A estas alturas de la película Chainsaw Man no necesita presentaciones. Asumimos que el lector medio de Futoi Karasu está mínimamente enterado de la actualidad del anime y, cómo mínimo, habrá al menos escuchado el ruido que está haciendo la obra de Tatsuki Fujimoto en la temporada actual. Tal y como todos veíamos venir, el trono del anime de la temporada estaba adjudicado al Pibe Motosierra desde el primer tráiler. ¿Tal vez también aspire a la cima de nuestros esperadísimos Premios Canuck? ¡Quien sabe! Estén atentos a las novedades de su página de córvidos paseriformes y anime favorita. Pero habéis clickado por el titulo, ¿qué relación tiene Chainsaw Man o, concretamente Denji y Makima, sus protagonistas, con el BDSM?
Bien, mejor empecemos introduciendo conceptos. Todos previsualizamos la imagen más pop de todo esto: Una señora poderosa portando un látigo o una fusta, ataviada en cuero, y pisando con sus botas de tacón a un señor postrado, triste y patético. Quedémonos con las representaciones más comerciales, por familiaridad, pero que eso no limite a nadie a la hora de asumir ciertos roles. Esto es en esencia un juego de rol, lívido y consentimiento.
Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo. Estos son los cimientos sobre los que se construye este movimiento. En una relación sado hay dos roles principales: El dominante y el sumiso. Este primero, será el que ordene, y el segundo tendrá que cumplir las órdenes de su dueño. ¿Simple, no? Pues lo cierto es que las cosas no exactamente así de fáciles. Como comentábamos en un párrafo anterior, el BDSM se construye en torno al consentimiento. El rol del dominante es, ante todo, saber ver más allá del juego que tiene lugar. Al final son una especie de papeles a interpretar y, por lo tanto, conocer la línea que tu sumiso no quiere que cruces es importante. Tienes que tener el control de la situación, y saber también cuando recompensarlo cuando este se haya portado bien.

Mientras tanto, el sumiso debe confiar plenamente en su amo. Ser sumiso depende de que sepas que, aunque te dejes caer, caes en una red, en unas buenas manos y, por supuesto, tener claro que esto también va de disfrutar de la caída. El fin es complacer y saber que eres un poco más gracias a tu dueño, lo cual al final te complace a ti. Porque sí, no eres libre, le perteneces a tu amo, y deberás estar conforme con ello o… ponerle en jaque de vez en cuando. Es tu elección si quieres ser un buen perro o no, pero también tengamos claro que poner contra las cuerdas a tu amo tendrá sus consecuencias. El BDSM es un juego, pero también hay parejas que lo usan en su día a día. E insistimos, la confianza, aprender de los límites del otro, y, por ejemplo, encontrar de qué formas puedes ofrecer placer a través del dolor es importante, pues cada persona es un mundo y el sado va, sobre todo, de conocer al otro a través de sus más oscuras fantasías.
Pero volvamos a Chainsaw Man. Denji acaba de llegar al mundo, prácticamente hablando y no sabe bien cómo funcionan las relaciones humanas. La sexualidad del protagonista es un tema recurrente en los primeros compases de la trama, y el muchacho lo tiene muy claro desde el primer capítulo: El lo que quiere, aparte de un plato de comida caliente y un techo, es principalmente tocar unas tetas.
Acostumbrados a otros mangas, lo habitual es pensar que nuestro chico motosierra es directamente un salido. Y vale, no deja de ser un adolescente con las hormonas a diez mil revoluciones por minuto, como tantos otros adolescentes, pero también es un buen momento para recordar la situación personal de Denji. Nadie le ha criado, y por culpa de la gran deuda que tiene encima desde la muerte de su padre, lleva viviendo en las calles desde crío y viéndose obligado a subsistir de lo que encuentra en la basura. Denji quiere ser feliz, y esta felicidad encuentra en las pequeñas cosas. Un pan quemado con media cucharada de mermelada será suficiente para arreglarle el día entero. Denji no conoce el significado de la empatía humana, y su ideal de la felicidad está moldeado por lo que ha podido observar de las revistas y la televisión: Si el cine nos dice que conseguir a la chica es la meta, tendrá que serlo.

Mientras tanto, Makima representa esa figura de la dominatrix a la perfección, tan idealizada y reconocida en las corrientes pop. Makima es fría, pero, pese a parecer distante, sabe perfectamente cómo dar cancha y ofrecerte pequeños premios en ciertos puntos para que te sientas apreciado y recompensado. La primera comida que tiene con Denji define muchísimo a ambos personajes: Ramen barato. Para Denji, un manjar como nunca antes había probado y para ella, suficiente.
A lo largo de la obra tendrá momentos cálidos con el grupo de protagonistas, pero siempre manteniendo esa distancia tan característica. Ella es la jefa, y se lo deben todo. Denji, atrapado por esa relación de poder tan fuertemente cimentada, buscará el cariño de Makima, y ella solo se lo dará cuando lo considere estrictamente necesario. Ella tiene el control, y Denji luchará constantemente para que Makima le de unos mínimos de su ansiada y esperada felicidad.
Ante todo, esta no es una relación es justa, ya que hay que admitir se aprovecha del pobre muchacho para conseguir sus propios intereses. Denji consigue esa felicidad que busca, a fin de cuentas, por encima de su propio bien, porque no tiene noción alguna de los límites que puede o debe poner y, por supuesto, esto no es algo que importe dentro de los maquiavélicos intereses de su superiora. Llegado cierto punto nuestro protagonista tendrá que elegir entre seguir siendo un perro atado constantemente a Makima o morder la mano de su ama.
Desde aquí, os invitamos a que exploréis vuestra sexualidad y vuestros límites, siempre desde la seguridad del consentimiento. No seáis como Makima, pero más importante y siendo este un tema de rabiosa actualidad: si veis en la vida real a alguna chica con un cosplay de ella, no le ladréis. Vuestra ama no os ha dado permiso para hacerlo
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