Muchas veces podemos encontrarnos en callejones sin salida. Creemos que nuestra situación no puede cambiar, que la suerte ya está echada. Hasta que nos topamos con algo —o alguien— que nos aporta una nueva perspectiva, demostrándonos así que no todo está perdido. Es el caso de Hanako Kujou y Alice Douglas, protagonistas de Goodbye, My Rose Garden, donde comprenderán que el hecho de conocerse la una a la otra les proporcionará una relación que va más allá de la amistad, donde podrán hacer frente tanto a sus propios miedos como a los prejuicios y convenciones sociales de la época.
Hanako es una profesora procedente de Japón que se dedica a enseñar a niñas y adolescentes, pero llega un día en el que no puede ayudar a una de sus alumnas, a la que fuerzan a un matrimonio que la conducirá a atentar contra su propia vida como último recurso para evitarlo. Por esta razón, Hanako pierde su afán por enseñar, ya que, ¿de qué sirve educar a las mujeres si se las sigue tratando como objetos de decoración? ¿Para qué ayudarlas a tener una opinión propia si no van a ser escuchadas? Sus inquietudes son aplacadas por la frase “creer sin actuar es sólo fantasía” procedente del libro “Gloriana” de Víctor Franks, un escritor que nadie conoce en persona. Serán esas palabras las que inspiren a Hanako a usar la pluma y el papel con el objetivo de defender sus ideales, decidiendo así ir a Reino Unido para convertirse en aprendiz de Víctor Franks y, bajo su tutela, aprender a redactar mejor. De esta manera, emprende un viaje desde su tierra natal hasta la Inglaterra de 1900, donde buscará en cada librería de Londres alguna pista que la conduzca al misterioso autor.
En una de sus infructuosas búsquedas, tendrá una acalorada discusión con uno de los editores de Víctor, el cual la insta a rendirse en su odisea por encontrar al escritor, ya que no estará interesado en leer los manuscritos de Hanako porque “rezuman las emociones de las mujeres”. Ésta no se deja amedrentar y le manda a tomar viento, como se puede observar en las siguientes viñetas.

Tras el enfrentamiento, Hanako se siente impotente y empieza a llorar. Es entonces cuando aparece en escena Alice Douglas, una de las hijas de la prestigiosa familia Douglas, quien le ofrece consuelo ante los despectivos comentarios del editor. Conmovida por la actitud de Hanako, le proporciona un puesto de trabajo como su criada personal para que tenga acceso a sus libros y pueda continuar su búsqueda.
Este shōjo-ai puede parecer una historia típica que nos podríamos encontrar en relatos de época como Jane Eyre de Charlotte Brönte u Orgullo y Prejuicio de Jane Austen, sólo que, en este caso, la pareja principal son dos mujeres cuyo contexto histórico son los comienzos del siglo XX. En esta época ser mujer ya era algo difícil en sí mismo, pero esta dificultad llegaba a verse inmensamente incrementada si también eras lesbiana. Y es que, en este manga, no sólo son importantes las personalidades de sus protagonistas, sino también el periodo histórico en el que se encuentran.
La mangaka, Dr. Pepperco, se documentó bastante de las costumbres y los hechos históricos que acontecieron tanto en Inglaterra como Japón durante los años 1899 y 1900 —bienio en el que se sitúa el manga— para enriquecer su relato. Así el propio lector puede comprobar que la coleta trenzada que lleva Hanako se conocía con el nombre de “Margaret” y era típico en la era Meiji en mujeres jóvenes que querían integrar tanto el estilo japonés como el occidental que marcaba tendencia en ese momento. Sin embargo, no todo es oro lo que reluce, y la propia Hanako cuenta cómo era juzgada en el país nipón por leer, ya que se pensaba que las mujeres que hacían eso se alejaban de su camino y confundirían la realidad con la ficción. Si encima eran libros occidentales, seguramente significaría que su única intención sería casarse con un extranjero y, por tanto, se consideraban traidoras a su país. Occidente en esos tiempos tampoco se salvaba de juicios de valor ridículos y se puede comprobar en el caso de Óscar Wilde, escritor famoso por su obra El retrato de Dorian Gray que fue juzgado y condenado por sodomía, al verse involucrado en una relación con lord Alfred Douglas, hijo del noveno marqués de Queensberry. No es en vano que la mangaka eligiera el apellido Douglas para Alice, pues, al igual que éste, ella se encuentra en una situación similar y siente un amor del que no se atreve a pronunciar su nombre.

El caso de Óscar Wilde no es el único simbolismo queer con el que cuenta la obra, porque Dr. Pepperco utiliza un elemento más que conocido dentro del homoerotismo y es algo tan sencillo y a la vez tan complejo como las manos. Las manos se utilizan para multitud de cosas: crear, alimentar, ayudar… pero también se utilizan para amar. Usamos las manos para acariciar, para abrazar, para expresar aquello a lo que simplemente las palabras no pueden llegar. Sin embargo, si eres una persona homosexual, es probable que te acaben mirando mal por hacer algo tan normal como ir de la mano con tu pareja. Ya si nos encontramos en una época donde en Occidente la homosexualidad era castigada con penas de cárcel o incluso muerte, un simple apretón de manos que durara más de lo debido podía significar el principio del fin. No son pocas las escenas donde Hanako y Alice se toman de las manos o se llegan incluso a abrazar, y es que a lo largo del manga se puede observar cómo esos actos van más allá de educadas muestras de afecto y denotan el amor que va creciendo entre las protagonistas.

Muchas veces se juzga a las obras pertenecientes al girls love como ficción de menor categoría, ya sea porque se considere de forma errónea como fanservice para un público mayoritariamente masculino o porque se cree que no contienen una gran carga narrativa. Al final, las demografías en estos casos sólo sirven para limitar el número de lectores a los que podrían llegar este tipo de mangas. Y es que Goodbye, My Rose Garden se considera una obra yuri, aunque realmente no contenga escenas explícitas como tales —y aunque las contuviera, no pasaría nada porque las escenas picantonas no están reñidas con las buenas historias, que conste en acta— y puede que por una razón así, no cause tanto furor como si, por ejemplo, se situara como josei. Por eso, desde Futoi Karasu, os recomendamos darle una oportunidad a esta entrañable obra donde la literatura une a dos mujeres que aprenden cómo la expresión de su feminidad y el amor que sienten la una hacia la otra pueden ser sus mejores aliados.
