Una carta de amor a la saga Yakuza

A pesar de los duros momentos que estamos atravesando, este año para mí ha sido más que interesante en lo que a videojuegos se refiere. Y, sin duda, la saga Yakuza ha tenido gran parte de culpa de que eso haya sido así.
En realidad, mi historia con Yakuza comenzó a finales de diciembre de 2020, pero antes de entrar de lleno en el tema, me gustaría hablar de otra cosa.

¿Alguna vez habéis tenido un juego (o serie de juegos) que os haya hecho decir: «Este es el motivo por el que me gustan los videojuegos»? La última vez que sentí eso fue aproximadamente en 2018, con The Legend of Zelda: Breath of the Wild, que se convirtió en mi juego de mundo abierto favorito y en una experiencia jugable inolvidable.

No quiero que se me malinterprete, no es que no me gusten o me hayan gustado otros videojuegos, claro que sí. No soy muy exigente y normalmente me conformo con que me distraigan y me diviertan, pero a veces hay juegos que te marcan de una forma especial, y a eso es a lo que me refiero. Pues bien, con Yakuza también me pasó lo mismo, y a un nivel que ni siquiera yo me esperaba cuando empecé a jugar la saga.

Pocket Circuit, uno de los minijuegos más adictivos de la saga. Una lástima que solo aparezca en 0 y Kiwami / ©SEGA

Yakuza hace años que me llamaba la atención, mayormente por los memes que veía en Twitter. Y también había amigos que llevaban tiempo insistiéndome para que jugara y diciéndome que me gustarían seguro. Pero jamás imaginé que se acabaría convirtiendo en mi saga de videojuegos favorita.
Veréis, mi saga preferida siempre ha sido Pokémon. Es esa serie que me ha acompañado desde niña y en la que siempre he encontrado confort, que me devolvía a la infancia, que ha estado conmigo en muchos momentos de mi vida… Ya os podéis hacer a la idea. Sin embargo, si bien las nuevas entregas me gustan porque me parecen muy disfrutables y sigo sintiendo eso mismo porque, además, es una saga a la que le pido muy poco, no puedo dejar de ver los problemas, las prisas y la cada vez más acuciante falta de cariño puesta en ellos. Y eso, aunque me gusten y a pesar de que los seguiré comprando, duele, claro.

Y aquí es donde entra Yakuza. En las rebajas de Steam de Navidad, y aprovechando que poco tiempo antes me compré un PC nuevo, me hice con Yakuza 0, que generalmente es el título de la serie por el que muchos recomiendan empezar. En principio no planeaba jugar a más de la saga, por lo menos en ese momento; 0 es el más famoso y el que más me llamaba la atención porque es el juego del que más contenido y memes hay siempre en las redes sociales, como ya he comentado. Pero esta entrega me absorbió y me sorprendió a muchos niveles. Sentí lo mismo que con Breath of the Wild en 2018, ese sentimiento que me hizo decir: «Esta es la razón por la que me gustan los videojuegos». Una trama increíble, personajes muy bien desarrollados, la maravillosa combinación de historia principal seria con misiones secundarias absurdas e hilarantes (aspecto en el que incidiré un poco más adelante con profundidad)… Me atrapó por completo y quería más, así que seguí jugando. Y me bebí toda la saga principal entera. Y cuanto más jugaba, más veía la cantidad de referencias a otros juegos, el mimo, el cariño para hilar tramas y rescatar personajes de entregas anteriores. Es justo lo contrario de lo que siento en los últimos años con Pokémon, lo veis, ¿no? Por eso no es de extrañar que Yakuza se haya convertido en mi saga de juegos favorita.

Pero hay más, claro que hay más. Este año empezó regular para mí. Es el segundo año de pandemia y no parecía que con la llegada de 2021 fuese a cambiar mucho con respecto al año anterior. A eso se sumaron otras circunstancias personales que no voy a detallar aquí. Pero la cuestión es que el inicio de año no pintaba bien; sin embargo, si algo me ayudó en los meses de enero, febrero y marzo fue jugar a Yakuza. El drama de sus historias, sus personajes, sus mecánicas me absorbieron de tal manera que me permitía olvidarme, aunque fuese durante unas horas al día, de mis problemas y de cómo me sentía. Se ha escrito mucho ya sobre el uso de la ficción para evadirse, así que no ahondaré en esto: la cuestión importante es que Yakuza se convirtió en un colchón en momentos duros.

Imposible no identificarnos a veces con los consejos vitales de Kiryu / ©SEGA

Por otro lado, algo que ya dejé caer anteriormente es que Yakuza aúna drama y comedia y hace que esa mezcla no desentone. Siempre he admirado la capacidad de hacer reír y llorar, pero aprecio aún más que se consigan ambas cosas dentro de la misma obra porque no me parece una tarea fácil. Y Yakuza lo consigue, vaya si lo consigue. Lo logra de forma tan efectiva que perfectamente puedes estar riéndote por alguna tontería y a la hora siguiente disfrutando de una escena larguísima con la que te dan ganas de ir a por palomitas por la cantidad de drama que se desarrolla.

Sobre si deberíais jugar a Yakuza o no: un rotundo sí. Creo que son juegos que siempre recomendaría a todo el mundo, pero, eso sí, con moderación; no hagáis como yo y juguéis a todos seguidos. Aunque nunca se sabe, quizás os cueste parar una vez empecéis, justo como me pasó a mí.
Del drama ochentero de Yakuza 0 al inicio de la historia en el remake Kiwami, que continúa en Kiwami 2, a una faceta diferente de Kiryu en Yakuza 3. La cuarta y quinta entregas introdujeron la posibilidad de jugar con diferentes protagonistas y Yakuza 6 supone el final de la saga de Kiryu. Yakuza: Like A Dragon nos propone un soft reboot en el que el protagonista pasa a ser Ichiban Kasuga, con un carácter muy diferente al héroe que veníamos conociendo hasta ahora.
La saga Yakuza es una historia y muchas historias hiladas al mismo tiempo, es una aventura épica a través del crimen japonés que muy raras veces dejará indiferente a nadie. Es un viaje largo, pero que merece muchísimo la pena disfrutar hasta el final (¡y que aún no ha acabado!), saboreando todo como cuando comemos nuestro plato favorito.

La inolvidable primera aparición de Majima en Yakuza 0 / ©SEGA

Antes de acabar este artículo, me gustaría hablar un poco de mi personaje favorito de la saga, Majima, porque creo que encarna especialmente bien el espíritu de la propia serie, esa mezcla de drama y humor bien amalgamada que tanto gusta. Esto quizás es más evidente en Yakuza 0, donde la seriedad de sus capítulos en la trama principal contrasta con lo divertidas que son muchas de sus misiones secundarias (siempre recordaré la de la secta como una de las mejores misiones de toda la saga), pero no se limita solo a esta entrega. Una cosa muy llamativa del desarrollo de Majima como personaje es que conforme pasa el tiempo va abandonando su faceta de perro loco (si algo tiene Majima es que es muy buen actor) y se vuelve un personaje mucho más serio. Hay tantos Majimas distintos que tenemos para elegir y los fans de la saga siempre discuten cuál es el mejor; para mí lo son todos, precisamente lo bueno de un personaje tan polifacético y complejo, que oculta todo su drama y su pasado trágico tras varias capas de fingida locura, es apreciar todos sus matices.

Majima… siendo Majima / ©SEGA

Podría comentar también algo sobre Yakuza: Like A Dragon y lo que significa para la saga y para los JRPG, pero prefiero dedicar un artículo propio a este juego para no extenderme demasiado, así que esperadlo con ganas en un futuro.

En resumen, la saga Yakuza ha significado muchísimo para mí, todos los juegos en mayor o menor medida me han gustado mucho y, sobre todo, me han hecho reflexionar sobre por qué me gustan los videojuegos. Porque con Yakuza he tenido la suerte de descubrir Kamurocho, Sotenbori, Yokohama y a todos sus personajes y sus historias. Porque los videojuegos al final están para disfrutar y con Yakuza he disfrutado como nunca porque han conseguido atraparme en su mundo y ayudarme en momentos en los que necesitaba distraerme más que nunca. Así que sí, por eso puedo decir que por eso me gustan los videojuegos gracias a sagas como esta.

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