El Medievo está de moda, o al menos eso es lo que podemos pensar al ver la gran cantidad de productos audiovisuales que constantemente aparecen en torno a los elementos medievales, sean estos netamente históricos o encuadrados en un mundo de fantasía. Y no es algo que se limite al espacio geográfico donde este “periodo histórico” tuvo lugar, sino que traspasa las fronteras, físicas y culturales, mostrando una fuerte presencia en la ficción asiática en general y japonesa en particular.
Prestando atención al mentado caso japonés, encontramos que los elementos medievales están presentes tanto en el manganime a través de obras como Berserk —Especialmente en la arquitectura, que toma como base muchas iglesias románicas de la península—, Akagami No Shirayuki-hime, Aktsuki No Yona, como las novelas ligeras de Record of Lodoss War, en videojuegos como la saga Souls, e incluso en la literatura más tradicional, como es el caso de la novela Nisshoku de Hirano Keiichiro, ambientado en la Francia del siglo XV.
Ahora bien, la mayoría de estas obras, como seguramente sepáis, están bañadas por elementos fantásticos, por lo que el medievo en sí en muchas ocasiones no es sino un setting de fondo lleno de manidos tópicos, cuando no un mero decorado en el que colocar castillos y brutalidad sexual. Son pocas las obras que se presentan pues como “Historicas”, si bien de esa exigua cantidad tenemos una que destaca actualmente en popularidad, el título de Makoto Yukimura: “Vinland Saga”.

Algo que resulta llamativo es que el periodo vikingo, dentro de la Edad Media, no es algo a lo que en Japón se le haya prestado especial atención, ya que la serie de animación Vicky el Vikingo —la producción es japonesa, aunque no original, pues adapta las novelas del sueco Runer Jonsson— es prácticamente la única representación mainstream de dicho periodo, por lo que resulta cuanto menos curioso que el producto más cercano a la “recreación histórica fiel en ficción” se de en torno a una cultura y momento histórico que tan poco interés parece haber despertado en las mentes niponas.
Vinland Saga, como su nombre indica, es una adaptación al manga de las “Sagas de Vinlandia”, comprendiendo estas la saga de Erik el Rojo y la saga de los groenlandeses, que pivotan en torno a la llegada de los nórdicos a las costas de América del Norte tras atravesar el Océano Atlántico por su extremo norte. Esto se deja notar especialmente en las descripciones que se dan de las costas, en las que se presentaba “Vinlandia” como poco menos que el paraíso terrenal.
Como toda adaptación, esta necesita tomarse sus licencias —no debemos olvidar que estamos ante una obra de ficción y no un documental—, no solo en cuanto a personajes y al desarrollo de los mismos, sino en relación a los eventos relatados. Y es en este punto en donde nos vamos a detener brevemente, pues la representación que se hace del encuentro entre nativos y norses está muy alejada de la realidad, ya que en principio distaron de tener unas relaciones pacíficas, saldándose los primeros contactos con episodios sangrientos. Este elemento que se elimina con el fin de mantener la idea de Vinland como ese mencionado paraíso, opuesto a la realidad vikinga de climas helados y conflictos eternos, por lo que no deberíamos considerar estas omisiones o suavizaciones como elementos que resten en demasía hacia el carácter histórico de la obra, sino que ayudan a su composición. A fin de cuentas una Saga no es sino una suerte de “cuento” —Entendamos esto con la acepción tale en inglés, un cuento/historia—, y estas, en palabras del historiador Martin Arnold “presentan en numerosas ocasiones versiones gramaticalmente opuestas de los hechos”. Así pues, con esto Yukimura no está sino continuando con la tradición literaria nórdica a la hora de realizar su Saga.
Aparte de las sagas mencionadas, en un ejercicio de ampliación que le permita tomar un mundo con sus eventos y hechos históricos más diversos, el manga también toma influencias de la saga de los Jomsvikingos y de la de Knut el Grande —N.d.r. me niego a llamarlo Canuto— relacionando los eventos de ambas gracias en gran parte a las lagunas que estas dejaron en su día en torno a algunos personajes.

La última historia de las dos mencionadas resulta de especial interés, pues la adición de la figura del monarca danés a la obra supone la representación de una figura histórica de gran calado e importancia —a fin de cuentas, los otros personajes de las sagas como Leif o Thorstein no fueron si no meros aventureros y su figura están mucho más marcadas por la leyenda creada a posteriori—, lo que sumado a ese poco acercamiento del mundo japonés al vikingo, supone que esta va a ser la referencia ficcional primaria, y en muchos casos esencial, que el público tenga sobre la misma y que va a configurar la imagen en su psique, del mismo modo que por ejemplo en la juventud de una generación entera de Europa la figura de Julio Cesar quedó relacionada a la representación que a este se le daba en los comics de Astérix el Galo.
Ahora bien, a pesar de ser una “reescritura” a un nuevo medio de las sagas vikingas, en ningún momento se intenta glorificar ni romantizar el modo de vida de los mismos, sino que parece querer enfrentar estos preceptos del Kosmos Norse, de un modo similar al que Loki se enfrenta dialécticamente a los dioses en uno de los números poemas nórdicos. Así pues, la premisa que va a recorrer las paginas va a ser la pregunta: ¿Qué es ser un guerrero? Es en este aspecto en el que quizás Yukimura se tome más licencias con respecto a la sociedad vikinga, pues va a plasmar una serie de valores propios, contemporáneos en cierta manera, que modifican la cosmovisión germana en torno a la guerra, honor y venganza que está presente en mayor o menor medida en todas las sagas. Bien es cierto que solventa esta coyuntura con muy buena mano, pues para presentar esta diatriba se va a valer de “los conflictos religiosos”, es decir, el acercamiento de paganismo germánico a los preceptos del cristianismo occidental y como se reflejan elementos comunes dentro del camino que define a un guerrero.
Debemos destacar también como se realiza una representación cuasi costumbrista de la vida nórdica. Como mencionamos, se aleja del aspecto romantizante y mitológico, que daba una representación un tanto rocambolesca del aspecto de las gentes, como de la imagen más reciente de bárbaros vestidos con pieles o cuero y cascos con cuernos que solo piensan en insertar un hacha en tu cráneo. Por su parte, encontramos los elementos característicos de la vida norse, como es la granja y la vida en torno a ella, así como el comercio, especialmente en los primeros capítulos que se dan en Islandia. Pero la cosa no queda solo ahí, su representación es quizás de las más cercanas al realismo histórico en cuanto a naves, vestimenta e incluso el uso de armas y armaduras, e incluso la jerarquización social de las mismas. Esto con obvias licencias narrativas, tampoco es que creamos que ningún vikingo se lanzase al combate con un solo cuchillo. Un berserker altamente intoxicado puede pero no era la norma, ni que a Svend lo decapitase un galés.
En conclusión, Vinland Saga supone un nuevo acercamiento y adaptación del genero medieval al mundo contemporáneo, manteniendo el génesis de sus formas e incluso reutilizando tropos propios de los escritores de la época, por lo que no solo tiene valor como un producto cultural histórico, sino que en cierto modo es la continuación de una herencia o legado del pasado, que como decíamos ha traspasado las fronteras culturales para hallar su resurgimiento al otro lado del mundo, y que puede —e incluso debe—, ser considerado una autentica Saga vikinga contemporánea, en el sentido académico, aparte de en el del entretenimiento.
Así que cargad el hidromiel, realizar vuestras ofrendas a Odin y Njörðr, y pillad el cojín más cómodo que podáis para vuestras posaderas mientras remáis cuervos, pues ponemos rumbo a Vinlandia.