Todos hemos sido adolescentes y, en más de un momento —incluso habiendo dejado la adolescencia atrás—, nos hemos sentido absolutamente perdidos en algún punto de nuestra vida. ¿Qué queremos ser de mayores? ¿Cuál es nuestro sueño? De eso trata Yume Miru Taiyō, el manga de este artículo.
Yume Miru Taiyō, de Ichigo Takano —Orange— cuenta la historia de Shimana Kameko, una adolescente que, un día, decide escaparse de casa. Sentada en un parque, sin saber qué hacer o a dónde ir, conoce a un misterioso hombre que le invita a quedarse en su casa junto con otros dos chicos, pero hay tres condiciones que debe cumplir: decirle por qué ha huido de casa, buscar al otro inquilino que tiene la llave y, en último lugar, tener un sueño. De aquí en adelante, Shimana conocerá el amor y lo importante que es soñar, haciendo todo lo posible por cumplir sus sueños.


A través de los cuatro inquilinos de la casa —Shimana, Taiga, Zen y Asahi—, se nos contará una historia sobre el amor platónico, romántico y familiar, la amistad, los sueños y hacerse mayor. Al ser puro slice of life —junto con romance—, es un manga que no busca tener una gran historia complejísima, con mil plot twists que el lector no se va a ver venir y muchísima acción. Sin embargo, los temas que trata lo hace siempre con un cariño extremo, tiene un desarrollo de personajes muy cuidado y, en definitiva, una historia muy tierna.
Los sueños son el leitmotiv, junto con la idea de enamorarse, de este manga. Conocemos los sueños que tienen Shimana —enamorarse—, Zen —publicar su manga— y Asahi —estudiar derecho—, adolescentes que se pueden permitir soñar despiertos y tienen todo el tiempo que quieran para luchar por sus sueños. Sin embargo, pronto veremos que los personajes más adultos, como Taiga o Ken —el hermano de Zen—, también tienen sendos deseos que quieren cumplir, aunque ya hayan llegado a la edad adulta.

Ese es el mensaje del manga, al fin y al cabo. Que los sueños son ese motor que nos empujan a ser mejores personas, a querer vivir dándolo todo, a crecer con una sonrisa en la cara, a querer. Que la edad es un número y que, aunque pensamos que el tren ya se ha ido de la estación, en realidad ha estado ahí parado, esperando a que nos montemos en él. La actitud de los dos personajes adultos cuyos sueños conocemos, Taiga y Ken, son totalmente opuestos. Si bien Taiga se ha resignado a que su sueño ya no va a cumplirse, el hermano de Zen es todo lo contrario. Para ambos personajes, las circunstancias de la vida se han puesto en su contra para cumplir estos objetivos, pero Ken va a pelear hasta el final por su sueño. Al final, Taiga también acabará cediendo.
También es cierto que, leyendo el manga, veremos que no es la edad el mayor impedimento para estos personajes. La vida adulta trajo consigo circunstancias, impedimentos y problemas más «reales» que no les permitían seguir soñando, y con ello tienen que enfrentarse a vicisitudes del día a día: expectaciones familiares, pagar facturas y un sistema social y económico que no va admitir que se atrevan a soñar despiertos.

Por otro lado, vemos que Taiga se proyecta a sí mismo en los adolescentes, pidiéndoles que sueñen y animándoles a hacer todo lo que él no hizo —o no pudo hacer— en su día. A pesar de que él parece haberse resignado a la vida que le ha tocado, abandonando sus verdaderas aspiraciones y conformándose con algo que no quiere, se deja entrever que aún le duele y que no quiere que los chavales tomen la misma senda que tuvo que andar él. De esta forma, los tres inquilinos se volcarán en cuerpo y alma sobre aquello que quieren conseguir, sabiendo que tienen a un adulto confiando en ellos.
La casa donde viven los cuatro inquilinos es, al final, el lugar donde pueden permitirse soñar. Cuando salgan de allí, cuando “crezcan” —como ellos dicen—, será el momento de la verdad, la prueba de fuego: cumplir sus sueños o tener que abandonarlos. La casa es, además, su refugio. Allí pueden enamorarse, equivocarse y crear nuevos recuerdos juntos. Es el lugar seguro de todos; incluso de Taiga, aunque él no sea consciente. Da igual la edad que tengan, en esa casa todo el mundo tiene derecho a soñar y hacer todo lo posible por cumplirlo. Es el refugio que ellos, y quizás hasta nosotros en más de un punto de nuestra vida, necesitan. Porque, al final, de eso trata la vida: de soñar.

Yume Miru Taiyō es un manga shōjo que tiende a quedarse un poco en la sombra, eclipsado por títulos más conocidos. Sin embargo, tiene una historia muy tierna, un romance muy bonito y personajes encantadores, así que animaos a leerlo si no lo habéis hecho aun. Y os preguntamos, queridos lectores de Futoi Karasu: ¿vosotros también tenéis un sueño?