En la mente de es una serie de artículos dedicados a profundizar individualmente en las características y motivaciones de algunos de los personajes más queridos e interesantes de los videojuegos y el anime
Chainsaw Man ya no es la obra desconocida de culto que fue en sus primeros compases, allá por el 2018. Ahora, leemos opiniones sobre este manga en Twitter y YouTube a diario, vemos cosplays de sus personajes principales en todas las convenciones y descubrimos toda clase de merchandishing en las tiendas especializadas. Su adaptación animada ha triunfado en occidente, y si sumamos la expectación por el comienzo de la segunda parte del manga, nos daremos cuenta de la explosión de popularidad que ha sufrido esta obra. En esta hermosa web se ha hablado varias veces de Chainsaw Man —yo mismo tengo un artículo defendiendo el CGI de su anime—, pero aún no se ha tocado uno de los ejes principales que vertebran su historia: la psicología de Makima.
Este artículo contiene destripes cruciales de Chainsaw Man, tanto de su primera como su segunda parte.
Makima es… bueno, es muchas cosas. Ambiciosa, adusta, impertérrita, poderosa, inteligente, maquiavélica, implacable… pero, ante todo, es una de los personajes principales de Chainsaw Man y la antagonista central de la primera parte de la obra. Su relación con Denji, sus objetivos y sus planes mueven toda la trama sin que el lector lo sepa hasta que la obra llega al clímax en el arco final. Y, por fortuna, este personaje esconde una psicología muy interesante de analizar.
Makima es el Demonio del Control —o de la conquista, según la traducción—. Su poder nace del miedo de las personas a ser controladas o manipuladas, y su personalidad tiene esa misma orientación, solo que a su favor. Makima pertenece a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, un grupo de demonios —de quienes se sabe mucho más en la segunda parte de la obra— muy poderosos y que representan la conquista, la guerra, el hambre y la muerte. El personaje se construye lentamente en torno a su identidad, la de un demonio basado en la dominación y en la subyugación. Su objetivo es construir un paraíso en la tierra sin conflictos ni amenazas utilizando el poder del demonio motosierra —poder eliminar para siempre a un demonio y al miedo que este representa— y su mayor sueño es llegar a tener una relación afectuosa y de igual a igual con otra persona —es decir, lo opuesto a lo que ella representa—.

Entremos en más detalle en su objetivo y su sueño. Como acabamos de comentar, Makima quiere usar al demonio motosierra o, en este caso, al híbrido de este demonio —Denji— para construir un mundo perfecto. A priori, este es un propósito loable, y más aún en un mundo tan hostil como el de Chainsaw Man. Sin embargo, el problema radica en los medios que Makima utiliza. Como Demonio del Control que es, manipula a prácticamente todos los personajes del elenco: Aki, Power, Himeno y, por supuesto, Denji. El único que nunca se doblega ante ella es Kishibe, quien también es el primero en plantarle cara a Makima. Debajo de esa mirada tranquila, esa sonrisa ligera y esa voz acaramelada, se esconde una mente maquiavélica que ejecuta sus planes sin dudar un solo segundo. Y es que Makima actúa sin importar las consecuencias, pues ella no concibe a sus compañeros como tal, ni siquiera como subordinados. Para ella, no son más que perros —un foreshadowing que, de manera simbólica, el anime ha mostrado una y otra vez en el opening y en los endings—. Esa obsesión con el control que subyace a su propio ser no le permite concebir nada más allá, y de ahí, de esa imposibilidad para establecer lazos igualitarios, surge su sueño.
Tener una amistad o un amor genuino es imposible para Makima. Es como el rey Midas, solo que en vez de convertir en oro todo lo que toca, lo convierte en una marioneta a su servicio. La propia naturaleza de Makima lucha en contra de sus deseos y le impide estrechar lazos más allá de lo puramente utilitario y pragmático. La respuesta por parte de Makima que observamos al analizar la obra es el más sencillo conformismo. Se puede intuir que su objetivo final —su utopía soñada— tiene relación con ese sueño de forjar relaciones y amistades genuinas, dado que en un mundo perfecto la humanidad sería suficientemente apta, a ojos de Makima, como para poder considerarla a la par que sí misma. En este sentido, encuentro muchas similitudes entre ella y Griffith, el archiconocido antagonista de Berserk. Ambos buscan crear un paraíso, ambos son grandes manipuladores y emplean cualquier estrategia que les venga a favor, por más maquiavélica que sea, ambos traicionan a sus aliados y ambos solo conciben la amistad como una relación entre iguales —cosa que, en ambos casos, no es algo precisamente frecuente—.
Más allá de estas curiosas coincidencias entre Griffith y Makima, al presentar estos rasgos psicológicos por parte del Demonio del Control piensas: ¿ya está? ¿Eso es todo? ¿Simplemente se deja llevar por su naturaleza controladora aun cuando su sueño es algo opuesto a dicha naturaleza? Bueno, hay más chicha que rascar.
A pesar de su propósito y su mentalidad, Makima también es controlada por otros. En concreto, por el departamento de cazadores de demonios de Japón, quienes la utilizan como un arma mortífera contra los demonios. Makima no domina a los demás simplemente por su naturaleza como Demonio del Control, sino que actúa en consonancia con lo que ha vivido. Para ella, las relaciones humanas se basan en dirigir y acatar órdenes, y por eso mismo su sueño máximo es escapar de esa espiral y encontrar una relación con otra persona a la que pueda tratar como un igual. Sin embargo, hay esperanza.
Como demonio que es, a pesar de morir, Makima se vuelve a reencarnar poco tiempo más tarde. Kishibe da con ella, la adopta con el nombre de Nayuta y, acto seguido, le pide a Denji que la cuide con cariño y afecto, como un hermano mayor. Según cree el veterano cazador de demonios, si al Demonio del Control se le da una vida agradable y placentera, no se dejará llevar por su naturaleza y podrá vivir en paz en la sociedad. Y Denji, por supuesto, acepta.

Makima es un personaje más complejo de lo que parece a primera vista. Algunas escenas como aquella en la que llora junto a Denji en el cine —donde muestra sus sentimientos sin ninguna máscara, al tiempo que su presencia se torna aún más difícil de predecir— le aportan diversos matices a su personalidad y a su psicología. Es una antagonista, pero no es mala per se. Su mente es un batiburrillo caótico de recuerdos hostiles y pensamientos dominantes que surgen de dichos recuerdos y de su naturaleza como Demonio del Control. Veremos cómo se desarrolla Nayuta en la parte dos de Chainsaw Man, pero parece que la lucha entre su sueño y su naturaleza será una cuestión casi omnipresente en este personaje.
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