es castigar a los humanos por su arrogancia a la hora de usar una tecnología capaz de destruir civilizaciones enteras. Tidus llega a una Spira donde las circunstancias distan mucho de ser las mismas de sus recuerdos. En primer lugar, el uso de la tecnología es prácticamente nula, exceptuando los casos que permite la iglesia de Yu Yevon, como puede ser en el blitzball—un deporte parecido al waterpolo que se juega tanto en la Spira del pasado como del futuro como forma de entretenimiento para el pueblo—o aquellas circunstancias que consideren oportunas los clérigos del culto, como es el caso de la Operación Miihen, la cual explicaremos un poco más adelante.

A continuación, nuestro jugador de blitzball favorito se topa con la particular estructura política y social de la propia Spira. Uno de los personajes principales del juego, Auron, lo compara con una espiral de muerte donde todo se centra en ésta. Así descubrimos junto a Tidus que los invocadores son una especie de figuras mesiánicas que son capaces de enviar a las almas de los caídos al Etéreo—el más allá—y además pueden contar con la ayuda de una serie de seres mágicos conocidos como eones para luchar contra los monstruos que asolan la región. Estos monstruos son almas que no pudieron ser enviadas a tiempo y por la envidia que tenían de los vivos se convirtieron en esos seres terroríficos. Los invocadores consiguen eones gracias a los oradores, un conjunto de personas que ofrecieron sus almas voluntariamente para poder crear las formas físicas de los eones. Para conseguirlos a todos, han de realizar un peregrinaje donde serán acompañados por una serie de guardianes para evitar que el invocador perezca por el camino, hasta llegar a las ruinas de Zanarkand. En este lugar, se encuentra Yunalesca, la oradora que aporta la invocación suprema para vencer a Sinh y así conseguir un periodo de tranquilidad conocido como Calma. Este periodo es finito, pues Sinh es capaz de revivir y, de esta forma, proseguir con el ciclo de destrucción que asola a Spira.
La muerte convertida en el eje central del juego no sólo nos permite observar distintas perspectivas respecto a esta misma, sino también nos otorga un razón clara para entender a los habitantes de esta región, los cuales han dejado de luchar hace mucho tiempo y han decidido resignarse al destino que creen merecer por sus pecados pasados.
Por último, pero no menos importante, Tidus y los propios jugadores descubren el verdadero significado de la invocación suprema. Conseguir ese tipo de invocación es sólo un parche temporal para la salvación de Spira porque se necesita un recipiente para ésta, que suele ser uno de los guardianes que acompañan al invocador. Además, el propio invocador muere durante el ritual y aún si se consigue vencer a Sinh, la realidad es que volverá, pues Sinh no es nada más y nada menos que la armadura de Yu Yevon, el invocador que creó inicialmente la religión que regula la región para evitar que se vuelva a utilizar la tecnología que en su día provocó una guerra en la Spira de antaño.

Así nos encontramos con un panorama de tono pesimista desde el minuto uno y lo vamos descubriendo a la vez que Tidus, lo cual no sólo sirve para aumentar el factor sorpresa a la vez que se descubren las bondades de Spira, sino que aporta una nueva perspectiva. Un nuevo punto de vista de alguien ajeno tanto a la situación de la región como las enseñanzas de Yu Yevon y que, por tanto, no se ve tan influenciado en la tónica que se lleva repitiendo durante un largo tiempo. De esta forma, tanto los compañeros de aventura de Tidus como las personas que se encuentran durante el peregrinaje observan que realmente aquello que se suponía establecido e inamovible, se puede modificar.
Hay que recalcar que existen momentos donde los habitantes de Spira muestran cierta tenacidad e intentan cambiar la situación, como es el caso de la Operación Miihen, que anteriormente mencionábamos. En esta estrategia participan el culto de Yu Yevon, los albhed—raza de humanos que sí que utiliza aparatos tecnológicos y que por tanto son repudiados por la iglesia de Yu Yevon—y la Legión, una organización de guerreros voluntarios cuyo objetivo es proteger a los civiles de la amenaza que representa Sinh. El objetivo de la operación era utilizar a uno de los brotes de Sinh como cebo para así atraerlo y acto seguido, atacarlo con las máquinas de los albhed y las fuerzas conjuntas de la Legión y la iglesia de Yu Yevon. Desgraciadamente, esta operación sólo se trata de una trampa tendida por los altos cargos religiosos para deshacerse de aquellos que osan desafiar las enseñanzas de Yevon. Así, tanto la Legión como gran parte de los albhed perecen en la batalla, lo que se convierte en un punto de inflexión para nuestros protagonistas, ya que quien se supone que debe proteger a su pueblo, lo aniquila si no se comporta tal y como se le ordena.

De esta forma, se empiezan a cuestionar por qué la tecnología está prohibida o por qué, pese a las incontables invocaciones supremas, Sinh continúa volviendo. Con este tipo de reflexiones, la indefensión aprendida que se manifestaba en nuestros personajes comienza a tambalearse y se busca una tercera vía para intentar cambiar el destino de sus habitantes, para buscar una Calma Eterna. Y este comienzo se da gracias a nuestro protagonista, pues pese a ser un ignorante respecto a su alrededor, cuenta con una curiosidad y un contexto libre de creencias que le permiten romper el bucle de resignación que se había creado en aquellos que lo acompañan. Al comienzo de este artículo, habíamos establecido una correlación inversa entre el tiempo que dura una situación adversa y la motivación que pueden mostrar las personas para resolverla. Con Tidus se nos da la variable que rompe esa relación, pues no sólo pone un límite a la situación, como puede ser la batalla definitiva contra Sinh, sino que también muestra una actitud optimista que choca de frente con el ambiente de Spira, y de esta forma, consigue imbuir en sus compañeros el coraje que les hace falta para hacer frente a los obstáculos que se presenten por su camino.
Es fácil caer en un sentimiento de desesperanza total cuando se cree que no se puede hacer nada al respecto, porque por mucho que hagamos, las circunstancias no van a cambiar. Sin embargo, Final Fantasy X nos muestra que aún si parece que estamos en una espiral infinita de tristeza, nuestro destino puede cambiar en el mismo momento en el que decidimos actuar. Cada uno escribe su propia historia, y ésta puede estar llena de oscuridad o llena de luz en función de las decisiones que tomemos. No siempre es fácil, y eso nos puede abocar a utilizar mecanismos que nos alejen de nuestros objetivos e ideales, como puede ser la indefensión aprendida. Al final, tal y como nos muestran los protagonistas, lo importante es decidir y ser capaces de romper el ciclo que nos mantiene anclados, pues sólo así, podremos avanzar.
