Corría el año 2007. Aún estábamos sufriendo la decadencia estética de los 2000 y algunos de los redactores de esta web aún éramos pequeños cuervecitos. Unos años atrás, Square Enix había anunciado Final Fantasy VII: Compilation, un paraguas bajo el que se resguardarían productos de diferentes medios: Una película, algunos videojuegos, un anime y hasta novelas fueron lanzados a lo largo de varios años, convirtiendo Final Fantasy VII en algo más que entrega numerada de la fantasía final de Sakaguchi, sino en su propia franquicia.
Crisis Core es un producto de su época, una época en la que el J-Rock estaba en su máximo apogeo y en Occidente nos volvíamos locos con los pequeños trazos de Japón que veíamos gracias al anime resubido a YouTube. Nos ubicamos en unos tiempos con sabor analógico, donde la PlayStation 3 acababa de llegar y no todo el mundo tenía una televisión con HDMI. Las influencias estéticas del momento permeaban una obra muy especial, que supo conquistar a los adolescentes del momento. Gracias a la remasterización, hemos tenido la oportunidad de ser, de nuevo, ese adolescente de pantalones roídos que escuchaba a Gackt en su reproductor MP3.
No vamos a tardar en hablar del elefante en la habitación, ya que la presencia del citado cantautor japonés en este juego es… una cosa. Se hace raro hablar sobre Gackt en pleno 2023, ya que aunque fue relativamente influyente en su momento, estamos hablando de una estrella olvidada incluso en el panorama japonés: Tuvo su momento, y está retirado disfrutando de sus millones. O no, quien sabrá, desapareció del ojo público tras su último disco en el 2016. El caso es que Square Enix hizo una colaboración con Gackt, para aprovechar su fama y promocionar Final Fantasy VII. Sí, lo que oís, uno de los juegos más importantes de la historia del medio buscando la fama del muchacho guapo del Visual Kei del momento. Sin duda, las decisiones de marketing son una cosa y echar la vista atrás y ver que la participación de Gackt en la Compilation de FFVII ha sido su legado para la historia es divertido.

Gackt le pone voz y rostro a Genesis, el villano de esta entrega. Me gusta ver a Genesis a día de hoy, porque se nota que está completamente diseñado para ser Sephiroth 2.0: Es literalmente el meme de Daniel & The Cooler Daniel, ¿Sephiroth tiene el máximo rango en SOLDADO? Genesis también. ¿Todos los miembros de SOLDADO visten su uniforme excepto Sephiroth porque es guay? Pues este tío además de tener una gabardina tan larga como la de Sephiroth, pero es que encima es roja y tiene una espada que echa magia. Normalmente un personaje así me daría un poco de apuro, porque lo sentiría fuera de tono y un poco colado con calzador, pero no puedo evitar tenerle un cariño especial. Genesis representa una época en la que todos hacíamos entradas en Metroflog copiando y pegando los pasajes del libro que leíamos, como si fuera la cosa más guay del universo. Adicionalmente, Gackt colaboraría con el tema Redemption, para la banda sonora de Final Fantasy VII: Dirge of Cerberus, pero ese tema lo podemos dejar para otro día.
Traer una estrella del rock para hacer tu villano es la decisión más dirigida para adolescentes que se me puede ocurrir. O sea, imagináos a Ezra Miller siendo malvado, ¿quién se lo podría imaginar en este contexto? Y para acompañarle, necesitamos un héroe a la altura que represente todo lo que es bueno en el mundo: Nuestro protagonista es Zack Fair, y en Crisis Core descubriremos como se convirtió en leyenda.
La figura de Zack es, ante todo, curiosa. En el juego original le conocemos a través de algún flashback, pero no deja de ser aquel personaje atado a la historia de Cloud y poco más. Podíamos imaginarnos cosas sobre él, pero nada sería del todo cierto, ya que lo único que permea en la memoria son los pensamientos borrosos de Cloud y el recuerdo de las pocas personas con las que nos cruzaremos que le conocían. Zack era un lienzo casi en blanco sobre el que trabajar, y ese dolor fantasma del jugador de no llegar a saber del todo quien o como era este muchacho es un hueco que quería llenar Crisis Core.
Zack es idealista, y siempre quiere hacer las cosas bien. Lo da todo y es noble, siempre sonríe y, efectivamente, es un típico protagonista de nekketsu en escala 1:1. Es interesante ver un protagonista así en un contexto como el que es Final Fantasy VII, donde venimos de conocer a Cloud, alicaído y de pocas palabras, y que vive en un mundo destruido por, básicamente, el turbocapitalismo mágico. Zack conecta muy bien con la adolescencia por su lucha constante por cumplir sus sueños, y al final es muy guay poder reflejarse en un personaje tan idealista.

Una cosa en la que pienso muchísimo cuando hablo de Crisis Core es en como funciona la barra de especiales. A nivel narrativo, la mecánica me parece una autentica pasada: Zack conocerá a gente durante la aventura y se añaden recuerdos a una especie de ruleta. Esa ruleta es en lo que Zack está pensando, y cuando pasa algo con algún personaje, su cara aparecerá con más frecuencia en los giros. Si enlazas tres caras iguales, como en una tragaperra, aparecerá una escena en la que Zack comparte tiempo con ese personaje y harás su habilidad especial. Gracias a esto, no solo pensaremos en Zack, sino en todo su alrededor, en sus amigos y las relaciones que hizo cuando aún estaba aquí.
Y creo que esa es parte de la magia de Crisis Core. Como Fate/Zero u otras obras precuela, se construyen sobre el desastre que desenlazó en la obra original, así que es muy duro conectar con ese pasado porque ya sabes que, en algún momento, las cosas dejarán de ser así. En el combate final, Zack luchará para defender a Cloud contra las tropas de Shinra, y conforme vayamos siendo heridos nuestros recuerdos irán emborronándose, y esas personas que hemos conocido irán desvaneciéndose. Estamos solos, y ellos jamás volverán a saber de nosotros. Pero eso no evitará que Zack mantenga en alto la espada y demuestre que, al fin, se ha convertido en un héroe.
Zack no volverá. O quizás sí, todo depende de qué nos confirme Final Fantasy VII Rebirth las próximas navidades. Al menos, espero que no vuelva. Y creo que las cosas están bien como están, ya que traerle de vuelta sería luchar contra las propias bases del personaje: Ser aquel que estuvo, fue, y nunca más será. Su figura ha sido recordada por todos los adolescentes, ya adultos, incapaces de no estar tristes con los primeros acordes de The Price of Freedom. Lo hiciste bien, chico. Ahora, descansa.