Nos encontramos a finales del verano de 1977. Dos meses atrás se han celebrado las primeras elecciones democráticas del Estado español y el Real Betis se alza con su primera Copa del Rey. Aún queda un año para la instauración definitiva de la televisión en color en el territorio y países cuyos nombres hoy nos quedan tan atrás como Yugoslavia, Zaire o la Unión Soviética están aún presentes en el panorama internacional. También es el año en el que se publicaría El Silmarillion, una de las obras más reverenciadas en la actualidad del filólogo y escritor británico John Ronald Reuel Tolkien, conocido mundialmente por El Señor de los Anillos. Lo interesante del evento, más allá de la evidente relevancia literaria de este análogo a la Biblia, pero del Legendarium tolkeniano, es que su autor había fallecido cuatro años antes, en 1973. El tercer hijo de John, Christopher, se encargó de reunir las notas que había dejado atrás su padre, darles un sentido y orden, convirtiéndolas en algo legible y entretenido y, finalmente, llevarlas a publicación. El Silmarillion fue sólo el primero de los trabajos de su padre que Christopher editaría. Después llegarían la saga de Historia de la Tierra Media —que contenía, por ejemplo, El Libro de los Cuentos Perdidos o Las Baladas de Beleriand—, Los Hijos de Húrin, La Leyenda de Sigur y Gudrún e incluso poesía basada en la Materia de Bretaña como fue La caída de Arturo.
En 1977 Kentaro Miura, autor de uno de los mangas de fantasía oscura más reverenciados, Berserk, tenía aún 11 años y su obra magna no llegaría hasta un docenio después cuando, tras un experimento en forma de one-shot titulado Berserk: The Prototype, las aventuras de Guts, el mercenario más reputado del tebeo japonés, comenzarían su andadura en la revista Monthly Animal House. Miura falleció de una disección aórtica —afección habitualmente causada por motivos genéticos, hipertensión o ateroscleriosis, entre otros— el pasado año. Hasta entonces, Berserk llevaba una temporada de hiatos consecutivos y desaceleraciones habituales en su ritmo de publicación que habían hecho que la historia avanzase de manera sustancialmente más lenta que en su etapa clásica. Y por tanto, cuando Miura dejó este mundo, la trama de la misma quedó inconclusa. Nunca conoceríamos el final de viaje de Guts. Nunca llegaríamos a saber si pudo ayudar sanar a Casca en la tierra de los elfos, si pudo perdonarse y dejar atrás su pasado, si el villano Griffith quedó sin castigo y consiguió mantener su ansiada y deseada utopía. Todo esto quedaría en el limbo de las historias perdidas. Como El Rey Pálido, de David Foster Wallace, como Los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros de John Steinbeck, como el Fénix de Osamu Tezuka.

No hace mucho saltó la sorpresa. Studio Gaga, fundado en su día por el propio Miura y el cual engloba actualmente a sus asistentes y aprendices, continuará el manga de Berserk, mediante la tutela de Kōji Mori, que aparte de ser uno de los mejores amigos del difunto autor, es también mangaka, con más de un trabajo interesante a sus espaldas como es Jisatsutou o, especialmente, Holyland. Tanto Gaga como Mori manifestaron mediante un comunicado en redes sociales sus intenciones respecto a la obra. Inicialmente se publicarán seis nuevos capítulos, tras los cuales se le dará la eventual entrada a un nuevo arco. Obviamente, como con toda información o revelación con un mínimo de relevancia publicada en redes sociales, la divisiva, polarizada y, por qué no decirlo, hasta histriónica respuesta de las masas no se hizo esperar. Que si no era «nada más que un fanfic», que si esto tenía el mismo valor como Berserk que si lo hubiese escrito y dibujado, por poner un ejemplo, Jesús Martínez del Vas —ndr: un abrazo de quien esto suscribe a JMV, que es un estupendísimo historietista y, además, El Señor de los Panchitos es un tebeo sublime—, que todo esto era un nuevo movimiento capitalista de las temibles editoriales japonesas por ganar más dinero a costa de un fallecido y, probablemente una de las más inesperadas, que nadie le había pedido permiso al autor para continuar la obra.
Pasemos por alto que ahora mismo Kentaro Miura seguramente tenga algo complicado, por los motivos obvios, el responder a un correo electrónico en el que le pregunten qué opina sobre que su obra sea terminada o no por otras personas, y centrémonos en los otros argumentos esgrimidos. Si la continuación de Berserk es un fanfic, entonces más de la mitad del Legendarium de Tolkien también lo es. O Dune, completada, similarmente al caso anterior, por el hijo de Frank Herbert, el escritor original. O, sin ir más lejos, el culmen de La Rueda del Tiempo, la longeva saga de Robert Jordan que, tras su fallecimiento, tuvo que ser cerrada por Brandon Sanderson. Podría replicarse en estos casos que, al menos en lo tocante a esta última, pese a no haber completado la saga de su puño y letra como tal, el novelista original sí dejó una serie de notas y aclaraciones bastante precisas sobre los hechos relevantes que acontecerían en el final de su historia, por si algo le ocurría, como al final sucedió, y no llegaba a terminar la obra por su propia mano. Igualmente, Christopher Tolkien recurrió a folios manuscritos, cartas y cuadernillos escondidos en cajones y perdidos en trasteros para idear toda la historia y trasfondo de la Tierra Media que hoy conocemos como canon en la fantasía tolkeniana, así como hizo Brian Herbert con las desventuras de los Atreides y los Harkonnen a lo largo de las eras. Quizás Kentaro Miura no haya dejado un cuaderno especificando punto por punto qué ocurriría desde el capítulo 364 de Berserk, el último en ser publicado hasta el momento, hasta el fin de su narración, pero eso no quiere decir que la historia que queda por contar sea un completo misterio. Y aquí entra la importantísima y crucial figura del citado Kōji Mori.

Mori es probablemente, y como se puede extraer de su comunicado, la única persona en el mundo, al margen obviamente del fallecido, que conoce el final de Berserk. Y no sólo eso, sino que el mismo Miura le contó de manera más o menos detallada los hechos que iban a tener lugar en los siguientes arcos. Quizás no haya notas pormenorizadas como en La Rueda del Tiempo. Quizás no haya unas, casualmente, favorecedoras cartas en el desván del primo del sastre favorito del autor, como en el Legendarium. Todo depende la memoria de Mori. Pero él dice que se ha preparado, que supervisará todo concienzudamente y que la historia tratará de, única y exclusivamente, aquello que recuerde con claridad. Seguramente Berserk no termine jamás de la manera exacta que querría Miura —no podría haberlo hecho ni con todas las notas detalladas del mundo, pues el ritmo, la composición e incluso la construcción de los diálogos es algo total y completamente individual y único en cada autor— pero, al menos, terminará. Y eso es algo que podemos celebrar, después de llorar la muerte de su autor el pasado año. El equipo encargado es aquel que le acompañó como asistente todos estos años de trabajo y la persona encargada de comandar el proyecto es el ser humano vivo que más sabe actualmente sobre lo que estaba por venir en el guion de la obra. Y esto no es, ni de lejos, como el caso de Franz Kafka, quien especificó formalmente antes de su muerte que quería que, en vez de llevarlas a publicación, se deshiciesen de sus obras inconclusas, cosa que, como sabemos, no ocurrió.
Tampoco parece que el tema económico haya sido el de mayor peso aquí. Obviamente es muy probable que este proyecto no se hubiese podido llevar a cabo si las previsiones indicasen pérdidas abismales, pero actualmente la editorial Hakusensha goza de buena salud. Sus principales revistas, además de, por descontado, la Young Animal, como son LaLa o Hana to Yume, colocan varios cientos de miles de ejemplares en las estanterías de las librerías cada vez que hay una tirada. Y seamos francos, la mejor forma de hacer dinero en esto, de revitalizar el merchandising y de darle un empujón a las ventas del manga habría sido también la jugada más fácil. Una nueva edición de tankōbons superdeluxe encuadernados esta vez en tapa dura y con más páginas a color, un nuevo anime de la Golden Age adaptado por Ufotable, Mappa o Cloverworks, un nuevo videojuego, probablemente un musou, para PS5 o Switch y ya estaría, a amasar millones viviendo de rentas. Pero no se ha optado por nada de eso. Se ha decidido dar un final a una obra inconclusa. Y ese es el movimiento más valiente y atrevido posible.
Me vais a permitir, por una vez en mis artículos y sin que se convierta en costumbre, ponerme un poco personal para poder cerrar este texto. ¿Sabéis una cosa? Que si mi mejor amigo/a se muriese quedando la obra de su vida sin terminar, me gustaría poder ayudar en la medida de lo posible a que esa obra viese la luz terminada de la forma más parecida posible a como él/ella hubiese querido. Y, por supuesto, es exactamente lo mismo al revés. Si yo estuviese enfrascado en la creación de algo a lo que hubiese dedicado mi esfuerzo, cariño y pasión durante décadas y, desafortunadamente, me fuese demasiado pronto, sin poder acabarlo, nada me haría irme más tranquilo al otro barrio que saber que la gente que quiero, y que me quiere, moverán cielo y tierra para ver ese sueño cumplido, aunque sea de manera póstuma. Un último regalo artístico al recuerdo de una vida dedicada al arte. Qué hay más bonito que eso.