Opinión: ¿sabemos bien lo que es un clásico?

<<Tienes que ver este anime de 1989. Aunque parezca anticuado, es un clásico. Debes verlo.>> Es curioso pensar que simplemente la palabra clásico sea en sí misma un argumento de peso. Dices la palabra y ya has contribuido al argumento de grata manera. ¿Es así realmente? ¿es tan fuerte la palabra clásico? ¿Qué hace a un contenido multimedia un clásico y qué no lo hace? Y más importante, ¿por qué tenemos que discutir esto? Pues bien, a la última pregunta la respondemos en un segundo: el paso del tiempo. La gracia de <<mira esta cosa, en realidad tiene 20 años ya y parece que fue ayer>> está más presente de lo que crees más allá de las risas. Han pasado más de 20 años del primer Kingdom Hearts, del último episodio emitido de Cowboy Bebop o de cosas tan arraigadas al día de hoy como la parte 4 del manga Jojo’s Bizarre Adventure. ¿Son clásicos? ¿No? Discutámoslo.

Uno si quisiera ponerse objetivo iría primero a buscar la palabra »clásico» en el diccionario. No suele ser la primera opción en todos los casos pero sí una muy práctica. Podemos encontrar hasta diez acepciones en la web del DRAE. A nosotros la que más nos interesa sería en un inicio la tercera: <<Dicho de un autor o de una obra: Que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia.>> El resto de acepciones hacen alusión al tiempo, a la época y al antecedente que algo crea que ha trascendido hasta nuestros días. Podemos así asumir que el concepto de clásico es un precedente anterior al momento presente cuya permanencia ha sido marcada por dicho acto del tiempo. Pero es curioso la poca alusión que se hace a su criterio calificativo, ¿verdad? Podemos entenderlo: la subjetividad entra el juego y no cabe lugar en una definición. Pero nosotros estamos buscando ese apartado calificativo así que, tomando la denotación temporal del concepto, avanzamos a nuestro siguiente paso.

Centrémonos en lo calificativo de la palabra clásico: ¿con qué usáis el adjetivo vosotros? ¿Con todo lo que os gusta y pertenece a un par de décadas atrás? ¿A algo que puede que no os guste pero sí sabéis el impacto cultural que ha tenido y por ello debe ser tildado como tal? Podría ser. La palabra ha sido tan usada, hasta la saciedad, por tantos ámbitos que se ha quedado marcada como algo cotidiano. Pero, sin embargo, hay un fenómeno curioso que suele pasar en lo coloquial y popular. Y es que hay algo más que marca el uso de la palabra clásico en mayor o menor medido: el conocimiento de su existencia. Porque sí, podrías decir que Nekojiro-soup es un clásico en el mundo de la animación japonesa pero si se lo dices a una persona que no tiene ni idea, lo más probable es que te haga caso, asienta y siga la charla. Pero sí mencionas Akira, que es usualmente conocido a mansalva por el público, no solo te van a dar a razón sino que la afirmativa a ser más rotunda. Y es curioso que pase eso. Es curioso ver manifestarse la multiformidad del concepto de clásico.

Seguro que Nekojiro-Soup es genial. Y se habrá ganado su título de clásico. /
©J.C.Staff

Pero, ¡ojo! Aquí llega el paso generacional con una silla de metal. Recordemos, el paso del tiempo es diferente para todos. Algo que quizás parece estúpido de decir, pero con sentido en este contexto. Si eres de mediados de los 90, como un servidor, tus conceptos de clásicos van a ser distintos sí o sí de aquel que acaba de cumplir 18 años, que ya entraríamos en el siglo XXI. Porque sí, los títulos son los mismos; la concepción de ellos no. Y llegará un punto en el que la gente nacida en la segunda década de este siglo también reflexione sobre el tema y tengan otra concepción. Para ellos, las obras que nosotros consideramos coetáneas serán nuevas, a pesar de la poca diferencia de años. Y de nuevo: es genial que suceda esto. Es maravilloso confluir en un mundo lleno de opiniones <<siempre que no sean destructivas>> en el que nos hagan conocer nuevas obras. Porque nunca es tarde para descubrirlas y para nosotros serán, y aquí se viene, un clásico.

Vayamos a lo personal, a lo individual… a uno mismo. ¿Qué es para ti un clásico? Hazte esa pregunta. Ahora piensa en ejemplos; no muchos, prueba con unos cinco. Y ahora, ¿cuáles son para ti importantes? ¿Qué clásico es un clásico porque ha sido una obra de tu infancia que ha envejecido como el buen vino? ¿Qué clásico llegó a tus manos por recomendación y te hizo no solo maravillarte sino comprender la época en la que fue creado? ¿Qué clásico no tiene ni punto de comparación con otros pero es un clásico para ti »porque sí»? Hemos llegado al punto más abstracto del concepto del clásico. Aquel que con un solo paso se mezcla con el gusto y puede llegar adoptar la forma de adjetivo calificativo que tiene su propio peso. ¡Eh, hemos vuelto al principio! Al final, un clásico tiene toda la fuerza que su emisor le quiera dar, porque no deja de ser un rasgo adicional a un medio cuya connotación queremos que sea lo más positiva posible. Para vender la moto. Esto es así, hasta desde un punto de vista más estratégico: muchas obras son tildadas de clásicos por editoriales o empresas para venderlas, muchas veces obviando su calidad.

No hay duda alguna que la palabra clásico es meritoria. O al menos así es en su uso. Si cualquier cosa es tildada de clásico, automáticamente es bueno. Pero solo nuestro criterio es al final el que nos dirá si realmente nos gusta o no. Por eso mismo, se debería creer fervientemente que el adjetivo de clásico debería ser meramente una guía. Una señal de <<eh, esta cosa marcó un antes y un después y es recordado con cariño a pesar de los años.>> Porque, ay, ¡el viejo tropo del recuerdo! ¡Cuándo la verdadera muerte es el olvido! Pues lo mismo se ocurre aquí. El clásico es un escudo impenetrable, que te libra de la barrera del olvido. Y muchas obras deberían haber sido tildadas así porque ahí fuera debe haber algún videojuego, anime o manga que nadie recuerda y que debería verse. Porque podría ser tu cosa. Pero nunca lo sabrás.

No vamos a terminar este artículo con una nota tan triste sino con una recomendación: Plantéate esta segunda mitad de las vacaciones navideñas ver o jugar ese clásico que te recomendó tu amigo y al que aún no has dado una oportunidad. Emplea tu tiempo no solo en hacer feliz a ese amigo, sino a hacerte feliz a ti mismo. Porque un clásico, como hemos visto, está aquí por una razón. Y la razón es para intentar que te haga disfrutar, te haga pensar o te haga dejar tus problemas a un lado como siempre ha intentado este medio desde que <<lo clásico>> ni existía. Porque al final, toda guía es buena para que llegue a tus manos; esa es la meta de un clásico.

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