Veréis, como a Five, personaje de Drakengard 3, me encanta comer, si bien es cierto que no puedo considerarme un contendiente digno a su apetito, pues donde yo con dos platos quedo satisfecho, ella prefiere las comidas de tres escudillas a rebosar de condimentos deliciosos, aunque tampoco es que le haga ascos a las comidas más asquerosas con tal de engullir.
Lo que si deja claro es que, coma lo que coma, ella ansía más cada vez. Y no solo es una cosa de ingesta de alimentos, pues le pasa también con otros elementos materiales e incluso sentimentales. Sus propias palabras, aunque articulen un discurso simple o básico, ejemplifican a la perfección esta sensación.
“El mundo se compone de cosas que quiero y de aquellas que realmente deseo. Pero nunca encuentro satisfacción, una vez las consigo pierdo el interés por ellas. Las únicas cosas que consiguen mantener mi atención son aquellas que me son inalcanzables”.
Estoy seguro de que más de une ha experimentado estas sensaciones en algún momento de su vida. A fin de cuentas, son sensaciones intrínsecas al “Homos Capitalismus” y la humanidad. O eso esperamos, porque Five, en este universo de Yoko Taro, es una suerte de semi-deidad de actos cuestionables, pero que busca aprender más sobre la humanidad en pos de lograr esa satisfacción. Ay la pobre. Si supiese realmente de nosotros se daría cuenta de que padecemos ese mismo problema, y que la solución no está en las citas manidas de Paulo Coelho de “buscar la felicidad”, pues podemos ser felices y que esa sensación de satisfacción haga tiempo que nos haya abandonado. ¿Pero entonces por qué es? ¿A qué se debe? ¿Quién? ¿Cómo? Chitón, Clopin os lo contará. Es una historia que habla de… la ciencia.

Existe un término científico denominado “adaptación hedónica”, que es esa tendencia a la búsqueda de esos ambientes de estabilidad o satisfacción a pesar los rocambolescos cambios que haya podido experimentar tu vida. Un poco el “cuantas más ganas más quieres” de toda la vida solo que no tiene únicamente estas connotaciones tan frívolas, ya que este mecanismo es el que nos permite, a nosotros los pobres, encontrar la felicidad a pesar de las condiciones difíciles que nos aplastan día a día. También da una de arena después de la de cal, pues provoca que las personas infelices permanezcan en ese estado sin importar las circunstancias externas. Un estudio realizado sobre este tema se llevó a cabo con sujetos ganadores de la lotería o que habían recibido otra gran cantidad de dinero y daba dos conclusiones: que estas personas sentían menos satisfacción ante eventos mundanos y que estas sensaciones se habrían desarrollado de forma posterior a la obtención del parné.
En definitiva, y dejando atrás el párrafo 100tifiko, la adaptación hedónica no es sino la capacidad del ser humano de adaptarse a las situaciones externas, y que estas adaptaciones dependen únicamente del ser. Por tanto, pueden darse adaptaciones tanto positivas como negativas. En relación con la felicidad, serviría de base para aquello que decían los Monty Python “busca el lado bueno de vivir”, o apreciar las pequeñas cosas —al final si ha sonado a Paulo Coello—.
Volviendo a Five y Drakengard 3, nuestro personaje no es ajeno a los placeres. Sabe qué cosas están deliciosas y cuales asquerosas, pero es la necesidad interna la que provoca que pueda comer tanto un plato bien cocinado como esa lechuga pocha que compraste hace tres semanas en el ultramarinos cercano y se te olvido usar.
Pero como hemos mencionado, esto no va solo de comida. ¿Recordáis lo de las prácticas cuestionables? Five tiene un “discípulo”, al que controla para realizar el “delicioso”, o dicho de forma más certera y horrible, a quien utiliza como su juguete sexual. También es cierto que estamos ante una obra de Yoko Taro y que esta visión no es sino la que nos da una parte de la historia, una pieza del rompecabezas entre los ya conocidos múltiples finales.

La cosa es que su discípulo no estaba tampoco realmente en contra de lo que pasaba. Dito no es sino un cínico y sádico y demuestra una clara atracción hacia Five. A la vez, no puede evitar pensar que ella es una cuasi-deidad mientras que él es todo lo contrario. Se siente ínfimo respecto a ella y es por eso que, en su cinismo, atacará la apariencia física de Five, minusvalorándola hasta el punto de hacerla sentir lo suficiente poca cosa para que, a través de una disonancia cognitiva, sea él quien presuntamente acceda a realizar el acto con alguien tan “fea”. Como hemos mencionado, Dito es sádico, disfruta de esto. Y en sí sí ama a Five, de hecho, la ama hasta el punto de encontrar atracción hacia la parte más podrida de ella misma, su interior. Es por ello que es cuando esta se convierte en un putrefacto cadáver que Dito parece encontrar su sitio en el mundo, que no es para él otra cosa que un cadáver podrido, un lugar horrible
Huelga decir, sin buscar con ello la justificación, que parte de los comportamientos de Five se deben al haber vivido el abandono en otra etapa de su vida, con lo que el control que ejerce no es sino una forma perversa de “auto-defensa” para evitar volver a ser dañada.
Los actos son horribles, y quizás nos ericen de más el vello por lo reales y cercanos que estos son en nuestro mundo. Yoko Taro no hace sino dibujar la mente de un abusador y cómo se reproduce el ciclo vicioso de abusos, sean verbales, sentimentales o sexuales, dando lugar a una espiral infernal de insatisfacción que lleva a cometer los actos más despreciables, elementos que sin duda tienen derecho a ser representados en obras audiovisuales para mostrarlos como son.
Cuervos, evitad siempre el abuso, tanto darlo como recibirlo, no os enganchéis a él o lo justifiquéis pues no existen razones para ello. Y como me entere de que alguno abusa de alguien le meto una espada por el cu[redacted]