Black Bird y el ryōsai kenbo

Aviso: Este artículo contendrá spoilers de la obra Black Bird y tratará el tema del abuso sexual. Si sois sensibles a esta temática, tened cuidado.

Los mangas ubicados en la demografía del shōjo se originaron como medio para transmitir valores tradicionales a las mujeres cuya edad se situaba entre los doce y los diecisiete años. Era un vehículo pedagógico conservador que se centraba en el ryōsai kenbo, una expresión utilizada para representar el ideal de mujer a finales del siglo XIX en Japón, que significaba “buena esposa y madre sabia”. Junto al trabajo estilístico de autores como Makoto Takahashi, se dotaría al shōjo de su particular estética, con protagonistas de grandes ojos y figuras esbeltas. Se comenzaba así a configurar una serie de estereotipos que las mujeres japonesas de aquélla época debían cumplir. Estos esquemas irían evolucionando a lo largo del siglo XX con obras como La Princesa Caballero de Osamu Tezuka y La Rosa de Versalles de Riyoko Ikeda, donde se produciría una subversión de las ideas que hasta entonces se habían estado alimentando. De la mano de las autoras del grupo del 24, el shōjo pasaría a transgredir los límites patriarcales que le habían sido impuestos y generaría así un espacio creado por y para ellas

Aun así, no todo es color de rosa en este mundillo, y a veces nos podemos encontrar con mangas de este siglo que siguen perpetuando los ideales del ryōsai kenbo. Es el caso de la obra que vamos a tratar en este artículo, conocida como Black Bird. Este manga, escrito e ilustrado por Kanoko Sakurakouji, llegó a España de la mano de la Editorial Ivrea en forma de dieciocho tomos entre los años 2008 y 2013. Estos volúmenes tratarían la historia de Misao Harada, una adolescente capaz de ver criaturas sobrenaturales y con una sangre especial que atrae a dichos seres. Al ver su vida amenazada, es protegida por su amigo de la infancia, Kyō Usui. Éste le revelará su verdadera identidad, pues Misao es “la novia de la profecía” también conocida por el nombre de senka. Por tanto, aquel clan de monstruos que logre integrarla en su familia gozará de prosperidad y poder para la eternidad.

Portada del primer volumen del manga Black Bird/ © Editorial Ivrea

A simple vista, esta obra cuenta con una premisa que os puede sonar bastante de mangas como Vampire Knight o He’s My Only Vampire. Una joven tiene un poder inimaginable y se encontrará en todo tipo de situaciones críticas mientras se desarrolla su relación romántica con ese amigo de la infancia que siempre ha estado enamorado de ella y casualmente es uno de los hombres más poderosos del universo propuesto por la obra. Aunque puedan existir otros intereses románticos y su amigo pueda incurrir en comportamientos violentos y machistas, la protagonista le defenderá y se quedará a su lado hasta el final. Y es en esta forma de actuar donde verdaderamente se termina por perder la personalidad de nuestra heroína, si es que existía alguna para empezar.

A lo largo de la historia se puede apreciar que realmente Misao no existe como persona libre, con ideales propios. Se desarrolla a través de tres papeles: el de hija al principio del manga, el de esposa según se desarrollan los acontecimientos y el de madre durante el final de la obra. En el comienzo, se nos muestra a su padre sobreprotegiendo en exceso a Misao con tal de mantener su pureza e ingenuidad. Al reencontrarse con Kyō, comienzan sus primeros contactos íntimos con éste, aunque no sea siempre de forma consentida o sin llegar ella a estar cómoda realmente. De hecho, durante la primera relación sexual que mantienen, se puede apreciar que el momento de la penetración se intercala con la imagen de un ave que desgarra la piel y deja manchas de sangre. Con esta metáfora se nos muestra cómo la protagonista “se ha convertido en mujer”, y más concretamente, en la esposa de Kyō, legitimando así las ocasiones posteriores donde la protagonista llega a ser abusada verbal y sexualmente por su propio marido.

El embarazo de la protagonista sólo trae consigo nuevas problemáticas, pues se dice que las senkas, tras dar a luz a sus primógenitos, pierden la vida durante el parto. Este hecho sucede porque su poder se traspasa a su descendencia. Y esto es algo que Kyō quiere evitar a toda costa, llegando incluso a presionar a su mujer para que aborte pese a la oposición de ésta. El aborto nunca llega a darse ya que Misao le hace ver que prefiere tener al bebé y preservar el clan antes que salvarse a ella misma. Así acaba naciendo el hijo de la pareja, mientras Misao conserva su vida debido a su fuerte conexión con Kyō, por lo que acaban viviendo todos felices y comiendo perdices.

El momento en el que Misao tiene su primera relación sexual/ © Editorial Ivrea

En esta obra se puede apreciar cuál es la cualidad que más se valora en una “buena esposa y madre sabia” y es la abnegación. Misao jamás se prioriza a sí misma y cumple las expectativas de los demás sin rechistar, aunque eso pueda traer consigo consecuencias terribles como los escenarios de abuso y coacción en los que se encuentra a lo largo del manga. Por esta forma de ser, tampoco sabemos cuáles son los proyectos o los deseos de nuestra protagonista y acaba convirtiéndose en un sujeto pasivo dentro de su propia historia pese a tener poderes especiales.

Hay que remarcar que, al final de algunos volúmenes del manga, se pueden encontrar tiras cómicas realizadas por la propia autora, donde se revelan ciertas ideas que poseía y no llegaron a ver la luz gracias a los “consejos” de sus editores. Y es así como, en el tomo número catorce, se nos revela que realmente dentro del propio clan Usui hay demasiados hombres con cargos de responsabilidad que inicialmente estaban pensados para que los ocupasen mujeres, entre ellas, nuestra protagonista Misao. Sin embargo, cuando comunicó sus ideas al editor, éste hizo oídos sordos bajo el pretexto de que la historia sería más creíble y más exitosa si dichos papeles eran encarnados por varones, para ser fieles a la tradición japonesa.

Aunque la anécdota se cuenta en un tono trivial, podemos entrever las verdaderas intenciones de la mangaka. Los editores suelen tener la última palabra sobre lo que se puede o no se puede publicar. Por tanto, nos encontramos ante editoriales que monopolizan el mercado y que además poseen indirectamente un carácter político ya que propagan valores específicos mediante las obras que deciden publicar y las que deciden dejar en el olvido.

Los adolescentes suelen recurrir a las historias que les proporcionan distintas formas de entretenimiento, como los mangas o los videojuegos para mejorar su conocimiento de las relaciones humanas de una forma sencilla y divertida. Así lo demuestra la investigación realizada por Ingulsrud & Allen para el libro que publicaron en el año 2009 titulado Reading Japan Cool: Patterns of manga literacy and discourse. Algunas estudiantes declaraban que solían escoger mangas shōjo porque suele haber romance y así pueden aprender a enamorarse. Varios estudiantes también citaron la palabra «sueños» como una de las razones para leer manga, afirmando que les gustaba este medio porque enseñaba los sueños y aspiraciones de los personajes de una manera mucho más detallada y visual, y se podían llegar a sentir representados o, al menos, podían empatizar con sus protagonistas en algún aspecto. 

Por tanto, observando el valor pedagógico que puede tener el entretenimiento, junto al papel que juegan los editores a la hora de ser intermediarios entre los autores y el público, no podemos ignorar que los mangas pueden llegar a ser obras que cambien las perspectivas de las personas, tanto para bien como para mal.

El ideal al cual aspirar según el ryōsai kenbo / © Editorial Ivrea

En el caso del manga shōjo, hemos visto que lo que se muestra como un sueño, un ideal o un deseo no está exento de proyectos políticos y pedagógicos. Si bien es cierto que la demografía va transformando las bases en las que se creó, aún siguen existiendo obras que promueven valores excesivamente tradicionales en detrimento de la figura de las protagonistas en el manga, como es el caso de Misao en Black Bird. A través del papel de hija, esposa y madre obediente, una mujer encuentra su lugar en la sociedad y de esa forma puede llegar a sentirse realizada como ser humano. Con Black Bird, observamos a Misao encajar gradualmente dentro de este perfil, abandonando gradualmente su infancia y ajustándose así los estándares requeridos.

Al mismo tiempo que se presenta el sueño, se naturaliza. Se sueña con ser esposa y madre porque esto es lo que una debe soñar. Las lectoras aprenden e identifican los valores presentados y muchas veces llegan a reproducirlos en la vida real. El ciclo comienza de nuevo. Y es por esa razón que sólo con una abundante variedad de alternativas, donde entren historias de todo tipo, podremos hacer frente a esta influencia tradicional. Esto no significa que haya que demonizar el concepto de familia, pero sí debemos cambiar lo que implica para las mujeres. Estar casada o tener hijos no debería ser sinónimo de abandonar otras aspiraciones para acabar convirtiéndose en un personaje de apoyo. Dichos aspectos deberían ser solo una parte más de nuestras protagonistas, una que las describe, pero no las define por completo, y sólo de esta forma las mujeres pasarán de ser sujetos pasivos a las verdaderas protagonistas.

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