Opinión: castigar en el nombre de la Luna es para todos

El género mahō shōjo es uno de los más conocidos dentro del mundo del anime. No solo es extremadamente rentable y popular en Japón, donde franquicias como Pretty Cure siguen produciendo dinero gracias al merchandising y las nuevas temporadas, sino también fuera del país, donde series como Sakura Cazadora de Cartas o Sailor Moon lograron una popularidad prácticamente comparable a otras tan mainstream como Dragon Ball o Naruto. Donde se convirtieron en clásicos de la animación o en dibujos que todos hemos visto alguna vez de pequeños. Incluso series emitidas algunos años más tarde como Mermaid Melody Pichi Pichi Pitch gozaron de un seguimiento notable, que en este caso se sigue manteniendo a día de hoy con la publicación del manga en España.

Yo tuve una de estas cuando tenía como 11 años / ©SIMBA

Por supuesto, tampoco podemos negar que estos animes eran, y son, más populares entre públicos femeninos y además jóvenes, aunque sí que es cierto que con los años, el cambio en las nuevas generaciones y la ganancia de un estatus como anime clásico muchos de ellos ya son disfrutados por públicos más diversos. Sin embargo, que el público que los consuma a día de hoy sea más amplio no implica que estos fuesen en su origen su demografía objetiva, y algo más tarde comentaremos por qué negar este hecho hace más mal que bien.

Por supuesto, no solo encontramos animes mahō shōjo dirigidos a los públicos más pequeños o cuyos objetivos comerciales sean vender los cachibaches de transformación como juguetes; sobre todo en la última década, aproximadamente desde el año 2011. Y es que estamos hablando de que ese año comienza  la emisión del anime de Puella Magi Madoka Magica, el cuál podríamos señalar como el desencadenante y el que sentó las bases e inició un movimiento de deconstrucción del género mahō shōjo. No podemos decir que fuese el único o el primero en hacer esto, pero sin duda Madoka Magica es una obra muy importante e influyente que tuvo un gran impacto, tanto en su género como en el anime en general. La premisa de un anime mahō shōjo con una estética visual mona, con colores suaves y diseños de personaje similares a los de las series para niñas, los cuales no estaban sexualizados o radicalizados de ninguna forma, al principio nos hacía pensar que podría ser un anime de chicas mágicas completamente normal. A esto hay que añadir que la verdadera acción no comenzaba hasta el tercer capítulo, por lo que había cierto espacio para la duda, de unas dos semanas —o unos cuarenta minutos aproximadamente si maratoneabas la serie—. A ello se sumaba la situación en la que se encontraba el anime alrededor de 2011, con muchos nuevos fanes comenzando a ver anime, con las páginas online ilegales ya bastante asentadas y con lo fácil que resultaba por ello acceder a capítulos de animes en emisión. Debido a esto, el público potencial de la serie aumentaba bastante, tanto los que la verían en emisión como aquellos que lo harían después. El shock value es algo popular y no podemos negar que engaña. El juego de contrastes siempre es algo que choca y la gente tiende a recomendar series que no solo le gusten, sino que además le parezcan impactantes. Como resultado, Puella Magi Madoka Magica se convirtió en una franquicia de gran éxito y, como hemos mencionado antes, esto llevaría a una enorme cantidad de nuevas obras que también querrían jugar con ese impacto de mezclar cosas extremadamente adorables, y comúnmente para niñas, con temáticas en principio más “adultas”.

Para nada la protagonista pelirrosa está inspirada directamente en Madoka / ©Lerche

Años más tarde, no solo nacieron series de mahō shōjo con este concepto, como por ejemplo Mahō Shōjo Ikusei Keikaku o Mahō Shōjo Site, sino también series de chicas monas aparentemente haciendo cosas monas con algún tipo de giro más oscuro, como por ejemplo Gakkō Gurashi. Bien ejecutadas, estas propuestas pueden resultar novedosas y frescas dentro del género, pues los contrastes siempre llaman y la novedad atrae, por lo tanto series del estilo pueden resultar bastante entretenidas. Personalmente, incluso algunas de ellas las encuentro muy disfrutables y bastante bien ejecutadas, donde las ideas que quieren plasmar quedan bien representadas y logran emocionar a quien las consume. Sin embargo, esta popularidad de las subversiones del género mahō shōjo y chicas haciendo cosas monas no vinieron solo con obras bien llevadas, también surgieron obras basadas casi exclusivamente en el shock value que hemos comentado antes. Estas obras eran más dadas a basar su trama y el progreso de la misma en escenas y sucesos únicamente creados con el objetivo de hacer sufrir al consumidor de la misma, usando a los personajes para ello. Por lo tanto nos encontramos momentos truculentos que no aportan nada a la trama, pasados extremadamente tristes de maltrato o penurias cuya exposición tan gráfica no suma especialmente a la historia presente o situaciones comprometedores para las protagonistas—chicas jóvenes la gran mayoría del tiempo— que muchas veces rozan o traspasan las escenas de violencia sexual.

Esta especie de “reclamación” del género mahō shōjo por parte de un público diametralmente distinto al del habitual dio lugar a un fenómeno parecido al que sucede en los fandoms de ciertas series de animación como podría ser My Little Pony. No solo se creaba una diferencia en lo que los fanes consideraban un “buen” anime, sino que también se apropiaban de espacios típicamente infantiles como si fuesen zonas más adultas. El primer resultado nos lleva a la dicotomía de siempre, en la cual las obras dirigidas hacia un público adulto, que contienen temáticas más gráficas y violentas—no necesariamente duras de ver o tristes como veremos más adelante— son consideradas por ciertas personas como superiores y las obras dirigidas a un público más infantil simplemente son vistas como las obras “malas” o que no aportan aparentemente nada al género, porque son las mismas “ñoñerías de siempre para críos”. El segundo argumento se tuerce con cierta frecuencia en las series dirigidas al público más joven, donde los sectores del fandom más adulto tienden a justificar sus gustos con argumentos como: “La serie es muy adulta, realmente no es para niños”. Se apropian así de la misma y cambian el discurso frente a la trama de la serie, donde intentan que pase a ser vista como algo fuerte, duro o incluso difícil de ver.

Pero, ¿está bien esto de cambiar la narrativa de los mahō shōjo para hacerlos “buenos» o “adultos”? No podemos pedir que la gente no experimente con el género o juegue con las distintas posibilidades que les ofrece la ficción, pero el problema nace en la necesidad de enfrentamiento y en esta visión de crear una “mejora” que consista en cambiar el público objetivo de una serie de niños y niñas pequeñas a personas adultas. Y es que parte del problema es esto mismo, no hay ningún motivo por el que pensar que una obra dirigida a críos va a ser peor que lo que pueda resultar una dirigida a adultos. Ni siquiera hay necesidad de legitimar nuestros propios gustos negando la naturaleza de la misma.

Dejen la representación lésbica también para las niñas/ ©Toei Animation

No tenemos por qué rechazar una serie por no tener violencia gráfica o problemas aparentemente no adultos, muchas series tratan problemas de la vida de manera que su público joven pueda comprenderlos mejor. No es necesario que se represente gráficamente el tema de la violencia vicaria en DoReMi porque es un tema lo suficientemente grave como para que como personas maduras podamos comprenderlo, además de que su público objetivo pueda entenderlo también con las herramientas de pensamiento crítico que tienen disponibles a su edad. No es necesario decir que DoReMi toca temas «muy adultos para ser para niñas» para justificar que te guste DoReMi y que disfrutes viéndola. Las series para niños también pueden tener o tocar temas complicados y tristes. A fin de cuentas esto puede ayudar a los más pequeños a explorar por sí mismos desde la infancia y los ayuda a gestionar esos sentimientos que puede que les hayan llegado a suceder. Incluso si son situaciones algo inverosímiles, los públicos más jóvenes también tienen derecho a acceder a historias aptas para su edad pero que sean emotivas y emocionantes y que les hagan experimentar un amplio rango de sentimientos.

Por lo tanto, como público y consumidores de animes o de cualquier otro tipo de medio, no debemos tener pudor en abordar distintos tipos de series que no necesariamente se conciban para nuestro perfil exacto. Experimentar con distintos géneros y demografías puede ampliar mucho el horizonte de las cosas que disfrutamos. No necesariamente todo lo bueno que tenemos que consumir van a ser obras estrictamente maduras y adultas, a veces lo que uno quiere es únicamente ver transformaciones muy brillantes y a un grupo de chicas destruir a un monstruo motocicleta.

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