Seguro que más de una vez habremos escuchado —o habremos formado parte— del cargante debate de si es mejor ver las obras en versión original con subtítulos o dobladas en tu idioma. Por suerte, no estás a punto de leer un artículo de alguien intentando convencerte de si uno es mejor que otro. Cada quién es libre de disfrutar las obras como más le plazca y la superioridad moral por hacerlo de una u otra forma es algo innecesario.
Lo que no se puede negar es que el doblaje puede ser para muchos una puerta de entrada al mundo del anime. Solo hace falta preguntar a cualquier persona consumidora habitual de manganime cuál fue el primer anime que vio y seguramente te nombre cualquiera de los que echaban en la tele cuando era niño o adolescente. Durante los 2000, como algunas de estas series se quedaban a medio licenciar y las cadenas de televisión dejaban de emitirlas, la gente tenía que buscarse la vida. Gracias a la llegada de Internet y de la aparición de los fansubs, retomar —o volver a disfrutar— tu serie de la adolescencia era posible y podías llevarla prácticamente al mismo ritmo de emisión.
Hoy en día, ver anime en versión original es algo mucho más habitual, pero durante los 90 y principios de los 2000 era algo digno solo de los más raritos. Pero pese a que desde hace años esto está cambiando y a casi todo el mundo que ve anime no le importa verlo subtitulado —lo analizaba el año pasado en este artículo—, en las plataformas de vídeo bajo demanda el doblaje es una opción que se sigue teniendo muy en cuenta.
A esto hay que sumarle que en España hay una cantera impresionante de muy buenos actores y actrices de doblaje y traductores —esto incluye a los que lo hacen en catalán, gallego o euskera— y actualmente la calidad de los animes que llegan doblados tienen una calidad increíble —y hace años también, no olvidemos el icónico doblaje de Bobobo—. Aunque no se puede pasar por alto que en este país también se han hecho cosas un tanto raras en este aspecto, pero ¿y las risas que esto nos ha regalado, qué?

Pese a eso, la calidad está aumentando y esto es una señal de que el doblaje de anime se empieza a trabajar con la misma seriedad e importancia que una serie o una película de imagen real. Y mientras aumenta la calidad, también aumenta la cantidad. Actualmente se está doblando más anime que nunca —en parte gracias al auge del medio a nivel nacional y a que a las grandes plataformas de vídeo bajo demanda les interesa invertir en ello—.
Recientemente también se ha anunciado que la cadena autonómica catalana va a emitir nuevos animes —en catalán—. Algunas personas que crecieron escuchando anime doblado en esta lengua están predispuestas a volver a ver animes que ya han visto —así como Kimetsu no Yaiba y Haikyuu!!— solo por el hecho de poder hacerlo en catalán. Y es que esto ofrece otro tipo de experiencia ligada a la nostalgia y a la cercanía que esto supone con tu lengua materna.
La cuestión es que ahora le puedes poner Death Note a tu madre —a quien le encantan los thrillers, pero que nunca se ha interesado por «esos dibujitos chinos raros»— y lo puede ver con la misma facilidad que cualquier otra serie de Netflix. O le puedes recomendar a tu mejor amigo —al que le encantan los vikingos, pero le da pereza leer subtítulos— que le dé una oportunidad a Vinland Saga. Y esto no sería posible sin el doblaje.