Es hora de poner punto final a Hakuōki

Otomate es, a día de hoy, posiblemente la empresa más grande de entre las creadoras de otomes en Japón. No la única grande, claro, pero sí la que controla buena parte del mercado —tanto japonés como occidental, a través de las localizaciones—. Casi todos los títulos comerciales que nos llegan, precisamente, son de esta compañía. Hay excepciones, claro, ya que algunas compañías como Voltage o Hunex localizan sus propios juegos, pero el reconocimiento e importancia que tiene la submarca de Idea Factory en el mercado es innegable.

Su primer juego se remonta a 2005, lo que significa que está a un par de años de cumplir la veintena en funcionamiento, sacando siempre juegos nuevos con una regularidad bastante importante. Haciendo cuentas, han publicado unos seis o siete juegos por año en los últimos tiempos —que, hablando de un género nicho, aunque no lo sea en Japón, sigue siendo una cifra altísima—. Así, no es de extrañar que su posición en el mercado no se vea afectada, aunque algunos juegos parezcan dejar claro que, en ocasiones, importa más la cantidad que la calidad, aunque eso es tema para otro artículo. Así, esta empresa cuenta con títulos tan famosos como son Amnesia o Hakuōki, el quid del día de hoy. 

Es comprensible que, cuando un título vende, no lo quieras soltar porque, al final, pasa a ser casi una imagen de la empresa. Si el público te sigue dando dinero, lo normal es seguir produciendo, ¿no? Otomate ha hecho precisamente eso: aunque siga trabajando con otros títulos, no ha dejado descansar a Hakuōki —que se publicó por primera vez en 2009 en Japón—, sacando nuevos spin-offs, fandisks, secuelas, secuelas de secuelas, precuelas, precuelas de precuelas, historias alternativas en el mismo universo y casi hasta los orígenes del universo y, por sumar, hasta la fórmula de la Coca-Cola. Ojalá exagerar con la lista, pero un vistazo rápido en la VNDB nos muestra que existen hasta trece títulos para esta saga —aunque hay que contar otro más, no incluido en la lista dado que es un musou—:

© VNDB

El título puede dar hasta cierto punto de sí, eso es cierto: tienen un universo que pueden explorar dentro de unos límites, quieras que no, establecidos. Se puede estirar el chicle, está claro, ¿pero hasta qué punto merece la pena seguir contando cosas, y cosas y cosas? El juego original contaba con seis intereses románticos, los siguientes incluyeron otros seis más, cuatro de ellos totalmente nuevos, personajes de los que no se había hablado nunca en la historia del primero, aunque el argumento no varía demasiado y llega al mismo desenlace. La historia puede derivarse tanto que, en el caso de Hakuōki Reimeiroku, estamos ante una novela visual a secas —dicho de otro modo, sin ninguna mecánica de dating sim en una saga que nació siendo un juego otome—. Ojo, eso último no tiene nada de malo, es hasta una forma interesante de expandir el universo. Pero hasta qué punto. Por supuesto, esta saga no se queda únicamente en el mundo de los videojuegos. También tiene manga, anime —hasta diez series incluyendo películas, ovas y diferentes temporadas—, un live action, musicales, light novels, colaboraciones con juegos de móvil y, por supuesto, una barbaridad de merch —tanto el distribuido por Otomate, que lo renueva constantemente, como por otras empresas como pueden ser GoodSmile—. Es comprensible que si un título es famoso se trate de sacar el máximo provecho posible. Y atención, que aquí se ha enlazado a todo lo referente a la historia principal, pero también hay mucho contenido para historias secundarias de la saga.

Sin embargo, se ha alcanzado un punto en el que prácticamente llega a rozar la locura. Mirad, en la foto de arriba, en cuántas plataformas está el título Hakuōki ~Shinsengumi Kitan~. Con eso, todos: se dedican a hacer ports de consola en consola, como ha ocurrido hace nada con Hakuōki SSL, que fue anunciado este mismo domingo para Nintendo Switch. Es un juego de 2014, tiene casi 10 años, ¿qué valor tiene hacerle un port al uso ahora? ¿No es mejor invertir el dinero y el tiempo en crear algo nuevo fuera de esta franquicia, dándole el descanso que se merece por fin? Mucha gente ya está cansada de ver como en cada stream importante de Otomate aparece otro juego de Hakuōki, donde se nos cuenta la historia del gato de la vecina de la prima de una señora que vivía en Kyoto y, por tanto, cerca del Shinsengumi.

Un buen acierto fue el Hakuōki SSL, una especie de high school AU que ocurre en el presente / © Otomate e Idea Factory

Esto de por sí no tiene por qué ser algo malo, al final, porque se acaba enriqueciendo el universo del juego. El problema es que el título original tiene una historia muy definida y con un final cerradísimo, así que es imposible seguir tirando por ahí —que es algo muy habitual en los fandisks, que suelen partir desde el final de una ruta y presentan un epílogo—. Así, la mayoría de los juegos posteriores se tienen que insertar en algún momento de la historia del juego, habitualmente a la mitad, lo que acaba rompiendo a la larga esa historia que se llevó tan bien en su día y que, honestamente, no deja tanto espacio para el romance —donde, precisamente, sí brillan los fandisks—. Al final, te lo meten con calzador y sálvese quien pueda.

Encima, para echar más leña al fuego, está la polémica con Yone Kazuki, la artista original de la saga. En resumidas cuentas, esta artista subió a su blog personal unos dibujos que hizo de algunos personajes del juego. Básicamente, eran fanarts con los que no quería obtener beneficio económico. Pues bien, Idea Factory la obligó a retirarlos por temas de copyright —ella misma los había creado, pero bueno— y, finalmente, acabó abandonando la saga. Quedaos con la idea de que este juego salió en 2009 y, por tanto, el arte se asemeja al que estaba de moda en aquella época. Ahora bien, vamos a comparar tres CGs:

Se nota hasta cierto punto el cambio entre una CG y otra por dos motivos: el primero es que se tratan de artistas distintas; a la izquierda, Yone Kazuki; a la derecha, Shiki Sakigumi. Sin embargo, las dos últimas imágenes son de la misma artista y se llevan prácticamente cinco años entre juego y juego y, si os dais cuenta, el estilo prácticamente no ha cambiado. Se ha obligado a esta artista a que realice una copia del estilo de Yone y lo mantenga, sin dejarle margen de mejora o cambio: el arte no ha madurado durante años porque Otomate no lo permite, y lo que es peor, la obligan a seguir asemejándose al estilo de una artista que se fue hace más de diez años de la compañía. Imaginaos, por un momento cómo debe sentirse Yone: ver como tu estilo artístico es copiado, reiterado y utilizado constantemente para generar dinero a raudales —sabiendo perfectamente el cariño que esta artista sentía por el juego—. Personalmente, parece hasta angustioso.

Parece que Otomate se haya estancado en el tiempo con esta franquicia. Es comprensible que, si un título da dinero, no lo vayan a querer soltar, pero aun así… Aunque no lo parezca, no va a ser el fin del mundo, ni las fans japonesas —al final, el mercado al que se dirigen— van a hacerles boicot, ni va a suponer la ruina de la empresa. No se puede mantener una historia que literalmente no da más de sí, un arte que parece congelado sin posibilidad de evolucionar y un proyecto sobresaturado. Hay veces que un juego ya ha cumplido su función, ha sacado el suficiente beneficio y ha contado todo lo posible y más. Hakuōki es una saga agotada, como se ha demostrado con las reseñas que se han publicado del último juego y un público cada vez más cansado, y es hora de que le den descanso por fin.

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