Hamtaro Ham-Ham Heartbreak: pipas de girasol y amor correspondido

Hay veces que la nostalgia es una fuerza poderosísima. ¿Sabéis cuando os ponéis a recoger vuestra habitación y de pronto recuperáis un collar que venía con la Superpop, una carta que os escribieron en tercero de primaria y la Gameboy Color con el Pokemon Plata aun dentro? El juego del que os hablamos hoy es, sin lugar a duda, uno de los que más fácilmente me inducen a este sentimiento de nostalgia y melancolía, devolviéndome a la infancia una vez más. Es encontrarlo en el cajón y tener la necesidad imperiosa de rejugarlo.

Hamtaro Ham-Ham Heartbreak, o RompeCorazones, llega a Europa en 2003 para la Gameboy Advance, dándonos a conocer una nueva aventura de Hamtaro, Lacitos y el resto de hámsteres del Club Ham-Ham. En esta ocasión, Hamtaro estará teniendo un mal sueño con una entidad malvada —Diablito—, cuyo fin es destruir el amor en el mundo, ya sea romántico, platónico o familiar. Cuando se despierte conocerá a Armonía, que le contará que lo que ha soñado es una realidad: mientras hablan, Diablito está ahí fuera acabando con el amor del mundo. Tendrán que ser Hamtaro y Lacitos, junto con el Medidor de Amor que les otorga Armonía, los que le detengan y devuelvan este sentimiento tan bonito a todos los hámsteres.

Me pinchas y no sangro / ©Nintendo

Uno de los objetivos del juego es, además, que recuperes el léxico del Diccionario-ham, que se ha perdido porque se cae en un cubo de agua y gran parte del Lexi-ham desaparece. El léxico tiene, además, una función pragmática: muchas de las palabras que vayamos reaprendiendo nos servirán para interactuar con el mundo, los objetos y los escenarios, permitiéndonos realizar diferentes acciones más allá de las cuatro principales: Hamha —hola—, Rotak —rotar—, Hif-Hif —olisquear— y CavaTak —excavar—. Este aspecto del juego en especial —que también es parte del anime, ojo— resulta divertidísimo y, además, cuenta con los encantadores nombres que le ponen a los Lexi-ham, como por ejemplo «Hamsón» para decir fuerte, «Kezuto» para asustado o «NoHamigo» para enemigo, entre otros vocablos. Cada acción tiene, por supuesto, su propia animación que los hámsteres realizan. Esto, precisamente, nos servirá para uno de los minijuegos del juego: deberemos crear coreografías en Cala Dorada mediante el uso del Lexi-Ham.

Haces una lección de Duolingo y piensas que ya tienes el C1 del idioma / ©Nintendo

El juego nos llevará por seis escenarios distintos, donde viviremos distintas aventuras y diferentes parejas nos necesitarán para resolver sus malentendidos y recuperar el amor perdido a manos de Diablito. Los lugares son bastantes variados entre sí: comenzamos en Pico Sol, una zona tranquilita con su río y un sistema de túneles laberíntico para pasar a Cala Dorada, que como el nombre implica, es una playa tropical. El siguiente destino que nos espera es Divertiland, un parque de atracciones —una de las zonas favoritas de muchos jugadores—, continuando con la Mansión Boo —zona un poco traumática para los más jóvenes, por experiencia personal— y llegando poco después a la Jungla. Por último, nuestra aventura contra Diablito acabará en Torre Vil.

Las zonas del juego / ©Nintendo

Lo bueno de cada zona es que tiene muchas aventuras que ofrecer, un buen número de parejas que vamos a tener que reunir y minijuegos exclusivos, además de que normalmente nos harán regresar alternativamente y varias veces a cada una de las regiones. De este modo, se rompe la monotonía y la idea de que, cuando has reunido a las parejas, la zona ya no tiene nada más que ofrecer. Incluso el Club Ham ofrece dos actividades más: el Club de fotografía —donde podremos hacernos fotitos con la ropa que podemos ir adquiriendo a lo largo del juego— y el Escenario —donde, a su vez, podremos practicar los bailes—.

Uno de los minijuegos de Cala Dorada / ©Nintendo

El juego también cuenta con una serie de objetos coleccionables —pipas de girasol y bellotas, la moneda del juego— además de rocas, que mediante la técnica de Frotak —frotar—, nos permitirá obtener diferentes piedras preciosas y gemas hasta desbloquearlas todas. Aquí se aburre el que quiere, por tanto.

Lo bueno de los juegos de Hamtaro es que respetan mucho el universo creado en el anime, con personajes recurrentes con el mismo rol con el que se les ha presentado previamente —por muy secundarios que pudieran llegar a ser—. Es increíble la variedad de personajes que hay, construyéndose así un mundo inmenso.

Es interesante destacar, una vez más, que no solo es el amor romántico el que se ha de recuperar en este juego: habrá hermanos que no se hablarán entre ellos, amigos que han discutido por tonterías, padres e hijos que tienen problemas que arreglar o incluso el amor entre un mono y su pollito. Es agradable ver como, en un juego para niños, se enseña que el amor no se restringe únicamente al ámbito de pareja, sino que hay una variedad amplísima de amores y de afectos que podemos sentir por los demás, y todos son igual de importantes y merecen el mismo cuidado.

No solo son las parejas las que discuten / ©Nintendo

Para concluir este breve artículo sobre el Hamtaro Rompecorazones, dejad que me tome la libertad de recomendaros este juego si no le habéis dado una oportunidad aun. No solo es divertidísimo, muy cuqui y entretenido, sino que además los años no le pesan en absoluto. ¿A quién no le va a gustar unos hámsteres lindísimos luchando por devolver el amor en el mundo? ¿A quién no le va a gustar?

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