¿Qué es la felicidad? Esta pregunta que ya se planteó Aristóteles hace cinco mil años es la misma con abre Mata, Onaji Yume wo Miteita, en España licenciada por ECC con el título Soñé lo mismo otra vez. Quizá sea una pregunta un tanto naíf, pero quien se lo plantea en esta ocasión es Nanoka Koyanagi, una niña de primara. Así que si alguien cree que esta obra va a tener un enfoque tan ingenuo y simple como parece —y no lo digo como algo negativo—, está totalmente en lo cierto. Pero no tengo ninguna duda que este enfoque totalmente intencionado y está justificado.
En la adaptación al manga Quiero comerme tu páncreas, Yoru Sumino y Dumi Kirihara ya exploraron cómo la forma de relacionarnos con los demás puede ayudarnos a entendernos mejor a nosotros mismos y a ser mejores personas. Con Soñé lo mismo otra vez vuelven a tocar temas similares, pero con un toque algo más inocente y de una manera más directa, justo lo que este tipo de historia pide.
Nanoka es el personaje perfecto para este slice of life: una niña sin amigos en clase pero que aún así tiene una gran predisposición por ayudar a los demás y con una sonrisa que rara vez se borra de su rostro. Pese a eso, se queda sin saber qué respuesta dar cuando su profesora le hace plantarse qué es la felicidad.
Al principio, lo sencillo es recurrir a lo clásico: la felicidad se encuentra en las cosas pequeñas, en un trozo de tarta, en leer un buen libro o en apreciar un cuadro. Es algo que todos hemos escuchado más de una vez. Vivir esperando la felicidad eterna es ineficaz, lo que importa es saber apreciar los pequeños detalles que nos regala la vida. Pero aún así, Nanoka se dispone a ir un paso más allá y empieza a indagar un poco más.
Aunque no tenga amigos en clase, nuestra protagonista no está sola. Le acompaña a todos lados un gato que rescató de la calla y de vez en cuando visita a tres mujeres de distintas edades que considera sus amigas. Tras varias interacciones con cada una de ellas, nos damos cuenta de que Nanoka está tratando de buscar la manera de simplificar la vida comparándola con todo tipo de cosas. ¿Podríamos reducirlo todo a un pudding y comernos solo la parte dulce dejando la amarga?

Llegamos pronto a la conclusión de que no. La vida muchas veces no nos deja escoger y tenemos que comernos el plato entero. Así que tarde o temprano nos tocará hacer frente a alguna que otra parte amarga. ¿Y cómo lo hacemos para tragarnos esta parte que no nos gusta? Esta es otra de las cuestiones sobre las que Nanoka tendrá que aprender, ya que pronto descubre que la vida no siempre va a ser tan bonita como querríamos.
Soportar que su nueva amiga se autolesione, que su compañero de pupitre no quiera enseñarle sus dibujos, que sus padres estén siempre demasiados ocupados… Son solo algunas cosas que le sacan de lugar porque no es capaz de comprender por qué pasan este tipo de sucesos que la alejan de lo que se supone que es la felicidad, al menos al principio. Nanoka aprenderá que, a pesar de sus buenas intenciones, puede herir a los demás aunque esa no sea su intención —y viceversa— y aquí es donde entra otra de las bazas más importantes de su aprendizaje. Está en su mano descubrir qué es correcto y qué no, además de decidir por sí misma si debe o no intervenir y como hacerlo.
Parece ser que al final todo se reduce a eso: en cómo nos relacionamos con las personas que nos importan. En aprender a escucharlas, en actuar en su favor pero sin descuidarnos a nosotros mismos. En encontrar aquello que nos apasiona y hacer sentir a los demás que aquello que les gusta es importante siempre y cuando les haga felices y no haga daño a nadie.
Soñé lo mismo otra vez es una historia amena de leer —de no mucho más de 500 páginas— pese a que parte de una pregunta compleja que el ser humano nunca ha dejado de plantearse. Y para una pregunta compleja se necesita una respuesta igual de compleja. O quizá no. Porque puede que no exista una sola respuesta. Y el hecho de que haya tantas, por simples que sean, quizá sea precisamente la razón de su complejidad.
Pero el propósito de este artículo no consiste en buscar el significado de lo que es la felicidad. Qué mejor para eso que acercaros una obra como esta, suave, sencilla de leer y que —aunque algo previsible— explora un concepto de este calibre de una manera tan nítida.