No es raro ver cada nueva temporada de estrenos que siempre hay alguna obra que sobresale por las características que sean. Suele estar el anime que supera en calidad a los demás por contar con un presupuesto mucho mayor, últimamente suele haber un isekai o dos por ahí sueltos con algún concepto llamativo, alguna comedia romántica bastante esperada… Y respecto al caso de Sono Bisque Doll wa Koi wo Suru no sería mentira decir que la mayoría esperábamos la comedia romántica con la mayor dosis de fanservice de la temporada. En parte, no estaríamos equivocados, ya que el anime tiene bastantes escenas de fanservice, especialmente si nos quedamos en los dos primeros capítulos.
Pero, ¿tiene algo más que escenas de tetas y poses sugerentes? Y, sorprendentemente, para el tiempo que pasan los pechos de Marin en pantalla en el segundo episodio tenemos que decir que sí. Además , al contrario que en la mayoría de animes dirigidos a públicos masculinos con ingentes cantidades de fanservice, estamos quizás ante una de las protagonistas más humanas que podamos encontrar en la parte más mainstream del subgénero ecchi.
La premisa del anime y la dinámica de la pareja principal es, a priori, un tropo bastante manido en el género del romance: chica descubre el secreto de chico y este, por lo tanto, le tiene que ayudar de alguna forma con el secreto que casualmente ella tiene —sin embargo, en este caso no tenemos aún ninguna subtrama de posible revelación de secretos—. Su relación sigue las dinámicas de muchacho algo introvertido y más cortado, que para nada entra dentro del círculo de los populares y una joven extrovertida, popular y más lanzada que lo saca de sus zonas de confort y, de alguna manera, termina por mejorar su vida. Este tipo de dinámicas es muy común verlas en obras de demografía shōjo, tanto de esta forma como a la inversa por igual, mientras que en obras románticas de demografía masculina esta estructura concreta suele ser la más común de las dos. Incluso podríamos estar hablando de la fantasía de que por obra y gracia del cielo, una chica con inmensas cualidades se enamora del muchacho soso de turno, aparentemente sin nada redimible, aunque veremos que en este manga no es el caso. Por lo tanto, de primeras, no estaríamos hablando de nada novedoso, ni siquiera dentro de su género. Las diferencias vienen cuando hacemos un análisis más significativo de los personajes y su relación.
Para el análisis de la obra se comentarán algunas escenas que pueden resultar spoiler de sus inicios, precaución al continuar con la lectura.
Una de las primeras cosas que descubrimos en la historia es que a Gôjo, el protagonista, le encanta confeccionar ropa para las muñecas del estudio de su abuelo. Por supuesto, coser no es una actividad tradicionalmente relacionada con los hombres, y este hobby que contraria los roles de género y las expectativas que tiene la sociedad de uno como miembro de la misma se utilizará como recurso a lo largo de la serie. Marin, por su parte, también tiene una afición algo especial y es que le encanta un juego eroge, con contenido pornográfico, dirigido a un público masculino. No solo son pasatiempos poco comunes en círculos mainstream —que no sea un foro de visual novels o el club de ganchillo de tu abuela— sino que además son actividades que se antagonizan con las típicas y esperables de su género.

En el caso de Marin no sería raro que se diese una sexualización de personaje por esto mismo. Sin embargo, cuando la obra saca a relucir las escenas ecchi, al menos en la parte que concierne a los gustos de Marin y el eroge, no lo hace desde una perspectiva de considerarla una depravada o autosexualizándose ella misma. A Marin se la presenta como un fangirl extremadamente ávida de la obra que quiere cosplayearse como la seguidora acérrima que es y raramente infiere en querer atraer a Gôjo —que representaría también el público objetivo de la obra sin romper la cuarta pared—. Simplemente a ella le gusta mucho el juego. De hecho, algunas de las veces que vemos a Marin en un contexto más sexualizado con respecto a sus hobbies es desde la perspectiva adolescente de un Gôjo que termina sufriendo sueños eróticos con ella, pero no con hechos nacidos desde el mismo personaje de Marin.
Hablando ahora un poco más en profundidad de nuestra protagonista. Como personaje femenino se nota que está diseñado por una mujer en bastantes ámbitos de la obra, desde su personalidad individual como en su manera de relacionarse con sus sentimientos románticos. La naturalidad con la que la autora gestiona la personalidad de Marin la hace ver como una muchacha realista con sus gustos y sus puntos fuertes y débiles. No ofrece necesariamente una visión idealizada y etérea de lo que un autor puede considerar una mujer, ya que podemos ver sus sentimientos e impresiones y cómo estos se ajustan a la realidad de otras muchachas de su edad o con sus mismos gustos. Es más, en la obra podemos asistir al diálogo interno de Marin tan conmunmente como al de Gôjo, sabiendo casi siempre las impresiones que tiene esta y por qué se comporta de una manera o de otra. Si la comparamos con otras obras de la demografía y el estilo como podrían ser Rent a Girlfriend, el diálogo interno de las protagonistas femeninas o sus razones se nos quedan más pobres y son en apariencia más robóticas. No necesariamente porque tengan personalidades más frías o distantes, sino porque no llegamos a ver un pensamiento realmente relacionado a una feminidad real, ya que es una feminidad comprendida desde la visión masculina. Y esto no ocurre en Sono Bisque a pesar de ser también una obra dirigida, a priori, al público masculino.

Podemos ver más ejemplos cuando analizamos ahora la relación de Gôjo y Marin y a Gôjo en sí. Comparándola otra vez con KanoKari, donde la acción se desarrolla principalmente por las protagonistas femeninas y al final el protagonista masculino no tiene apenas agencia en su propia historia, en Sono Bisque podemos ver como Marin no es la única que pone de su parte para el desarrollo de la trama y los personajes. Y es que a pesar de ser de personalidad más introvertida, Gôjo es un personaje muy proactivo, él hace cosas constantemente por Marin. No las hace con el único cometido de conseguir quedarse con ella o acabar obteniendo algo a cambio, sino que además de gustarle la aprecia como amiga y ayudándola se siente realizado él mismo. No ve a Marin como un objeto de deseo o como la perfección inalcanzable por ser mujer, popular y atractiva. Para él es primero su amiga y una persona humana con gustos, peculiares o no, que además es la chica que le gusta y en consecuencia le puede resultar más o menos sexualmente atractiva. Sus citas son muchas veces momentos cotidianos en los que él cocina para ella y la invita a cenar, le ayuda a maquillarse y a prepararse, le echa una mano con el cosplay y a refrescarse y se preocupa por su integridad física. Incluso van de compras a probarle conjuntos a Gôjo, donde quien más está disfrutando del momento es Marin. Este tipo de encuentros y de momentos íntimos son más propios de los romances de demografía shōjo, en los que se pone más énfasis en aquellos aspectos que aprecian las muchachas, tanto protagonistas como lectoras. Y al ser algo que nace más desde una interpretación del amor cercana a la visión romántica típicamente femenina no se siente raro ver cómo Marin puede enamorarse o sentirse cómoda en estos aspectos, mostrándola incluso más humana y no como una versión alienígena de lo que pueda ser una mujer.

Y si vamos a hablar algo más sobre esta lente femenina desde la que se desarrolla la obra, no podemos evitar volver a Gôjo para hablar de él más en profundidad. Podríamos decir que tiene este aura típica de personaje masculino que ha sido escrito por una mujer. Es caballeroso, atento con la chica que le gusta, tiene deseos sexuales y románticos pero en ningún momento es pervertido o maleducado con ella —siempre se preocupa de si quizás está traspasando de más los límites o si va a ver o hacer algo que no debería—, es servicial y busca ofrecerle lo mejor, nunca de manera egoísta y posiblemente podríamos seguir enumerando características durante un rato más largo. Pero, como resumen, podríamos decir que es un chico increíblemente agradable y que se preocupa de que las necesidades de Marin se vean cubiertas, además de agradarle y tratarla bien. Pero además, hablamos de una servicialidad y cortesía que no rozan el acoso o la agresividad, sino que lo hace siempre de la manera más gentil y poco invasiva posible. Podríamos decir que Gôjo tiene muchas tonalidades que lo podrían calificar como un personaje típico de un romance de demografía femenina más que uno más de sus compañeros de demografía y género.
Quizás no sea tanto en relación a la visión de la obra desde una perspectiva femenina, pero posiblemente todo esto tenga que ver con la socialización de la autora en temas parecidos. Algunos puntos de la obra, como la aparición de personajes homosexuales o con distintas expresiones de género, se toman de una forma totalmente natural e incluso ofreciendo unas explicaciones que ayudan a la integración de estos temas de cara al lector. Cuando vemos a cosplayers expresándose a través de personajes de distinto género vemos aceptación por parte de ambos protagonistas e incluso hay más charla al respecto, más reflexión, no se limitan a mostrarlo y dejarlo como un tema superficial o que solo va a salir una única vez en toda la obra.
Por lo tanto, a pesar de que a priori el fanservice y la sexualización en Sono Bisque Doll wa Koi wo Suru nos pueda resultar angustiosa o incluso una razón para desestimarla, no es más que una característica de la obra que, ya que por ahora no va a mayores, no nos debe desalentar de darle una oportunidad. Ya sea por la humanidad con la que se desarrollan sus personajes o por las tramas de aceptación que alimentan el desarrollo de los mismos y de la historia. Podríamos incluso decir que sería una de las comedias románticas más agradables y más accesibles para aquellas personas a las que no les acaba e cuajar el tema del fanservice o del trato de los personajes femeninos. Porque por la parte del desarrollo y el trato no nos vamos a encontrar una deshumanización constante o pequeños detalles que nos hagan salirnos de la historia, debido a lo inverosímiles que nos pueden parecer. Sobre todo si hablamos del manga, el cual tiene además un nivel muy inferior de sexualización y de planos angustiosamente incómodos que su contraparte animada.
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Este artículo es MUY necesario, a pesar de que Sono Bisque se ha convertido en una de las revelaciones de la temporada, tengo la impresión de que lo ha hecho por las razones equivocadas, y de cara a quien no lo ha visto pasa como otro anime con una waifu por bandera (Como ha pasado con Komi-san y su homónima protagonista y con SpyxFamily y Yor)
De hecho, tanto de Sono Bisque como de Komi-san a mi lo que me ha enamorado son los protas masculinos. Gojo es uno de los personajes más sensibles y humanos que he visto en un manga mainstream en muchísimo tiempo, es un soplo de aire fresquísimo que hace mucho por su dinámica con Marin. Simplemente es genial, y mataría porque Hitohito y Gojo protagonizaran el inicio de una nueva tendencia en los protas masculinos.
Necesitamos menos topicazos andantes en el manganime.
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